El día que Monedero volvió a matar a García Lorca

Parece que Juan Carlos Monedero se ha atascado en su deseo de compararse con Federico García Lorca. Como era de suponer, la comparativa resiste mal, no ya por el talento literario indemostrado del podemita, cuanto (aún peor) por el surrealismo de pretender equipararse en los sucesos que condujeron al vil asesinato del poeta granadino.

Casi llegué a pensar que Monedero es, o actúa, como un zombi, sobre todo cuando hace unos días declamó, con su pomposa impostura habitual, aquello de que “en el 36 nos fusilaron”… Y ahí estaba él, tomando tapas y pegando manotazos en La Peña La Parra de Bigote, en Sanlúcar de Barrameda y sin mascarilla, aunque, al parecer, hablaba desde la ultratumba. No sé, habrá resucitado.

Lo cierto, digo, es que la comparativa resiste mal, porque si al menos conociera algo de la personalidad y las amistades que frecuentaba el poeta granadino, igual a Monedero le daba un síncope y había que ingresarlo en urgencias…

El historiador y profesor Alfonso Lazo, 19 años ininterrumpidos como número dos en las listas al Congreso por el PSOE de Sevilla, con Alfonso Guerra siempre como cabeza de cartel, cuenta en su último libro (“Historias falangistas del sur de España”. Edit. Renacimiento) que “durante los años de la II República, José Antonio Primo de Rivera había gustado de rodearse de intelectuales, artistas y poetas” y que se movía muy a gusto entre las vanguardias artísticas y literarias, cosa muy propia también del fascismo italiano cuyas proclamas solían encabezar futuristas como Marinetti.

Siendo así, no resulta extraño, como relata Lazo, “el horror que se apoderó de muchos intelectuales falangistas cuando conocieron el asesinato de García Lorca”, lo cual quedó plasmado en diversos artículos, pero, en especial, en uno publicado en el periódico falangista Antorcha remitido desde los servicios centrales de propaganda en Salamanca: “Si José Antonio hubiese conocido el crimen, habría sentido el mismo horror”, escribe Lazo, aunque en esas fechas el dirigente falangista ya había sido fusilado y no sabemos si a Lorca le conmocionó de igual modo el fusilamiento del político.

“José Antonio y sus primeros camaradas -explica Lazo- fueron en el campo de la literatura y el arte cualquier cosa menos conservadores” y a continuación relata que Ernesto Giménez Caballero, uno de los mejores escritores vanguardistas españoles de los años 20, tenía a mucha honra haber sido el primer militante fascista del país.

Este Giménez Caballero, amigo personal de García Lorca, fue el fundador de la revista Gaceta Literaria en 1927, en cuyas páginas colaboraban escritores y artistas de todas las tendencias, a la vez que invitaba a su casa a personas ideológicamente tan distintas y distantes como Menéndez Pidal, Pío Baroja, Américo Castro, Pedro Salinas, Marichalar, García Gómez, Alberti o Bergamín, junto a Ramiro Ledesma, José María de Areilza, Serrano Suñer, Dionisio Ridruejo o Eugenio D’Ors.

“También fue García Lorca -sigue el relato de Lazo- amigo y contertulio en Madrid de los jóvenes poetas falangistas Samuel Ros, Javier de Echarri y el mismo Ridruejo”. Éste último había conocido a Lorca cuando arribó a Segovia con su teatro ambulante La Barraca, “y eso explica -dice Lazo- que cuando Ridruejo, nombrado por el gobierno de Franco director general de Propaganda, se topó en su despacho oficial con el presunto asesino del poeta granadino, lo expulsase de allí poco menos que a patadas acusándole directamente del crimen”.

Entre otras muchas amistades de Lorca en las filas de Falange, Lazo cita en su libro al sevillano José Caballero, fundador en zona nacional de una réplica del teatro ambulante La Barraca que se llamó la Tarumba, con idéntico interés por acercar los autores clásicos al pueblo, así como al arquitecto Manuel Aizpurúa, al pintor Alfonso Ponce de León o al escritor Emilio Aladrén.

Pero no era sólo Lorca… En otro pasaje de su libro, el profesor Lazo relata la siguiente escena: “Un día cenando con Pablo Picasso en San Sebastián [José Antonio] le comentó al artista universal que cuando la Falange llegase al poder sus obras tendrían una guardia de honor de camisas azules”. El pintor universal no se afilió al comunismo hasta una vez terminada la II Guerra Mundial.

Durante los años de la República, narra Alfonso Lazo, los escritores falangistas se reunían en la tertulia de la Ballena Alegre, muchos de cuyos nombres era fácil encontrarlos en la revista Cruz y Raya que dirigía el intelectual de izquierdas José Bergamín.

