El Ayuntamiento de Sevilla y sus obras. Cristóbal Plantino

Buenos días, estimados lectores/as .Hoy  os voy a hablar de un personaje poco conocido, pero que tuvo importancia en su momento como amigo y colaborador de Arias Montano. Me referiré a él con su nombre españolizado. Aunque no está relacionado con Sevilla, pero merece la pena hablar de él. Con este artículo me despido de vosotros hasta Septiembre, mes en el que nos reencontraremos para seguir este viaje que nos traslada a conocer la vida de personajes ilustres vinculados, de una u otra manera, a nuestra Sevilla. 

Se trata de  Cristóbal Plantino ( Cristophe Plantin o Christoffel Plantijn ),  célebre impresor flamenco de origen francés,  nacido en Saint Avertin ( cerca de Tours ) hacia 1520. Desde joven marchó a París donde aprendió el oficio de encuadernador, y después empezó a trabajar como aprendiz con Robert Macé II, un famoso impresor de Caen, para, posteriormente tras casarse con la encajera Jeanne Riviére.  Se trasladó a París hacia 1547, y, tras trabajar allí en algunos talleres, finalmente se estableció, hacia 1550 en Amberes (gran centro del comercio internacional en ese momento y ciudad natal de su mujer). Sus encuadernaciones, sus trabajos de marroquinería y grabado superaban todo lo que se hacía en los Países Bajos.  Allí, en dicha ciudad,  abandonó el oficio de encuadernador para dedicarse al de impresor, inscribiéndose en el registro del  Gremio de San Lucas como boeckprinter y  fundando en dicha ciudad en 1555 su propio taller de imprenta,  llamada Officina Plantiniana. En este mismo año imprimió su primer libro que imprimió que se tituló “ Institution d´une jeune fille de noble maison”, obra de rara perfección tipográfica,  y en 1559 imprimió “ La magnífica y suntuosa pompa fúnebre hecha en las exequias de Carlos Quinto, celebradas en la ciudad de Bruselas”, obra que le dio renombre.

Sus primeros años como impresor no fueron fáciles, y en 1562, acusado falsamente de haber impreso un libro herético,  tuvo que abandonar Amberes por algún tiempo huyendo a París hasta quedar libre de culpa; a su regreso  a Amberes en 1563 se asoció con ricos mercaderes de dicha ciudad, con los que había hecho amistad, para expandir su negocio, consiguiendo asentar su taller sobre una sólida base financiera. A partir de entonces, su taller fue adquiriendo gran fama y prestigio convirtiéndose en el más importante de Amberes y uno de los más importantes de Europa, siendo considerado como el más progresista del continente. Plantino, que  asistiendo periódicamente a las ferias del gremio del libro o enviando emisarios para que defendieran sus intereses, supo mantener amistad con personalidades de toda Europa que le fueron muy útiles en tiempos difíciles, teniendo representantes  en sitios neurálgicos del continente. Estableció sucursales en París y en Leyden y supo rodearse de personal escogido. Sus correctores fueron de gran cultura y reputación, fundamentales para un acabado perfecto de los libros, y fue conocido y apreciado por todos los eruditos e intelectuales de la época, llegando a ser el primer impresor de la Cristiandad. En 1565 Plantino  tenía siete prensas y en 1576 veintidós, capaces de imprimir 1250 hojas diarias… Plantino no solo era un buen artesano, sino también el primer gran industrial en el campo de la imprenta que llevó a la perfección; era muy exigente con la calidad de sus impresiones, evitaba el uso de caracteres gastados debido a la débil impresión que éstos ejercían sobre el papel e insistía en usar grabados metálicos para las ilustraciones en lugar de los de madera, de más bajo coste pero de menor calidad  e hizo grandes gastos  para conseguir los más bellos caracteres de imprenta. Se dice que empleó caracteres de plata e Introdujo de forma masiva el grabado en cobre .Publicó más de 1.600 libros (obras científicas, de lingüística, jurídicas, matemáticas, teológicas, obras clásicas, literatura francesa… )

También imprimió atlas de cartografía, algo de topografía, diccionarios para estudiantes y para filólogos, y fue el editor autorizado de los mayores botánicos de su época, imprimiendo los trabajos de Rembert. Plantino era un genio de los negocios, gran talento empresarial  y un hábil impresor;  su producción se caracterizó por su corrección y elegancia  y por una gran atención al mercado y a los aspectos materiales de las ediciones.  En su taller, muy amplio, trabajaban cerca de 150 empleados siendo reconocido en Europa por sus bellísimas encuadernaciones. También creó talleres notables de grabado en cobre y en madera. Además poseía una tienda donde vendía libros y gran parte de lo que ganaba lo reinvertía en su negocio, el cual dirigía con un lema motivador como garantía de éxito:” labore et constancia”. Tenía comerciales y proveedores y su imprenta funcionó como una gran empresa tipógrafa y editora, alcanzando gran éxito. Sus hijas al llegar a la edad adulta, empezaron a trabajar  en el negocio paterno y Plantino, de acuerdo con su espíritu empresarial, les buscó los maridos más idóneos (así, por ejemplo, tres de sus yernos fueron impresores).

