El caballo de Troya del fasciocomunismo

La izquierda no cesa en su conflicto permanente con el concepto de la propiedad privada y sigue sometiendo a tensiones absurdas los términos más comunes y elementales que entienden hasta los niños desde su más tierna infancia.

A los críos, por lo general, hay que educarlos y acostumbrarlos a que cedan y abandonen la práctica extrema de “lo mío” y de “lo tuyo” para que aprendan (¿o es que se adoctrinen?) en la búsqueda de espacios comunes de relación y de intercambio. Lo que quiero decir con esto es que la pulsión biológica primaria ya trae de serie el concepto de la propiedad privada y sólo a base de entrenamiento y de unas normas, que en muchos casos terminan por hacerse leyes, se logra derivar la pelea hacia otra cosa.

Pero una cosa es aceptar ese espacio cedido mediante una regulación que ha tardado siglos en fructificar y en adaptarse a cada tiempo y otra muy distinta cuestionar una y otra vez desde el inicio que el agua es un líquido o que si te tiras desde lo alto de un abeto te puedes romper los huesos.

Claro que si cuestionan hasta el sexo biológico, por qué no habrían de hacerlo con cualquier otra cosa que se les ocurra. La reformulación eterna del fuego, de la rueda o de la ley de gravedad termina por engendrar locos de amarrar a un poste por mucho que traten de adornar sus postulados con la palabrería hueca e impostada de los demagogos y los tramposos.

El comunismo y sus hijos y hermanos menores de los distintos socialismos revisitan una y otra vez, de manera incansable, lo que plantean como un dilema que no es tal. La propiedad privada forma parte del comportamiento natural y es a partir de ahí que se construyeron en el tiempo muchos artificios que permitieran llega a un contrato social sofisticado para una organización compleja y que atenúe los conflictos.

Aceptar toda esa arquitectura es cosa admitida pero no se puede poner en solfa de manera tan extenuante e improductiva el principio mismo de la propiedad privada, cosa que sucede cuando la ministra Celáa se despeña de manera impropia y saca de contexto que “los hijos no son de sus padres”, al mismo tiempo que sus socios de gobierno más espantables sugieren que los hijos debieran ser criados por la tribu.

Para mí que esta infantilización de la hermenéutica jurídica proviene de la ideologización extrema de una izquierda revisionista que no acepta el error gigante de sus tesis más fracasadas y trata con cada generación de que renazcan de las cenizas que causaron a lo largo de casi 80 años de comunismo feroz.

Habrá de llegar el día en que no sólo se arrumben para siempre ciertas utopías infames que no son indoloras, sino causantes directas de la inmensa mayor parte de las peores aberraciones de la Historia. Más allá de que cuando desean privarnos de la propiedad privada es sólo porque se la quieren adjudicar ellos en nombre del conjunto.

El día 23 de agosto, por ejemplo, está declarado desde 2019 como “Día Europeo de Conmemoración de las Víctimas del Estalinismo y el Nazismo” y, aunque en los considerandos y en todos los documentos oficiales y conclusiones de aquella declaración se habla indistintamente de comunismo o de estalinismo como conceptos iguales, así como de nazismo y fascismo, lo cierto es que la intención del socialismo era acotarla lo más posible y liberar el término “comunismo” de dicha condena… para por si acaso, que diría un castizo.

El PSOE se opuso a dicha declaración, que equiparaba sin distinciones ambas manifestaciones ideológicas y que no permitía atomizar las responsabilidades ni jugar de la manera tramposa a la que acostumbran. Por eso a mí me gusta emplear un término que creo perfectamente compatible como es el de “fasciocomunismo”.

Y eso que el nazismo ni está ni se le espera y murió con el propio Hitler y apenas no dejó ni residuos, porque durante otros 75 años ha sido justamente deplorado, execrado y ridiculizado hasta el hartazgo, mientras que el comunismo continúa regurgitando cada cierto tiempo todo su espantoso mal sin que nadie haya adoptado las medidas ni otorgado las abominables medallas que le corresponden, concediéndoles de este modo el cobijo, la oportunidad y el privilegio absolutamente inadecuados en nuestras democracias, verdaderas enemigas, como es bien sabido, de la feroz vomitera asesina que arrastran dichas ideologías estatalistas.

La deriva ha llegado a tal extremo que todavía hoy se declaran comunistas sin atisbo de vergüenza y pretenden una legitimidad de la que carecen por completo cuando debiera resultar a todas luces un término insultante y despreciable al mismo nivel de quien escupe su calificación de nazi o de fascista, ambas tan amigas del comunismo que deseaban perpetuar su lucha eterna contra sus únicos enemigos, la libertad y la democracia.

En España okupan el Gobierno y otro día me okuparé de los okupas, otro “caballo de Troya” de las izquierdas contra la propiedad privada. No cesan nunca.

He dicho.




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