El 23-F de Sánchez

Sáquenme del error si es necesario, pero me parece que en 42 años de vida de la Constitución, sólo dos personas han suspendido al margen de la ley la actividad de las Cortes Españolas: el Teniente Coronel Tejero y Pedro Sánchez. El primero lo hizo bajo un tricornio y con la amenaza de las armas durante unas 14 horas; el segundo, durante seis meses mediante un decreto arbitrario y caprichoso que parece que será declarado inconstitucional. Tejero pagó con la cárcel y el oprobio la fechoría perpetrada; Sánchez prolonga las suyas abusando exageradamente de su condición oficial.

El “Pollo” Carvajal ha sido llamado a declarar el lunes sobre asuntos relacionados con el terrorismo, aunque su localización y detención fue promovida por la DEA, la Agencia anti drogas de los EE.UU., que deseaba darle caza para extraditarlo y poner en jaque a la dictadura de Maduro. El Gobierno de España se divide entre quienes consideran la tiranía bolivariana un sueño y quienes perderán el sueño si el “Pollo’ se pone a cacarear.

Todo es como surrealista y el “Pollo” se tendrá que ver la cresta frente a un juez lleno de puñetas, con la representación de la Fiscalía General del Estado a la izquierda de su señoría y a la derecha el noviete de la misma, abogado defensor del reo custodiado por el CNI. En este caso no es que Montesquieu y la separación de poderes hayan muerto, sino que están en plena coyunda, pegados como perros callejeros en mitad de la vía pública. Esto parece una casa de acogida de menores en Mallorca o un pudridero de Guinea Ecuatorial.

El abogado defensor es un tipo que quiso extorsionar a otro Gobierno, el de Felipe González, para que le nombrasen ministro de Interior y de Justicia, todo en una sola pieza, y acabó expulsado de la carrera judicial por prevaricación. En aquella ocasión le relegaron a delegado del Plan Nacional contra las Drogas hasta que la emprendió a gorrazos contra quienes entendió que le habían dejado en la estacada.

Ahora vuelve al lugar del crimen, no al frente de la operación “Nécora” para detener a los cabecillas de las redes de narcotráfico, sino para defender al brazo ejecutor de una narcodictadura que ha arruinado a millones y millones de venezolanos y que ha modificado la geoestrategia del hemisferio occidental. Lo único bueno de todo esto es que cuando empiece el “pollo” a piar, en la SER tendrán una oportunidad de oro para que el monosabio de Hugo Chávez que se cortó la coleta explique sus atolondrados viajes a los besapiés del comandante tirano.

Que todo esto ocurra en la España de mitad del siglo XXI sólo cabía esperarlo de una república bananera de los tiempos de Macondo, enfangados hasta las cejas de ZP por una clase política durmiente que considera que es mejor no hacerse daño y dejar en paz a la mujer de Juan Espadas, que siga cobrando un sueldo en la Faffe hasta que se jubile junto a otros mil quinientos familiares, amigos y militantes colocados por la cara en una oficina que nadie sabe cuál era su función, aparte la de servir como casa de beneficencia para los cargos del PSOE, así como existió el Hospital de los Venerables Sacerdotes que daba cobijo a los jubilados de la jerarquía eclesial.

En buena lógica, lo que debería suceder es que en mitad de la declaración del “pollo”, Dolores Delgado anunciase que abandona su papel de Fiscal General para integrarse como abogada defensora en el equipo de juristas al servicio de la causa, mientras Sánchez se desliza sobre una encuesta de Tezanos directo hacia los acantilados de una convocatoria electoral ineludible que, convenientemente amañada, puede convertirse en el final de nuestra democracia.

He dicho.




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