El enigma de comprar un pollo

Creo haber señalado en alguna ocasión que toda esa milonga triste que nos traen bajo el cuento de la la globalización, el cambio climático acojonante, el nuevo orden mundial y la transición digital y ecológica no logra encubrir la realidad de que nos quieren conducir a un mundo en el que los países avanzados no produciremos nada o casi nada, mientras los chinos e indios se encargarán de repartir el pastel industrial entre el resto de sus futuras colonias de Asia, África y América del Sur y Central de todo aquello que precisa materias primas, deja residuos y necesita stocks y almacenajes Es decir, lo que pretenden es un nuevo paradigma llamado post-industrial en el que, supuestamente, los países ricos se dedicarán felizmente a producir innovación, programas de tecnología y desarrollos para el entretenimiento, además de proporcionar servicios de ocio y gestión. Y dos huevos duros.

Es por eso que los ‘popes’ de toda esa visión futurista, entre ellos ese majadero de Bill Gates (recuerden que siempre hubo gente inteligentísima para algo pero absolutamente inapropiada e inservible para otras y es el caso), ya no se cortan en anunciarnos que, dado que no produciremos nada y además no habrá trabajo para todos, la única salida para el sostenimiento de los Estados extractivos y netamente improductivos sólo puede ser cobrarle impuestos a los robots…, o sea, a los dueños de los robots, o lo que viene a ser lo mismo, a quienes diseñan y emplean los robots. De este modo, el Estado se habrá hecho dueño de todo y de todos porque los ingresos de la gran mayor parte de los ciudadanos provendrán exclusivamente del Estado y no habrá forma de escapar de ese nuevo esclavismo totalizador que nos absorberá como un agujero negro.

Tengo el convencimiento de que el problema de las fuentes de energía se resolverá algún día no lejano, tal vez con el hidrógeno o con cualquier otro hallazgo de la inteligencia humana, pero, mientras tanto, estamos atrapados en una trampa mortal que nos han tendido los mismos profetillas pichaflojas que aventuran el apocalipsis climático, cuya verdadera intención ha sido crear un problema donde no lo había, puesto que las centrales nucleares tenían resuelto el abastecimiento de la energía básica principal de manera segura, constante y barata, a la vez que se ha continuado avanzando a grandes pasos en soluciones para erradicar los desechos contaminantes.

La cuestión es que también escondieron y no dijeron que el desarrollo de ese nuevo paradigma, esa transformación hacia la sociedad post-industrial en Occidente, la tendríamos que pagar los ciudadanos y hacerlo a toda prisa, de ahí que nos roben cien mil millones cada año sólo en la UE para dedicarlos, dicen, al cambio climático: es decir, a la adaptación y transformación de nuestra industria hacia un nuevo modelo productivo donde no respetarán ni siquiera la producción agrícola y ganadera, pues de algo tendrán que comer otros muchos países del Tercer Mundo a los que no les alcance la derrama de los chinos y los indios, que bastante tienen con intentar sacar de la miseria a sus inmensas bolsas de población depauperada de manera ancestral hasta límites insoportables.

Y en mitad de todo este galimatías, el Gobierno de Pedro Sánchez, un don Nadie a quien ha pillado navegando en esta charca sin saber ni a dónde va, sólo acierta a repetir mantras inauditos y a promover chorradas y piropos gratuitos a las mujeres sin que nadie conozca qué narices tendrá que ver todo esto con la regala de derechos absurdos a colectivos minoritarios que reclaman que se utilice la expresión “agujero de delante” o “agujero de detrás” para no sentirse ofendidos. Verás tú las clases de obstetricia y ginecología en las Facultades de Medicina de los próximos años…

Ese sonso que es Trudeau ha ordenado en Canadá la quema de 5.000 libros, entre ellos los de Astérix y Tintín, y Sánchez, a su modo, se marca “un Trudeau” declarando que “aquí se ha vacunado a todo el mundo sin preguntarles a quién votaban”. Gracias, presidente, pero eso no es una explicación, sino toda una declaración de intenciones de lo que se nos avecina y nos tiene preparado en un próximo decreto.

Para colmo, ahora se descuelga recordando en el Senado que la electricidad no la pagamos todos los días, sino en plazos. Supongo que se refiere a que la factura final recogerá la media de los precios registrados en las últimas semanas… que no ha cesado de escalar y estamos ya muy cerca de alcanzar los 200 euros Mw/h y con Rajoy armaron la mundial porque llegó a 50 euros.

Pero no lo olviden, porque suben también el gas y la gasolina de manera insoportable, y todo ello significa que no sólo incrementan la factura y disminuyen los ingresos disponibles de los ciudadanos, sino que el resto de la cadena de la economía disparará los precios de sus productos hasta colapsar y colapsarnos a todos. No sé si lo han adivinado, pero se llama inflación y en Venezuela llevan ya carretillas de billetes inservibles para comprar un pollo… Carvajal.

He dicho.




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