El Ayuntamiento de Sevilla y sus obras. Fernando de Contreras

¿Qué tal, amigos lectores? Hoy os quiero hablar de un personaje sevillano, también perteneciente a la colección  Montpensier, que, aunque no muy conocido, es digno de ser distinguido como personaje ilustre. Sacerdote y poeta muy elogiado y hombre ejemplar y  excepcional que gozó de gran popularidad, insigne predicador y orador muy elocuente que solía utilizar el púlpito de piedra del Patio de los Naranjos de la catedral de Sevilla, llamado de la Granada, para predicar e instruir al pueblo y que se entregó en cuerpo y alma a rescatar cautivos de Berbería (territorio que comprendía las costas de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia). Se le llamó “Apóstol de Sevilla” y “Redentor de cautivos.”

Fernando de Contreras nació en Sevilla hacia 1470 en el barrio de la Macarena, en el seno de una familia cristiana y  fue bautizado en la iglesia parroquial de San Gil. De su etapa infantil apenas se sabe, era  de familia humilde y fue adoctrinado en las enseñanzas de la Iglesia Católica (en la piedad y en la devoción); tuvo que abandonar los estudios primarios para ayudar a su padre, en 1488 abrazó el estado eclesiástico y gracias a un beneficio  en Olvera otorgado por el arzobispo Diego Hurtado de Mendoza en 1492 pudo terminar la carrera eclesiástica y ordenarse sacerdote en 1499, renunciando posteriormente a dicho beneficio y regresando a Sevilla, donde celebró su primera misa en la capilla de la Virgen de la Antigua de la catedral hispalense.  En Sevilla estudió Gramática, Humanidades y Moral, y quedó adscrito como capellán de coro de la catedral de Sevilla (por devoción, sin nombramiento ni remuneración), donde ejercía diariamente. En el tiempo que le quedaba libre, visitaba los hospitales consolando y socorriendo a los enfermos. Se distinguió enseguida por su modestia, austeridad y abnegación, humildad y generosidad, dedicándose los más pobres, especialmente durante la hambruna de 1505, pidiendo limosnas a los acomodados , comprando alimentos para los necesitados, y en la epidemia de peste que afligió a Sevilla en los años 1506-1507, se dedicó a  socorrer y consolar a los  enfermos, (abandonados por sus familiares ) lavando sus cuerpos, dándoles de comer y administrándoles los sacramentos ( aún a riesgo de contagiarse) y asistiendo  espiritualmente a los agonizantes , llevando su caridad hasta el extremo de enterrar con sus propias manos los cadáveres de los muertos . Su fama de hombre caritativo y piadoso se extendió rápidamente por  Sevilla hasta tal punto que el arzobispo fray Diego de Deza quiso recompensarlo con un beneficio en la parroquia de San Ildefonso, pero Fernando se negó a aceptarlo con humildad, diciendo que su entrega al servicio de los pobres la hacía por amor a Dios,  y quería atenderlos siendo pobre, sin avergonzarse por ello.  En 1511 fue nombrado capellán mayor del colegio de San Ildefonso de Alcalá de Henares por el cardenal Cisneros, que  había  conocido personalmente a Contreras y había quedado admirado de su entrega  a los pobres , adonde marchó a pie ,estudiando  Teología y Filosofía en la Universidad de dicha población  como porcionista, becado, siendo promovido a colegial (llegando a doctorarse en Teología)  y  entablando , además allí, amistad con Tomás de Vlllanueva  (futuro arzobispo de Valencia) ,con el que llegó a compenetrarse   influyendo Fernando, con su espíritu sacerdotal , en la religiosidad de Tomás. Como capellán mayor, Fernando de Contreras predicó en las fiestas principales de Alcalá, en el colegio de San Ildefonso y también en las iglesias y parroquias de dicha localidad, fue tanta la repercusión de sus sermones que las iglesias se llenaban, pues era un orador elocuente (y sus contemporáneos destacaban “ su viva presentación y su voz sonora y agradable). En 1515, después de la Cuaresma ,predicada por Contreras en la iglesia magistral de Alcalá de Henares, su fama llegó a conocimiento del cardenal Cisneros que, deseoso de oírle, le invitó a predicar en su presencia un sermón en la  Capilla Real de la Corte, predicando después varios sermones también en su  presencia .En 1517, tras la muerte de Cisneros, Doña Teresa Enríquez, duquesa de  Maqueda , dama piadosa y viuda del comendador mayor Don Gutierre de Cárdenas, hasta la que había llegado su fama de sus virtudes y talento,(tal vez por recomendación de Cisneros, que le habría hablado de él) escribió una carta a Contreras rogándole que fuera a visitarla a Torrijos para que hiciera de limosnero, capellán y predicador. Fernando marchó a Torrijos y allí atendió a