El denominado enchufe siempre ha existido, existe y seguirá existiendo por los siglos de los siglos amén, sea cual sea el nombre de la formación  política que ostente el poder. Si no, que el partidillo o partidazo que esté libre de enchufes tire la primera piedra. Por eso, la contienda en la oandan metidos ahora populares y socialistas, acusándose mutuamente de que si el hermano o hermana del primo o prima del sobrino o sobrina de fulanito o menganita está ocupando por la cara un puestecito dentro de una consejería o en los ayuntamientos, me parece ya de un infantilismo político impropio para los tiempos que corren (¡siglo XXI, oigan siglo XXI!)

  Claro que, por otra parte, sí que es muy propio este estilo de los que todavía andan en pañales en el –dicen que noble-, ejercicio de la política. Pero ¿de verdad creen estos politiquillos de tercera división que al pueblo le interesa la suciedad del trapo con el que unos y otros se restriegan la boca? La reacción del que asiste a esta clase de espectáculos es justamente la contraria de la que espera el ya mencionado politiquillo de marras. Pues, ante esta guarrada política el ciudadano de a pie llega a la lamentable conclusión de que todos los políticos son iguales.


  Y en el saco meten injustamente, con la lógica de la calle, a quienes de verdad se ganan su voto con el sudor de la frente batiéndose el cobre para llevar a buen puerto las reivindicaciones o propuestas de los distintos colectivos que integran la sociedad. Por ello, da lástima, por no decir asco, la estéril disputa de estos torpes representantes de no se sabe qué o de quiénes y que no hacen sino debilitar la salud política de una ciudad o mismo de una Comunidad Autónoma cualquiera.