El camino sin retorno de Sánchez… y una banda

Creo que ha llegado el momento de proponer una colecta que sirva para que el nuevo samurai de Galapagar, el kung-fu de las consolas que se enfrentaba a “gente de una clase más baja que la nuestra”, el marqués del FRAP, el barón benefactor de marroquinas, el cobrador del frac de Irán y Venezuela, el heredero de un imperio de pisos y ‘chaleres’ donde no se pone nunca el sol, el acosador acosado que susurraba a los caballos y aspirante azotador de virgos complacientes hasta que sangren, el ilimitado beneficiario de salarios, insigne emblema de la casta más castiza, impostor de sus propias imposturas y duque consorte del femicinismo más abyecto, tenga la oportunidad de viajar a pie de calle por esta tierra llamada España y alcance a comprender los acentos de Murcia, Granada, Córdoba, Badajoz u Oviedo.

Protesta el ocurrente insensato, devorador pertinaz de series nocturnas televisadas, por la pronunciación del diputado Teodoro García Egea, al que no le entiende bien, dice, cuando le plantea una pregunta oral en la sesión de control al Gobierno en el Congreso, la cual lleva presentada por escrito en su despacho desde hace muchas semanas. ¿Cabe más embuste e impostura adocenados en semejante personaje?

El susodicho no entiende lo que no le da la gana y en su ridiculez trata de mofarse del acento de García Egea, pero calla como un gorrino colgado de un gancho cuando interviene un bilduetarra en esa lengua imposible, más que muerta resucitada a martillazos para comprensión escasa de toponimias, arroyos y pedos del ganado, o cuando un tipo de la orilla izquierda del Ebro prorrumpe en un castellano endogámico y poco viajado que aprieta los labios hasta para devorar una sopa de pescado.

En fin, ya digo, la impostura estomagante de un aprendiz de satrapilla que pretende lucir como un Maquiavelo leninista, con moño de Sun-Tzu y zarcillos zulúes, en un chill-out. Es difícil imaginar tanto postureo si no tuviera a su lado a ese Pedro Sánchez, el personaje más falsario, embustero y de más largo alcance que un misil norcoreano, al que la Historia de España sólo recordará como un felón, si es que algún día, por alguno de sus abrumadores destrozos, logra superar la barrera que le separa de la absoluta insignificancia de su palmarés.

A los grandes empresarios de España, como a los propios bancos y a los medios de comunicación, les ha asaltado de repente la incertidumbre, pues acuciados por las infames circunstancias provocadas por la inoperancia del gobierno, prefieren olvidar los riesgos que conlleva abstenerse en este ruinoso paisaje del sanchicomunismo que amenaza con la hecatombe final.

Si no puedes con tu enemigo, únete a él, parecen haber interpretado los del Ibex 35 y han preferido pasar del silencio al aplauso sólo por intentar preservar sus últimos recursos y salvar las migajas del destrozo que, de todos modos, aún será peor si les dejan fuera de la lluvia de millones prevista por Europa.

La mentira se enseñorea en todo lo que toca Sánchez y, anteayer en el Senado, el gran farsante condicionó la llegada de las ayudas europeas a que se aprobasen sus nuevos Presupuestos Generales del Estado.

Casi que no había terminado la sesión de control parlamentaria cuando desde Bruselas le desmienten de plano y sentencian que las ayudas llegarán aunque el gobierno no tenga aprobado un nuevo presupuesto.

La retahíla de embustes de Sánchez en apenas dos años es kilométrica y atraviesa la estepa siberiana hasta Vladivostok. Cien veces negó y renegó del separatismo, del comunismo, de lo bolivariano, de los que ponen en solfa la unidad de España, de los peligrosos aventureros, de la demagogia… y no pierde la ocasión de ejercer de capataz y portavoz de todos ellos a cambio de mantenerse en el poder.

Pero el oprobio y la desvergüenza superó su propia marca el otro día. cuando lamentó profundamente la muerte de Igor González Sola, “un miembro “de la banda ETA”, dijo, beneficiario (esto no lo dijo) de la infamante política penitenciaria de Marlaskón el abrumado y que secuestró y ejecutó a sangre fría a Miguel Ángel Blanco, aquel concejal que con su muerte nos hizo salir a todos a la calle, menos a las serpientes, con las manos blancas y así atestamos los telediarios y la memoria colectiva.

Pero cabe recordarle al felón de la Moncloa que la ETA no es una banda, a secas. Una banda, por ejemplo, es la de mi pueblo, que acompaña al Patrón o a la Patrona en cada fiesta señalada cuando los sacan en procesión. La puta ETA no es eso, sino una banda con apellidos: o sea, una banda de asesinos, de terroristas o de mafiosos, a elegir, pero no una banda, sin más. Creo, sinceramente, lo sepa o no, que con la obscenidad e inmoralidad de su insulto, Sánchez ha emprendido el camino definitivo sin retorno y hacia ninguna parte, un viaje del que ya no se regresa jamás.

“Una banda”, así, sin apellido, es como calificó Albert Rivera a esta tropa de secuaces que conforma este gobierno. Pero a la vista de la indigna maleabilidad del presidente, espero que Inés Arrimadas, ya ninguneada hasta su absoluta ridiculización, haya aprendido que el escenario que dibuja Sánchez excluye por completo la posibilidad que ella llamó patriótica de pastelear algo con semejante bribonzuelo de almanaque. Y si lo que pretendió Arrimadas es prestar algún servicio a España, lo mejor que podría hacer es sentar las bases para un acuerdo con el resto de partidos que se opongan al chamarileo de este atroz narcisista que derrumbaría sin disgusto alguno el menor atisbo de democracia y encerraría la Constitución en las mazmorras de una checa del pasado con tal de permitirse seguir alimentando la red clientelar que le repone el queroseno al Falcon.

He dicho.




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