pobres y enfermos (fue superintendente de los hospitales de Torrijos), fomentó también el culto a la Eucaristía con gran esplendor, predicaba ,confesaba ; fundó y dirigió el colegio de la Piedra (sostenido económicamente por doña Teresa y colindante con su palacio) para niños de varias edades desamparados ,huérfanos o cuyos padres no podían alimentarlos y dando siempre más atención a los más pequeños,  a los que enseñaba gramática, canto, leer y escribir; se seguía un horario similar al del colegio de San Isidoro de Sevilla ( que fundaría después). La primera obligación que tenían los niños después de levantarse era asistir a la misa que celebraba el padre Contreras, luego desayunaban; al atardecer les enseñaba la doctrina cristiana, cenaban, rezaban el rosario y a descansar. Algunos aprendían un oficio visitando las tiendas o las muchas fábricas de jabón que había en Torrijos. Este colegio de la Piedra fue un verdadero colegio profesional,  un colegio- residencia  y un orfanato, siendo Contreras maestro, confesor y ecónomo, lugar en el que Fernando vivía y compartía con los niños la jornada. A este colegio comenzaron a asistir también hijos de gente principal de Torrijos. Doña Teresa atendía al  rescate de niños y niñas cautivas y encarceladas en manos de los piratas berberiscos, que estaban más expuestos que los adultos a violaciones y sodomías y a múltiples vejaciones, así como a perder su fe y a caer en la apostasía para salir del cautiverio a través de los frailes trinitarios y mercedarios. Fue ella la que vio al padre Fernando de  Contreras como la persona ideal para desempeñar esta empresa de redención de cautivos, encomendándole esta misión a él de manera personal y animándolo para ello y  ayudándole ella económicamente; Fernando se preparó para dicha misión a la que se dedicaría prácticamente el resto de su vida, y a comienzos de 1526 se despidió de doña Teresa y salió de Torrijos camino  de Sevilla.  Allí, habló con el arzobispo Alonso Manrique sobre el encargo de doña Teresa, y le pidió que lo pusiera en contacto con las órdenes redentoras, con el fin de ver si era posible unirse a ellos, o bien que le informaran sobre lo que tenía que hacer en caso de realizar el rescate él solo; pero su misión redentora tuvo que aplazarse debido a los roces y al pleito surgidos entre las dos órdenes mendicantes antes mencionadas. Mientras,  para no estar ocioso, compuso su catecismo, llamado “Doctrina Cristiana”, para que los niños la aprendieran sin esfuerzo,  impreso en Sevilla y que se divulgó rápidamente. En 1527 logró del arzobispo Alonso Manrique,  debido a su experiencia en el colegio de la Piedra, a propuesta suya, la fundación  del colegio de San Isidoro,( también llamado del Cardenal ) junto al palacio arzobispal, sostenido económicamente por el arzobispo y cuyos estatutos redactó el mismo Contreras, para  la instrucción de niños huérfanos, abandonados, pobres y sin recursos ; los criaba con mucho cuidado, durante las siestas les  hacía realizar tomiza y otros cosas de esparto , por las tardes los llevaba a pasear por el campo,  les enseñaba a cantar, gramática, artes y teología,  y  algunos de esos niños, incluso, le ayudaban a misa. Era músico y componía villancicos para la noche de Navidad (que se cantaban en el coro de la iglesia catedral), también compuso cantos muy devotos (que cantaban los niños), incluyendo algunos de estos cantos en su catecismo de Doctrina Cristiana, y acostumbraba, además, a pasear por las calles con los niños cantando en procesión . Cuando encontraba algún sacerdote advenedizo lo invitaba a celebrar la misa y le daba una asignación para la intención. Era muy penitente, vestía con gran sencillez, no  tenía nunca dinero (a pesar de que las personas de posibilidades le entregaban sus fortunas porque sabían que les iba a dar una buena dedicación),  la iglesia la tenía muy limpia (igual que los ornamentos y corporales, purificadores, etc…)  Las ropas de altar las lavaba en el río Guadalquivir metido en un barco, secándolas en la orilla. Muchas veces dormía en un banco con  una  piedra  como  cabecera.  Fernando de Contreras tenía un método didáctico muy peculiar, basado en la enseñanza elemental unida a la doctrina cristiana, con canciones y actividades extraescolares. En 1528 (como ya indiqué al principio de  este  artículo), en reconocimiento de su ejemplar vida virtuosa,  fue designado por el Cabildo catedralicio predicador del Púlpito de la Granada  con obligación de predicar a la multitud los domingos por la mañana y a los niños explicarles la Doctrina los días de fiesta por las tardes.

