El cohete chino del sanchismo caerá sobre nosotros

Por si no se han percatado todavía, la victoria de Díaz Ayuso no es el fin de nada y ya veremos si es el comienzo de algo o sólo un alivio de esperanza y poco más.

Nos satisface, y mucho, que toda esa bazofia izquierdista q a diario escupe su sectarismo y su irracionalidad se haya dejado los piños en el salto y qué duda cabe que deseábamos como agua de mayo verles las caras y los discursos desangelados tras una derrota electoral como la que han sufrido por cuanto significa de decirles a la cara que ya demasiada gente, cada vez más gente, no comulgamos con su reconcentrada visión torcida de las cosas ni les rendimos pleitesía a sus caudillos de pandereta por el mero hecho de ser de izquierdas.

Pero créanme que esta gente no nota todavía el aliento helado en la nuca de los millones de parados y de los muertos generados por su pésima gestión ni por el dislate continuo de desviar los fondos públicos a financiar sus banderías inconsistentes del feminismo, el ‘ecoloquismo’, la agenda 2030 y el cambio climático y todas esas florituras ideológicas con las que se adornan para tapar con insultos su nefasto olvido de los problemas reales de la sociedad.

Ni una sola de las leyes aprobadas en año y medio por este gobierno respondió a necesidad ninguna y sólo pretendían, como dijo ayer Leguina, provocar enfrentamiento con la mitad de la sociedad o más y a la mayoría de la otra mitad le importaban un rábano antes de que sus dirigentes les incordiasen con sus argumentos forzados.

Para colmo, mienten como bellacos en cada paso y se contradicen con esmero en todo lo que hacen y pronuncian, mientras los costurones del paro están a punto de romperse y se verá la catástrofe en toda su verdadera dimensión cuando comience la penuria que algunos anunciamos desde el primer decreto de estado de alarma porque no iba acompañado de las medidas necesarias de protección y salvaguarda de la población y de la economía en general.

Cerraron todo por tres meses de tal modo que la consecuencia previsible era el hundimiento escalonado en una sima tan profunda que sólo sería reversible en una década o más.

Pudieron entonces haber llamado a un gobierno de concentración nacional que hubiera permitido tomar medidas conjuntas mejoradas para proteger a los ciudadanos, pero prefirieron hacer ‘politiqueos’ de coyuntura para ahondar aún más las diferencias existentes y reforzarse en su trinchera y en su agenda ideologizada, que abarca desde la continua entrada de ilegales a la aprobación de una ley de eutanasia que le importaba tres narices a nadie, o la ley de memoria democrática cuyo único objetivo es destruir los pegamentos sociales que estabilizan a un país.

Prefirieron pactar con los filoterroristas y los golpistas catalanes aumentando así el aire de confrontación absurda y delirante y se han terminado despeñando en el abismo de sacar a relucir no sólo el fascismo sino incluso los campos de concentración nazi. Están muy mal de la cabeza y tan fuera de control en sus majaderías que este gobierno se parece demasiado al cohete chino, del que nadie sabe si sus restos caerán en el desierto de Gobi o sobre el tejado de la parroquia de Churriana.

Pero lo que digo es que aquí no ha terminado nada con la victoria de Díaz Ayuso (amortizada desde que fracasó la moción de censura propiciada por los naranjitos de Arrimadas) y la derrota histórica del PSOE a manos del comunismo, que es lo verdaderamente peligroso.

Los grandes medios de comunicación y ese nido de piratas que los ocupan llamándose a sí mismos periodistas y no propagandistas, que conceden altavoz a tipos tan ínfimos y deplorables como Monedero y en cuyas filas se integrará muy pronto el multimillonario Iglesias, siguen en el combate sin apercibirse de que cada vez resultan más insoportables para la población, tapándose entre ellos y ocultando una red clientelar en el entorno que está generando incrementos de patrimonio obscenos a costa del erario público.

No se dan por enterados y continúan oteando fascistas hasta debajo de las piedras, como si viviéramos cerca de Dachau o de Treblinka, y no lanzados a toda velocidad hacia la miseria o hacia el tiempo de las checas.

Cuando todo esto algún día termine, no cesará la lluvia de fuego sino que se agravará, porque estos mismos que ahora sobreactúan desde el gobierno se ejercitarán desde la oposición a la manera de incendiarios sin pudor alguno.

Si con la que han liado son capaces de unirse a la manifestación sindical reclamando trabajo digno a un gobierno del que forman parte, imagínense lo que harán cuando de verdad sean enviados a la oposición y no tengan cómo seguir saqueando el presupuesto.

Esto no se ha terminado y ni siquiera sabemos si de verdad ha comenzado, aunque en algún momento este país puede hacer crack y hundirse como el Titanic en dos pedazos.

He dicho.




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