“El bosque”: una reflexión vital

 

La película dirigida por Shyamalan en 2004 generó una fuerte decepción entre los espectadores que la esperaban con suma expectación creyendo que se trataba de una película de terror, pero realmente no era una película de miedo sino una película sobre el miedo, lo que dio lugar a que fuese injustamente infravalorada por parte de amplias capas, siendo pocos lo que comprendieron el mensaje de fondo que llevaba aparejado. 

La película constituye una mezcla de géneros, combinando elementos de drama, terror e intriga, destacando por una sobresaliente banda sonora que es perfectamente acorde con las escenas, con una atmósfera y una puesta en escena extraordinaria ambientada en una comunidad con un estilo de vida tradicional característico del siglo XIX que guarda enormes semejanzas con los amish. 

Puede parecer que la película está ambientada en dicha época porque el director cuida todos los elementos formales para hacerlo creerlo al espectador, algo que se hace visible en el principio de la película, cuando entierran a un niño de siete años y en la lápida figura 1897 como año de defunción, y los hechos que dan vida a la trama giran en torno a unas criaturas que habitan dentro del bosque aledaño a la aldea en la que habitan, llegando a un pacto con ellos que les ha asegurado años de paz, ya que los aldeanos no traspasan los límites del bosque y las criaturas quedan recluidas en el mismo

La muerte del niño hace que el protagonista (interpretado por Joaquin Phoenix) plantee atravesar el bosque para conseguir medicinas (de las que carecen) y evitar pérdidas como las del principio de la película, sosteniendo que las criaturas sólo atacan cuando se ven amenazadas, de modo que notan si las intenciones de la persona que atraviesan el bosque son buenas, algo que llega a hacer, lo que da lugar a que esa paz tácita se vea amenazada, con ganado mutilado dentro de los límites de la aldea y las casas marcadas con sangre a modo de advertencia, lo que genera una situación de tensión y psicosis colectiva. 

La película ilustra la historia de amor entre el protagonista y una atractiva chica invidente de corazón puro, de quien a su vez estaba enamorado el loco de la aldea, por lo que comete un crimen pasional apuñalando al protagonista, por lo que el médico determina que morirá de manera irremisible a causa de la infección de las heridas a menos que se consigan las medicinas que están al otro lado del bosque, y para dicho propósito le es revelado a la chica (genialmente interpretada por Bryce Dallas Howard, que debuta como protagonista en este filme) el mayor secreto que alberga la aldea. 

Las criaturas no han sido más que una invención de unos cuantos habitantes para mantenerlos a todos dentro de la aldea y salvaguardar el orden social apelando al miedo, ya que todos sufrieron desgracias en la ciudad al perder a un ser querido, tratando de aislarse de la urbe, que asocian al individualismo, el egoísmo y el crimen derivado del progreso tecnológico, inherentemente unido a la corrupción que lleva aparejada el dinero, por lo que deciden articular un estilo de vida alternativo con una educación, sanidad y una organización política representada por un consejo que integran los mayores del pueblo, refugiándose en el siglo XIX, una época que idealizan al propugnar valores conservadores como la solidaridad y el comunitarismo, así como un profundo sentido religioso. 

La aldea es una utopía en la que viven sin problemas al estar al margen del mundo, algo que no es en absoluto descabellado en la práctica, ya que las principales comunidades amish viven en Ohio y Pensilvania (desarrollándose la película en esta última). Constituye una mentira piadosa encuadrada dentro de una actitud paternalista, aunque a la vez sectaria que conecta con el eterno debate entre libertad y seguridad y que el director pudo desarrollar en el contexto político del 11-S, cuando a raíz de los atentados se limitaron libertades en virtud del Acta Patriótica. 

El tema fundamental sobre el que versa la película es el miedo como enemigo más poderoso de la razón e instrumento de control de las sociedades en base a lo que consideran un bien mayor: mantener un estilo de vida que les evita el sufrimiento, pero por el que han tenido que pagar un precio al carecer de medicinas y comodidades tecnológicas que hoy parecen imprescindibles.

Tras el crimen producido en lo que creyeron que era un paraíso terrenal se dan cuenta de que el sufrimiento no se da sólo en la ciudad sino incluso en una pequeña comunidad porque el mal es algo inherente al hombre, que está en su interior pero luego es libre de elegirlo, lo que entronca con el célebre aforismo de Hobbes “homo homini lupus” (el hombre es un lobo para el hombre), y del mismo modo que se da un debate entre libertad y seguridad, también se da entre el miedo y el amor, venciendo este último en las peores situaciones, ya que es posiblemente el mayor impulso del ser humano, del mismo modo que el engaño orquestado recuerda de manera inevitable al “mito de la caverna” de Platón, con esa clara distinción entre el mundo real y el aparente, como es realmente y como les han hecho creer que es por medio de la manipulación. 

Incluso los elementos formales guardan un enorme simbolismo, pues se potencian creencias supersticiosas con el color prohibido y el color seguro, que son el rojo y el amarillo respectivamente, y no es casual que el rojo sea el color que atrae a dichas criaturas (llevando túnicas de dicho color), ya que es el color de la sangre y la violencia, justo aquello de lo que huían cuando abandonaron la ciudad, del mismo modo que aunque pueda resultar inverosímil que la enviada al otro lado del bosque para traer las medicinas sea la chica ciega, no es en absoluto casual, ya que al no poder ver , no podrá ofrecer un retrato de la ciudad y todos se mantendrán recluidos, sin tentación de marcharse. 

Están dispuestos a hacer sacrificios (por duros e inhumanos que parezcan) para preservar ese hábitat pacífico como dejar morir a un niño de siete años porque prevalece el miedo (no a las criaturas) sino al pasado, al futuro y a la soledad, pero pronto se darán cuenta de que el sufrimiento forma parte de la vida y no hay placer sin dolor, del mismo modo que no hay bien sin mal, una conclusión propia de una obra maestra como la que es objeto de análisis




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