Además de atender  y dirigir dicho colegio, Fernando asistía al coro de la catedral y confesaba allí, también iba a los hospitales (consolando y confesando a los enfermos),  visitaba las cárceles (predicando y confesando a los presos) y  platicaba en las plazas y en los sitios más concurridos.

En 1529, Teresa Enríquez, antes de morir, encomendó a Contreras en su testamento que se rescataran a los niños y niñas de mayor necesidad, especialmente a los menores de catorce años, más expuestos a ser engañados por los infieles y añadió un  codicilo nombrando a Contreras capellán mayor de la colegiata de Torrijos con una dotación económica anual de 40.000 maravedíes o, si no aceptaba, que él nombrara a alguien que realizara sus funciones en su nombre. Pero Fernando no aceptó ninguna de las dos opciones. La vida cómoda no era para él, y solo esperaba autorización para viajar al norte de África y empezar la redención de cautivos. También recorrió los pueblos para recabar todas las limosnas posibles para tal fin.

En esta época llegó a Sevilla Juan de Ávila (que había coincidido con Fernando de Contreras durante la estancia de éste  en  Alcalá de Henares ) para marchar a misionar a Nueva España ,  y, mientras aguardaba para embarcar para las Indias ,compartió  casa, pobreza, oración y sacrificio con Contreras,  ambos asistían a los pobres y les instruían en la fe; pero su vida cambió de destino cuando Fernando, al escuchar una plática de Juan ,le habló de él al arzobispo  Manrique, el cual consiguió que  Juan desistiera  de su idea de marchar a América y  que se quedase en Sevilla para evangelizar pueblos y ciudades de Andalucía, viviendo Juan, en principio, con Fernando de  Contreras , en una casilla de la Puerta del Arenal, cedida por el Cabildo, en la collación de Santa María ,preparándose para su futura misión,  cultivándose entre ellos una gran amistad hasta tal punto de que Contreras participaría del sufrimiento y del calvario de su gran amigo Juan cuando éste fue juzgado y condenado por el tribunal de la Inquisición a dos años de cárcel por “predicaciones sospechosas”(acusación falsa por calumnias)en el castillo de San Jorge, en Triana. Resuelto el conflicto entre las dos órdenes religiosas, pero regresando éstas a Sevilla sin niños cautivos, en 1531 Contreras recibió la autorización para viajar al norte de África, y las redenciones de cautivos le ocuparán, prácticamente, casi  todo  el resto de su vida, siendo Sevilla la sede desde donde partirá y regresará después de sus viajes.  Hizo hasta  ocho viajes en total al norte de África, a tierras berberiscas,  centrándose , fundamentalmente,  en niños y niñas cristianos  encarcelados y  más expuestos que los adultos a múltiples vejaciones así como en niños infieles que evangelizar.  Iba a su aire, por libre, con los permisos necesarios, con  limosnas del cardenal, del Cabildo, de prebendados, de particulares, con su báculo y su breviario y con barba (como signo de autoridad ante los musulmanes berberiscos). Su primer viaje a tierras musulmanas lo hizo a Argel en 1532, y cuando llegó allí, una terrible sequía de cuatro años  había causado los mayores estragos.  