Su casa era considerada como uno de los monumentos de Amberes y una de las maravillas de Europa y atraía a los hombres de ciencia por las facilidades que encontraban para imprimir sus obras; también formó una biblioteca, admiración de sus visitantes. Ayudó económicamente a la ciencia y poseía una gran cultura (como lo prueban sus prefacios a autores latinos).

 Sin embargo, Plantino también tuvo envidias, enemigos, y tuvo que pagar tropas españolas para que protegieran su imprenta ya que delante de su casa solían congregarse morosos y competidores  de forma tumultuosa. Además tenía una red de colaboradores que con intimidación se encargaban de que sus deudores pagaran lo que les correspondía.

Su vida, para bien o para mal, estuvo marcada por los conflictos políticos y religiosos de su época; tuvo que adaptarse a las circunstancias que le tocó vivir, por las que sufrió y también de las que supo aprovecharse llegada la ocasión.  Actuó  siempre  en función de sus intereses legítimos. Escéptico en política, vivió en tiempos muy peligrosos, adoptando o fingiendo posiciones si la ocasión lo pedía. Siempre se declaró fiel al rey Felipe II  y procuró mantener buenas relaciones con sus representantes en los Países Bajos, y no se puede considerar hereje ni en espíritu ni en hechos, pues nunca renegó de su fe católica, declarándose al servicio de la Iglesia Romana. Consideraba la Familia Caritatis como una sociedad de socorros mutuos integrada por católicos y protestantes. No entraba en cuestiones teológicas, y su catolicismo estaba mitigado por su espíritu financiero. Era un hombre práctico y ecléctico,  defendía el fin de las agitaciones religiosas y la vuelta a la paz y a la concordia para desarrollar su actividad comercial. Plantino manifestaba su fidelidad y su obediencia a Felipe II pero sin romper con amigos suyos calvinistas convencidos, a los que atendía en su imprenta. Felipe II nunca adoptó una postura represiva contra Plantino, e incluso se interesaba por él, considerando que las acusaciones contra él eran por rivalidad y no por sospecha, y que si en alguna ocasión se producía una actitud anticatólica era debido a presiones de los rebeldes forzándolo a actuar en contra de su conciencia y tanto la Corona como la Iglesia Católica sabrían comprender y perdonar. Para él lo más importante era salvar y mantener su imprenta.

Plantino también tuvo problemas con sus obreros, con los autores, con los libreros, e incluso con sus socios, y tuvo que soportar huelgas y acusaciones.

En 1566 se produjo una revuelta calvinista en los Países Bajos que fue sofocada durante los primeros meses de 1567; los socios de Plantino habían estado ligados a la causa de la Reforma por lo que juzgaron prudente desaparecer por un tiempo. El propio Plantino estaba temeroso ya que él y muchos de sus amigos eran sospechosos de herejía ( Plantino era miembro de la Familia Caritatis, una secta religiosa mística ). Y fue en ese momento delicado cuando Plantino planteó  su idea de realizar una Biblia Políglota, basada o similar a la Complutense (Biblia Políglota) que estaba ya agotada; buscando apoyo financiero imprimió unas hojas de prueba y las llevó a la Feria del libro de Frankfurt de 1566,; allí recibió varias ofertas de Alemania, pero le exigían trasladar allí su taller y Plantino no quiso irse de Amberes, prefiriendo tantear las posibilidades de ayuda de su rey natural Felipe II. Entonces contactó a través de carta con su antiguo amigo Gabriel de Zayas, secretario del rey Felipe II en aquel momento, al que da detalles de su proyecto, principalmente sobre las letrerías que tenía de las distintas lenguas. Dicho proyecto fue sopesado detenidamente en Madrid y se aceptó por considerarse interesante y oportuno. Las gestiones dieron su fruto y el once de marzo de 1568 Felipe  II firmó las órdenes necesarias para el inicio de la realización del proyecto. La imprenta de Plantino disponía de las letrerías necesarias (latinas, griegas, y hebreas) para comenzar inmediatamente la obra, solo le faltaban las letrerías siríacas que hizo grabar enseguida. Finalmente, en 1568 el duque de Alba le informó de que había conseguido el apoyo del monarca y que se había enviado a su capellán Benito Arias Montano, gran conocedor de las lenguas orientales, para dirigir y coordinar el desarrollo de la Biblia Regia. Arias Montano llegó a Amberes el 18 de mayo de 1568, (también surgió amistad entre Plantino y Arias Montano ) y así, por encargo de Felipe II, bajo la protección del cardenal Granvela y la dirección y supervisión de Arias Montano, imprimió Plantino la Biblia Políglota ( llamada Biblia Regia )  entre 1569 y 1573 con la aprobación papal de Gregorio XIII ,en hebreo, griego, latín y arameo, imprimiéndose los ocho tomos de la obra bajo la atenta mirada de Plantino ( en el aspecto material ) y de Arias Montano ( en la calidad de los textos ),  siendo la obra  más importante que salió de sus talleres, adquiriendo, lo que iba a ser una reedición de la Biblia Complutense,  personalidad propia aprovechando los avances de la escriturística. Esta Biblia regia  se distinguía  por la calidad de sus  distintas letrerías y la perfección de la impresión, cuidada en todos los detalles, lo que la convirtió en una de las joyas de la imprenta de mediados del siglo XVI  imprimiéndose numerosos ejemplares de la misma.

