El albero

Y llegó la Feria de abril, sí, en mayo, como queriendo hacer honor a aquello de que Sevilla es la ciudad de la guasa. Nuestra Feria, con mayúscula, esa ciudad de lona, colorín y luminarias, provisional, sonora y risueña, que cada primavera brota desde aquel lejano 1846, cuando dos concejales, José María Ibarra (vasco) y Narciso Bonaplata (catalán) tuvieron la idea de celebrar una Feria anual de tres días de duración, que tendría lugar en el mes de abril y con un carácter mercantil para compra y venta de ganado.

Con el paso de los años la Fiesta perdió su carácter agropecuario para ser urbana, y así la recuerdo en el Prado de San Sebastián hasta que en 1973 “cruzando el puente, cantando, se fue a Triana”, y pasó a instalarse en una de las parcelas más desangeladas de Sevilla, manteniendo su tono, su pulso y su gallardía.

Al escribir estas líneas me acuerdo de aquella sevillana de los Amigos de Gines que decía “¿Qué le digo yo a Sevilla que no le haya dicho nadie?”, y en el caso de la Feria se hace muy difícil, pero quiero llamar la atención a mis lectores sobre un elemento que le da un colorido especial, y es su albero.

El albero es un tipo de calcarenita procedente de la comarca de Los Alcores formado mayoritariamente por calcita (80%), cuarzo (12%) y otros minerales responsables de su característico color ocre, que se obtiene en los términos municipales de Alcalá de Guadaíra, Mairena del Alcor, El Viso del Alcor y Carmona, y con el que se cubren los senderos del Parque de María Luisa, el solar de la Feria y la plaza de toros de la Maestranza.

Amarillo, casi translúcido, fragante, el albero le viene como un regalo al abril hispalense. Tanto es así, que algún día habrá que rendir homenaje a la memoria de aquel munícipe olvidado que trajo la primera carretada, no se sabe en qué primavera de la Historia.

Tan brillante y tan humilde, el albero tiene algo de floral, de ahí su efímera galanura. Basta un prolongado aguacero para que su encanto se nos quede en nada. Por eso, cada vez que se esparce por los recovecos del Parque de María Luisa, iluminando de amarillo los senderos, es como si se encendieran unos focos que nos hicieran abrir los ojos ante un jardín incomparable.

En la Feria, las franjas de albero están a orillas de las casetas a disposición de los que sacan fotos y de los versados en metáforas, al alcance de la mano, por lo bien que casa su dorado con el oro, el sol y el vino fino y la manzanilla.

Sirve de alfombra para la masiva caminata, para las sevillanas que brotan espontáneas dentro de un corro a la intemperie, y hasta para la inesperada pirueta de un caballista que se salió de madre. Alfombra que engalana y que se torna demasiado generosa, que se adhiere a las enaguas, zapatos y tacones, y deja huellas delatoras para que no podamos negar que anduvimos por la Feria.

El albero se lleva regular con los pintores, porque es difícil montar un caballete in situ en medio del Real. Tan hecho está ya a la fotografía, que desafina en el lienzo, si bien esto es algo que le ocurre a la Feria entera. Tiene tanto que ver con el esplendor luminoso del festejo, que se ha convertido en algo imprescindible.

Años hubo en que se escatimó el albero porque alguien pensó que no importaría, y la Feria palideció: aceras desencajadas, tristonas, invadidas de polvo blancuzco, carentes del polen rubio que les daba prestancia, faltas de armonía con el rojiblanco o blanquiverde de las casetas.

Y es que, además de su aporte cromático, el albero está entre los símbolos insoslayables, por la fugacidad de su lozanía, por lo frágil, elemental y rotundo de su presencia, tan efímero como la Feria misma. Engalana las aceras, es alfombra, casi floral, que sirve de tablao para el baile que brota fuera de las casetas, y se estampa de lunares con la sombra de los farolillos, cuando el sol campa por todo lo alto.

Disfrutemos de este suelo sin igual que hace de dorada bandeja para servir de recuerdo a faenas taurinas inolvidables, la que alfombra los caminos del Parque y las aceras de la Feria, en la orilla de las barandas de las casetas: ¡Feliz Feria! 

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




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4 Comments

  1. Carmen dice:

    Te superas en cada artículo, compañero.
    Será que me has tocado la fibra sensible de la feriante que llevo dentro..,.

  2. Pedro dice:

    Gran artículo

    Como cada semana un placer leerte. Feliz feria a ti también Alberto

    Un saludo,
    Pedro.

  3. Charo dice:

    Te engrandeces cada vez más!!! Magnífico. Añoranza para los feriantes que no pueden visitarla.
    Gracias por compartirlo!!!

  4. Maria Soledad Lagüéns dice:

    Nada es igual sin el albero !!! No imagino el grandioso parque de María Luisa sin albero , y menos la feria. Un color precioso que engrandece el paisaje allá dónde está ! Cuanta razón tienes .

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