Organizó una procesión de niños cantando oraciones para implorar la lluvia y ,de  como si el cielo hubiera escuchado sus fervientes oraciones, no tardaron en dejarse sentir los benéficos efectos de una abundante lluvia, ofreciéndoseles  ricos presentes que el virtuoso  Contreras no quiso aceptar. Logró  reunir 300 cautivos que condujo a Sevilla, llevándolos en procesión, y como acción de gracias,  ante la imagen de la Virgen de la Antigua, de la que era muy devoto (convirtiéndose este acto  en costumbre para dar gracias a Dios después de cada rescate);  los niños fueron acogidos por familias de Sevilla y de sus pueblos, hasta que algunos pudieron regresar con sus familias. Fue recibido al regreso con júbilo y de forma apoteósica y el éxito de su primera redención le movió a continuar.  Recorrió Tetuán, Fez, Túnez y solía llegar a tierras musulmanas con dinero para redimir cautivos, pero cuando le faltaba el dinero para el rescate de cristianos dejaba en prenda su vara o báculo y se fiaban de él. En una ocasión quedó preso y en otra como rehén. Su segunda redención la realizó en Argel en 1533 y antes  de partir tuvo la suerte de ver en libertad a su amigo Juan de Ávila,  al regreso de Argel se enteró de su marcha a América, circunstancia que le produjo tristeza. En 1534  llevó a cabo su tercera redención en Túnez, y entre 1535 y 1536 realizó la cuarta en Fez .En 1536, a su regreso, al entrar en la catedral para dar gracias a la Virgen de la Antigua sintió un profundo dolor en la garganta que le impedía respirar y le asfixiaba por momentos y, encomendándose a la Virgen del Reposo vomitó una pequeña culebra y se le quitó el dolor. De 1536 a 1539 no se moverá de Sevilla debido a su falta de salud, y en 1538 al morir el cardenal Manrique, asistido espiritualmente por Contreras, el cabildo catedralicio cerró el colegio de San Isidoro y Fernando, que ya vivía allí al parecer, tuvo que irse al Hospital de Santa Marta, propiedad del cabildo, que lo acomodó en una antigua caballeriza contigua al hospital, sirviéndole de cama un pesebre cubierto de gavillas de sarmientos y un madero de cabecera. Hacia finales de 1539 o principios de 1540  llevó  a cabo su quinta redención en Tetuán, en cuyo mercado presenció la venta  de gibraltareños adultos cautivos que logró rescatar con gran habilidad negociadora y traerlos a Sevilla. En 1541 intentó una nueva redención de cautivos portugueses en Fez, pero la situación política no se lo permitió. Entre 1541 y 1542 tuvo lugar su sexta redención en Tetuán y consiguió que se hiciera un camposanto para los cristianos cautivos muertos, y, por esta época al parecer, fue retratado por Luís de Vargas, cuadro que se encuentra en la catedral de Sevilla. Entre 1544 y 1545 realizó su séptima redención en Tetuán también. Fue  tenido por santo, debido a que sanó tanto a musulmanes  como a cristianos y se dice que tenía el don de la levitación .Su experiencia de convivencia con los niños y jóvenes de los colegios le sirvió en sus viajes de redención de cautivos (se encerraba en la cárcel durante varios días con los niños y jóvenes presos para ganarse su confianza y con ellos rezaba el rosario, les enseñaba la doctrina cristiana y les predicaba). También convirtió al cristianismo a musulmanes  y judíos. Los  berberiscos  le apodaron con muchos  calificativos   (“Papaz cristiano” ,” Papaz Contreras”,” El amigo de Dios “,”El bienaventurado de Dios “,”El afortunado de Dios “, y El alfaquí, el  Zinaiza de Sevilla”).

