Las consecuencias de la rabieta montada por los independentistas catalanes están comenzando a coger un color negruzco, la actividad empresarial tiende a seguir su cauce y en una empresa lo que menos quieren es escuchar tonterías y tener instalada una inestabilidad innecesaria. Por ello, ya son muchos transatlánticos de los negocios los que están abandonando su sede social de Cataluña para moverse a las aguas tranquilas de la todavía unificada España.

Y es, cuanto menos curioso algunas de las cifras que he podido escuchar de la boca de Ana del Valle, la directora de registradores mercantiles de España, la cual ha dicho una serie de datos que a más de un catalán le ha hecho levantarse del asiento para protestar, ahora sí, con motivos de peso sobre la fuga de empresas que se está dando en el noreste del Ebro.

Desde el día dos de octubre unas 690 empresas han abandonado su sede social en Cataluña en búsqueda de aires de normalidad en otros puntos de España, buscando protección jurídica y sobretodo estar en una zona donde se respete la ley. El día negro como dice la propia Ana, fue el 9 de octubre cuando un total de 212 empresas se fueron por la puerta de atrás, como aquel que se va de su casa con lo justo, cuando su casa es un tormento. El día 10 de octubre, otras 175 compañías dijeron bye bye a la Generalidad. En prácticamente nueve días, se han trasladado las mismas empresas de la región catalana al resto de España lo que en todo un año, dejando así un panorama desolador en el circo que montado Puigdemont and Company.


Estos números son un ejemplo más del panorama tan terrorífico que han conseguido los intelectuales y sociólogos que han hecho este intento de golpe de estado por lo civil. Pero claro, a estos personajes de la CUP con pelo rasta y olor a sobaco, me parece a mí que en pocas empresas de las que se han largado los vería trabajando, si es que alguna vez han doblado el lomo…

Las consecuencias seguirán yendo a más, el tiempo seguirá pasando y el aparato del gobierno deberá actuar tarde o temprano. Demasiadas oportunidades ha tenido ya la generalidad de que este embrollo acabe por las buenas, y poca paciencia imagino que quedará por parte del gobierno de Rajoy para comenzar a actuar de manera firme y persecutoria.

El día negro se comió a gran parte del tejido empresarial de Cataluña, fue el día en el que una mandad de empresarios decidieron darle un puntapié a la feria que estaban montando las lúcidas mentes de Puigdemont o Junqueras, ese día estas empresas se hartaron de despropósitos que han llevado a la tiranía, hipocresía e ilegalidad esos “valors” que han ejemplificado la utopía del independentismo.