Al fin y al cabo, cuenta Lazo, muchos de los intelectuales que militaron en el fascismo español, junto a nombres como Edgar Neville, Victor Gómez de la Serna, Álvaro Cunqueiro, Rafael García Serrano o Gonzalo Torrente Ballester, procedían de la izquierda, como el historiador José Antonio Maravall, el poeta Leopoldo Panero o el ensayista de la política Francisco Javier Conde.

Alfonso Lazo también hace mención de las famosas reuniones y tertulias que se celebraban con asiduidad en la Hacienda La Capitana, propiedad de Juan Belmonte, y en el Cortijo de Pino Montano, cuyo propietario era el torero Ignacio Sánchez Mejías, (celebérrimo el “Llanto” que Lorca le dedicó a su muerte), impulsor de la llamada Generación del 27 desde la capital andaluza.

A dichas reuniones asistían por igual renombrados falangistas, como Mercedes Formica, Eduardo Llosent (marido de la anterior), Romero Murube, Díaz Crespo, Manuel Halcón o Adriano del Valle, así como, ocasionalmente, Alberti y el mismo Federico.

“Por eso no resulta nada extraño -apunta Lazo- que al lado de otros escritores falangistas de la Ciudad del Betis, Eduardo llosent o Joaquín Romero Murube, y con el visto bueno de los fundadores del fascio andaluz, Sancho Dávila y Julián Pemartín, intentase salvar a Miguel Hernández sacándolo de España por Gibraltar, al igual que en Granada los hermanos Rosales, todos ellos militantes activos de Falange, habían intentado salvar la vida de García Lorca sin conseguirlo“.

Y no fueron, al parecer, los dos únicos casos, pues, según Lazo, en Sevilla protegieron también a Jorge Guillén, catedrático de Literatura por aquellos años en la Universidad hispalense, el cual participó, sentado junto al general Queipo de Llano, en la recepción de bienvenida al Gran Visir de Marruecos, como contrapartida a la protección que le fue brindada en todo momento a pesar de sus ideas políticas.

También el escritor y periodista Antonio Burgos, en su muy célebre “Andalucía, ¿Tercer Mundo?”, de 1971, a punto de cumplirse 50 años de su primera edición, apuntaba con cierto sarcasmo sobre Lorca que “si no hubiera sido por su muerte a tiempo, el asesinato en plena guerra civil, por la recitación catacumbaria del “Romance a la Guardia Civil” y por las tesis doctorales de los extranjeros, García Lorca quien sabe si ahora (como otros autores de su generación) sería un catedrático jubilado de Instituto, gran cruz de todas las condecoraciones oficiales habidas y por haber”.

“La opinión pública de hoy -explica Lazo- tiende a colocar a Federico García Lorca entre las filas del progresismo político republicano. Es cierto que después del triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, Lorca, a través de su amigo Rafael Alberti, era acosado de continuo por el Partido Comunista para que apareciese en sus ceremonias públicas y así, por ejemplo, el 30 de junio los comunistas hicieron saber que Federico había asistido a un acto multitudinario en honor de Máximo Gorki, presidiendo la mesa sentado junto a La Pasionaria; en realidad -termina Lazo- el poeta no puso los pies en aquel mitin. El carácter de Lorca era todo lo contrario al de un militante izquierdista“, concluye.

Definitivamente, o Monedero es un zombi al que su jefe de filas también le ha robado y borrado la tarjeta de memoria, como a Dina Bousselham, o es un ignorante, o es un inagotable manipulador, de lo cual ha dado sobradas muestras y las seguirá dando. Toda la imaginación de Monedero se agota en su propia resurrección inexistente.


6 Comments

  1. José María Ramírez Asencio dice:

    Magnifico artículo, Lazo es un oasis de sentido común y fidelidad a la verdad entre tantas falsedades que nos quiere hacer tragar esta izquierda revanchista y sectaria.

  2. Maria Belen dice:

    Excelente artículo. Me reconcilia con la esperanza de que en, este pais, hay vida inteligente.

  3. José Mª Arenzana dice:

    Gracias por sus palabras y por seguirnos en SevillaInfo.

  4. José María Monzon Ristori dice:

    He tenido la fortuna de oír conferencias de Algonso Lazo y de hablar con el en varias ocasiones y puedo afirmar que es un modelo de veracidad y rigor intelectual.

  5. Porque a Lorca no lo mataron por una simple pelea entre familias sino porque era republicano, como otros muchos miles que también cayeron por la misma razón, y no tiene tumba como tampoco la tienen tantos otros que descansan o se revuelven en las cunetas de tantos caminos.

  6. José Mª Arenzana dice:

    Perdone, caballero, pero la sección de Religiones es en otro lugar. Gracias.

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