 Sus viajes dieron excelentes resultados y como reconocimiento público Fernando recibió una carta del Príncipe Felipe ( futuro Felipe II ) en nombre del Emperador Carlos V, para recompensarle, nombrándolo obispo de Guadix en 1546  para que atendiera a los moriscos del reino de Granada; pero Fernando no aceptó y renunció humildemente a la mitra permaneciendo como obispo electo sin tomar  posesión y entregándose a la oración y a la penitencia ,mortificándose con azotes. Y entre 1546 Y 1547 realizó su octava y última redención  en  Argel,  al parecer para huir de la presión que se ejerció sobre él para que aceptase dicho obispado.

En diciembre de 1547, a su regreso  a  Sevilla,  se encontraba muy cansado, agotado,  con las piernas debilitadas y llenas de llagas, con más de setenta años, que ya le pesaban y quería que unos sacerdotes jesuitas continuaran su labor de rescates. Debido a su estado tuvo que meterse en su cama de sarmientos, y pronto corrió por Sevilla la  noticia: “El santo se muere”,  acudieron a visitarlo tanto nobles como plebeyos, gente sencilla …y  en cama pasó sus últimos días.

Doña Juana de  Zúñiga , viuda de Hernán Cortés, vista la incomodidad del lecho de Contreras, le envió una cama que Fernando envió , a su vez, al Hospital de las Tablas; lo cuidaban sus sobrinos Francisco e Isabel, y fue asistido espiritualmente  por dos obispos devotos suyos .  Murió  en total pobreza (como había vivido) el 17 de febrero de 1548, quedando Sevilla conmocionada, y fue enterrado el día 20.  Su entierro constituyó una demostración pública de la popularidad y del fervor  que había gozado en vida,  el pueblo sevillano acudió en masa, llamándolo Santo  y su féretro fue llevado a hombros a la catedral por los duques de Arcos ,Medina Sidonia y Alcalá, y por los condes de  Gelves , Ureña y Olivares; también asistieron a su entierro  todas las comunidades religiosas y parroquias de Sevilla, y el cabildo le hizo un funeral solemne,  como si de un arzobispo se tratase, siendo el obispo de Marruecos el encargado de predicar el sermón fúnebre, el cual dijo que Fernando merecía ser canonizado .Al morir con fama de santidad,  el arzobispo Fernando de Valdés decretó que al cadáver de Contreras no se le tocara ni un pelo, ya que el afán de la época por las reliquias amenazaba con arrancarle algo del vestido o del cabello para cuando subiera a los altares, lo que el sentir de los fieles intuía próximo.

Al parecer pidió ser enterrado en el cementerio de los pobres ajusticiados, si bien este deseo no constaba en ningún papel, así pues el cabildo, que dudaba donde enterrarlo, y apreciando la santidad de Contreras y conociendo el sentir del pueblo sevillano, dispuso darle sepultura en el lugar más privilegiado de la catedral, entre el Altar mayor y el coro (según la leyenda, un niño de hermoso aspecto indicó el lugar de entierro por deseo divino, y desapareció a continuación).

