El derbi de la Calvo y Cayetana

Un café con Carmen Calvo y con dos horas por delante es la Guerra de los Cien Años y el asedio de Massada. Semejante sacrificio no es exigible a los 300 de Esparta, ni a Santa Úrsula y las once mil vírgenes de Atila, imagínense.

Sólo alguien con la aerodinámica ligera y rubia de Cayetana y el patriotómetro en perfecto estado de revista podría estar dispuesto a someterse a tamaño suplicio, a semejante turbulencia inmisericorde, por salvar a España.

El paternal Abraham pondría a prueba su abnegada entrega y capacidad para la renuncia y el Santo Job su legendaria paciencia si fuesen interpelados con una propuesta similar de la atolondrada vicepresidenta que legisla para todos los planetas.

No quiero ni pensarlo, porque los españoles, de tal guisa, contraeríamos una deuda astronómica con CAT que ascendería varias veces nuestro PIB. Necesitaríamos la Reserva Federal, los bonos chinos y todos los tesoros del Rey Salomón para saldarla y aún nos quedarían los intereses. Es impagable.

Dos horas con la Calvo, nada menos, ya les digo, con la leve lámina circular, espumosa y familiar de la taza de un café humeante, es un viaje cuántico al fin del mundo, el tiempo entero del Universo en 120 minutos, un regreso del planeta de los simios, un agujero negro que te engulle y te zambulle y del que sólo sales como si Ulises regresara a Ítaca y encontrara a Penélope en la tumba y a Telémaco, su hijo, metido a pensionista. Un milagro, una auténtica resurrección si vuelves.

Para mí que la propuesta es de Pablo Casado, para que Cayetana expíe sus pecados, como el tebano Hércules expió los suyos con los doce trabajos del rey Euristeo: arrancarle la piel al león de Nemea, matar a la hidra de Lerna, capturar al jabalí de Erimanto, limpiar los establos de Augias, vencer al toro de Creta, llevarle los toros rojos de Gerión, recaudar las manzanas del Jardín de las Hespérides, atrapar al perro Cerbero y… tomarse un café de dos horas por delante con Carmen Calvo. Titánica y arriesgada tarea, no hay duda, para salir indemne y hacerte un heroico semidios.

Edmundo Bal, con ese mentón y barbita de prototipo hercúleo, ha venido a complicarlo todo un poco más al pastelear con Illa y sus expertos en medio metro la distancia de seguridad.

A menos de dos metros con Carmen Calvo te expones al contagio masivo de su enfermedad, que no es sólo la covid19, sino la demagogia inenarrable, salpicada de la soberbia y de los trompicones exponenciales de la vicepresidenta mientras dialoga en bragas con los alcaldes de la cuerda.

Aclárese primero si el encuentro sería con o sin mascarilla, con o sin bolso de Louis Vuitton, con o sin cartera de Prada, con o sin cinturón de Hermés, con o sin reloj de Cartier, con o sin sandalias de Manolo Blahnik… y luego ya veremos.

Y vigílese también que la vicepresidenta no se haga acompañar, a modo de encerrona, por las vestales filantrópicas de la misma causa, porque rodeada de Yolanda Díaz, más la Marisú e Irene Montero, o sea, tía, la CAT entraría en riesgo de quedar como gandinga en un gancho de carnicero. No hay UCI para tanto, nos la dejan para el arrastre.

Cayetana, que es inteligente, además de lista y muy capaz, valiente legionaria de lo suyo, audaz como un tambor del Tercio, le ha aceptado el reto a la de “el dinero público no es de nadie”, pero con una sola condición: con cámaras por delante y televisado, en riguroso directo…

Eso no es un derbi, un Sevilla-Betis o un Real Madrid-Atleti, sino un Liverpool-Badajoz, con la contraparte en la zona más oscura de la tabla y el balón pinchado.

Sospecho que la Calvo volverá a encerrarse en el baño a escuchar canciones de Antonio Vega mientras despacha en bragas con sus alcaldes y lo somete a consulta.

PS: Y C’s…, con la nana a cuestas.

He dicho.




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