El embargo del Gobierno

Así pues, dicho en plata y en lenguaje sencillo… Del año y nueve meses que lleva en el Gobierno Pedro Sánchez, más de la mitad, 14 meses como poco, nos los hemos pasado viviendo fuera de la Constitución, sin matices y no referido a algún asunto tangencial y concreto, sino afectando a todos y cada uno de los órdenes de la vida cotidiana, con eliminación completa o afectación grave de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos y con encomienda a instancias inferiores y sin competencia de tomar decisiones que atentan contra la norma básica del Estado. Pues qué bien…

El Tribunal Constitucional ha dictado que también el segundo estado de alarma, que cerró el Parlamento y transfirió competencias imposibles a las comunidades autónomas, está tan fuera de sitio (en realidad, más) que el primero y que vivimos en una ilegalidad perpetua desde que Sánchez accedió a la Moncloa en compañía de los que él mismo decía que nos quitarían el sueño.

“Señol jues, pasi usté más alanti/y que entrin tos esos,/no le dé a usté ansia/no le dé a usté mieo…”, dice un desharrapado jornalero en el célebre poema “El embargo”, de Gabriel y Galán, escrito en castúo, cuando relata el lanzamiento de bienes que van a ejercer sobre sus magras y escuetas propiedades a poco de morirse la esposa. Llévense las herramientas con las que el pobre campesino se ganó malamente la vida y todo lo que quieran…, menos esa cama, les dice:

 

“¡Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
porque aquí lo jinco
delanti usté mesmo!
Lleváisoslo todu,
todu, menus eso,
que esas mantas tienin
suol de su cuerpo…
¡y me güelin, me güelin a ella
ca ves que las güelo!…”

 

Y procede advertirle de esto mismo a un Gobierno delirante y tramposo que ha venido a llevarse los dineros, la manera de taparnos el hambre, la confianza, las ilusiones, la esperanzadora forma de espantarnos las penas, la libertad de movimientos, los derechos de reunión, de educación, de pensamiento, de expresión, la presunción de inocencia y hasta la manera de morirnos en compañía de los nuestros.

Han venido a llevarse todo, “toíto”, y les hemos abierto la puerta para “que entrin “tós esos”, sin ansia, sin “mieo”, que “pasin más alanti” y se lleven lo que a su santo capricho se les antoje; que arrasen y arrastren nuestras más valiosas propiedades materiales y nuestra desesperanza…, pero cuidadito, señores, con tocar lo más sagrado, los derechos y libertades que disfrutamos desde la transición, cuando quedó aprobada la norma esencial que protege nuestra más ansiada propiedad: en realidad, la única, que es el derecho a disentir, a pensar, la libertad de expresarnos, de reunirnos y de compartir nuestras objeciones. Con un Parlamento insomne y abierto, no cerrado a cal y canto por conveniencia capciosa e intereses vergonzantes de un presidente de Gobierno que se siente un sultán capaz de conceder indultos ilegales y de arrebatar la conciencia a los médicos; un visir de los agendadores del año 2030 que puede lo mismo disparar el precio de la luz o de la gasolina a niveles estratosféricos que convertir a tus hijos en una fosa séptica de ignorancia e indisciplina; un dictadorzuelo bananero que puede llenar con palabrería oblicua y correrías fugaces para escapar de los abucheos, todos sus desmanes torticeros sobre coches eléctricos o sobre una invasión migratoria que revienta tradiciones y costumbres del pueblo soberano.

“Pasi usté más alanti, señol Sánches”, pero cuídese de tocarnos las narices en demasía, con sus ministras recibiendo piropos (?) y paseando orificios del tamaño de mesas camilla (sic) que engullen derechos constitucionales como un agujero negro. ¡Cuidaito, que los jinco delanti usté mesmo!

He dicho.




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