Había devotos que iban a su tumba a rezarle (como don Guillermo, padre de Blanco White, a diario) y había canónigos que por respeto no pisaban la losa sepulcral cuando se dirigían del coro al altar mayor.

Escribieron sobre su vida el Padre Aranda, Don Pablo de Espinosa, Don Cristóbal Mosquera y el abad Sánchez Gordillo, y todos hablan sobre su convincente oratoria.  Argote de Molina le atribuyó muchas poesías y canciones en honor de la Virgen  María,  así  como un libro de Antífonas, otro titulado “Pequeña flor” y el Oficio del Bautismo de Nuestro Salvador.

En principio, el padre Fernando de Contreras cayó en el olvido, pero dentro de la catedral de Sevilla se le tenía como uno de sus santos y, pasado cierto  tiempo,  casualmente,  hubo  varios intentos fallidos para su canonización:

-En 1633 hubo un primer proceso iniciado por el canónigo y arcediano de Carmona Mateo Vázquez de Leca, al ordenar limpiar la losa sepulcral de Fernando, proceso que quedaría interrumpido tras su muerte.

-En 1672 hubo un segundo proceso iniciado por el canónigo Juan de  Loaysa,  al leer un manuscrito con las Informaciones sobre Contreras, también interrumpido tras la muerte del canónigo.

-En 1732 hubo un tercer proceso iniciado bajo el pontificado del arzobispo Luís de Salcedo, con reconocimientos de restos.

-En 1759 hubo un cuarto proceso, también con reconocimiento de restos, iniciado bajo el pontificado  del  arzobispo  Francisco de Solís, también con reconocimiento de restos.

Además, en  1673 la universidad de Alcalá de Henares solicitó por carta al papa Clemente X la beatificación de Fernando de Contreras alegando sus méritos y virtudes.

Finalmente, el doce de febrero de 1786, durante el pontificado del arzobispo Alonso Marcos de Llanes, el papa Pío VI firmó en Roma el decreto confirmando las virtudes heroicas de Contreras y declarándolo oficialmente Venerable. Se han atribuido  a su báculo y a su bonete prodigios, pero la verdad es que sería necesario para su beatificación que se produjera un milagro por su intersección y que pudiera demostrarse, sin explicación científica, otro milagro posterior para su canonización.

En 1845 el ayuntamiento de Sevilla le concedió el nombre de una calle (donde supuestamente nació), que va de la calle Pozo a la Plaza de San Gil, para honrar su memoria.

El uno de agosto de 1888 se desplomó uno de los pilares de la catedral, arrastrando en su caída la mitad de las bóvedas del cimborrio, dañando el órgano, la verja del coro y parte de su sillería, rompiéndose la losa del sepulcro de Contreras, trasladándose sus restos a la capilla de la Concepción Grande, donde estuvieron hasta el veintitrés de febrero de 1901 que volvieron a su lugar en presencia del beato arzobispo Marcelo Spínola.

El papa Benedicto XVI definió a Fernando de Contreras “prestigioso  catequista “y “doctor en Alcalá “en su Carta Apostólica de siete de octubre de 2012.

Su báculo propio volvió a Sevilla desde Argel, donde estaba al haberse quedado en prenda por rescates, pero actualmente se encuentra en paradero desconocido. En el tesoro de la catedral hay  un  báculo  de carey adornado con estrellas de filigrana que se trajo de América en 1688 para ser colocado en la mano de la estatua que se le  pensaba erigir a Fernando cuando fuera beatificado.




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8 Comments

  1. Fernando dice:

    Muy interesante!!!

  2. Francisco M. Luna dice:

    Sr. De Castro es un placer leer su columna sobre personajes de Sevilla sobre los que hasta ahora no tenía ni conocimiento.

  3. Marisa dice:

    Enhorabuena D.Andrés!! Muy interesantes los artículos y, en especial, éste.

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