Plantino fue muy recomendado al rey Felipe II por sus amigos Arias Montano y Zayas,  quedando bajo la protección del monarca, que lo nombró en 1570 architipógrafo regio, por su fidelidad, porque Amberes estaba mejor equipada que cualquier ciudad española  y por su privilegiada situación geográfica, percibiendo una pensión. Entre los años 1571 y 1576 Plantino imprimió por encargo regio 18.370 breviarios, 16.755 misales, 9.120 libros de horas y 3,200 himnarios para uso de los eclesiásticos españoles (aunque esta  posición oficial católica no le impediría apoyar clandestinamente a los protestantes  y, a su vez, teniendo contactos con movimientos independentistas flamencos en Amberes y autores calvinistas). A  pesar de que no siempre estuvo clara su ortodoxia católica, sus relaciones con el rey Felipe II siempre fueron buenas y el monarca le encomendó la inspección de la imprenta en los Países Bajos, con poder para dar certificados de aptitud profesional a los tipógrafos flamencos. Si en algún momento publicó alguna obra poco católica o heterodoxa, siempre encontró una disculpa  oportuna o un amigo bien situado dispuesto a justificarlo certificando su ortodoxia.

Pero, a pesar del apoyo de sus amigos en la corte española, Plantino no consiguió el privilegio ni un contrato en exclusiva para imprimir libros litúrgicos para España y las Indias, sufriendo la competencia de impresores españoles y extranjeros. Parece ser que, inicialmente, la parte más importante de los pedidos correspondió a Plantino, pero paulatinamente los encargos fueron disminuyendo, acentuándose en 1576,  al margen de las turbulencias que vivió Amberes en noviembre de dicho año, al mismo tiempo que se retrasaban los pagos, lo que le ocasionaba graves problemas económicos. Plantino se daba cuenta de todo ello, y sin ignorarlo se quejó, pero sin reclamar nada. El empeoramiento de la situación flamenca pudo contribuir a esa disminución de pedidos y a su posterior cese. Plantino luchó frente a sus competidores y sus  amigos en la corte (Zayas, Arias Montano…) presionaron, intentaron e hicieron gestiones, e, incluso, llegaron a tantear la posibilidad de que trasladase su taller a Madrid, sin éxito.

Sin embargo, su imprenta se mantenía y funcionaba plenamente y Plantino , al ocupar Amberes los Estados Generales, es nombrado su impresor ,pero el 26 de julio de 1581 es depuesto Felipe II  por los Estados Generales y en febrero de 1582 es proclamado el duque de Anjou soberano de los Países Bajos. Con esta nueva situación, el 17 de abril de 1582 es nombrado Plantino architipógrafo  de las nuevas autoridades, intentando hacerse grato. ; pero Plantino se marchó a Leyden a principios de 1583, al parecer invitado por su universidad, y, el 17 de agosto de 1585 Amberes fue ocupada por Alejandro Farnesio en nombre de Felipe II, regresando Plantino  inmediatamente a Amberes,  haciéndose otorgar enseguida un certificado de ortodoxia por la autoridad eclesiástica tratando de justificarse. A partir de 1587  Plantino ejerció una fuerte presión para acercarse otra vez a la Corona española mediante renovados elogios a los vencedores,  frecuentes dedicatorias y caros regalos a los más altos personajes de la corte, alegrándose de la victoria contra los turcos en Lepanto y considerando el saqueo de Amberes por las tropas españolas como castigo divino dejando, de esta forma patente, su intención de no comprometerse con los rebeldes.

Plantino imprimió su propio Catálogo de obras impresas. Era devoto de la Virgen María y de los Santos, y en el momento de su muerte fue confortado con los sacramentos estando rodeado de jesuitas, a los que siempre se mantuvo aferrado. Falleció en  Amberes el 1 de julio de 1589.

Ha sido considerado el primero de los grandes impresores industriales, y sus yernos dirigieron cada uno una de sus imprentas: Raphalengus la de Leyden, Bey la de París y Moretus la de Amberes. El arte tipográfico le debe mucho a Plantino.

Con Plantino apareció una dinastía de editores que conformaron unos de los mejores impresores europeos del siglo XVI.

La marca de la casa Plantino es una mano que emerge de unas nubes y sostiene un compás rodeado por una banderola en la cual se lee la inscripción LABORE ET CONSTANTIA.

La casa Plantino siguió imprimiendo hasta el siglo XIX, y en 1877, ese magnífico edificio, juntamente con todo el material ( herramientas, punzones, tinta , papel,, aspectos mercantiles y publicaciones )fue adquirido por el ayuntamiento de Amberes para convertirla en el Museo de imprenta  Plantin-Moretus, que en 2005 fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

Gracias por vuestra atención y, lo dicho, nos vemos en Septiembre.




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