Dos señoras y la testosterona

Los medios progres y los de centro-centrísimo están que trinan porque la representante de Vox en la Asamblea de Madrid Rocío Monasterio y la ya presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, hacen caso omiso del volquete de acusaciones y etiquetas ofensivas que han derramado sobre ellas a propósito de los comentarios que Monasterio ha desgranado sobre un tal Mbaye, de Podemos, cuyo historial de acciones ilegales impedirían a casi cualquier otro ciudadano pertenecer a una Cámara de representación democrática.

Conozco de qué va esa clase de jugarretas y de vainas porque las he sufrido en propia carne hace apenas unos meses, cuando esos mismos pseudo medios de comunicación y tres parlamentarios andaluces apoquinados con dinero de mis y nuestros impuestos dedicaron su valioso tiempo en una comisión parlamentaria a ponerme como los trapos y a calificar a un ciudadano libre de pensamiento y opinión (yo mismo) sin detallar jamás en base a qué me manchaban con su bazofia y su impune cobardía que en mi caso no me otorgó ni derecho a la autodefensa.

Ayer, a petición del tal Mbaye, la presidenta de la Asamblea, del PP, inquirió a Monasterio por ver si retiraba las palabras pronunciadas. Con toda calma, la diputada Monasterio repreguntó qué palabras exactamente eran las que pretendían la propia presidenta y el tal Mbaye que ella retirara, que es exactamente lo mismo que llevo cinco meses preguntando yo, aquí y allá, que alguien me diga, en lugar de reducirlo todo a calificarme con sucias mentiras e invenciones de los zurdos y sus cómplices cobardes de centro-centradísimo… Y no logro una respuesta.

La presidenta de Madrid apoyó sin dilación ni medias tintas la intervención de Monasterio y deshizo por completo el tono acusatorio del zurdismo mendaz y de los acomplejados del mediopelo, poniendo énfasis en que son esos progres que acusan con mentiras e hipérboles los verdaderamente falaces y radicales, no quien se limitó a describir las acciones fuera de la ley de un diputado, cuyo color de piel, altura, procedencia, condición sexual, creencia religiosa o cualquier otra circunstancia resultan completamente irrelevantes para el caso.

A estas horas, el progresismo idiota y el centrismo acomplejado, al igual que hizo ayer el tal Mbaye, continúan repitiendo (como ocurrió en mi caso) sus epítetos y descalificaciones, tachando de racismo o xenofobia a Monasterio y de paso también a Ayuso, pero siguen sin aclarar ni una sola letra de lo que dicen que dijo y que pudiera sostener tal acusación ni merecer semejantes etiquetas.

A mí, dos pseudo medios de comunicación (uno de ellos citando al otro como dos borrachos que se sujetaran para no caerse) y hasta tres diputados ‘lenguarones’ me tacharon hace cinco meses de “machista”, “racista” y no sé cuántas barbaries más sin que nadie les pidiera explicaciones, pero sin concretar jamás ni los unos ni los otros a qué se referían o cuáles fueron las palabras de las que pudiera ni siquiera deducirse su agresión a mi honor y mi reputación. Todos ellos, ya digo, cobrando un sueldo público de nuestros impuestos.

Nunca dicen la verdad, ni siquiera al médico de cabecera, pero es igual de insultante que quienes están llamados a sostener la verdad prefieran arrugarse por evitarse problemas o esconderse detrás de los trazos gruesos de esa progresía de batucada y pandereta que te pone el pie en el cuello y no pregunta ni requiere aclaraciones, sino que simplemente perpetra y ejecuta su crimen como un piquete o un pelotón de fusilamiento colocando etiquetas a capricho que no explican ni justifican.

Dicen que Monasterio ha dicho algo racista o directamente la califican a ella de racista, y lo mismo hacen con Ayuso (o conmigo), pero no aclaran en qué se basan o a qué se refieren, porque simplemente es falso y lo único cierto es que sus acusaciones sólo se sostienen en que lo afirman ellos caprichosamente y por su mero sectarismo, y aún espero que alguien tenga la decencia de no parapetarse en sus sucios epítetos y falsedades que no se ajustan ni por aproximación a lo expresado.

En mi caso me ha costado una suspensión, diz que temporal, en el medio en el que colaboraba y también el dinero y el esfuerzo de llevar a algunos medios ante los tribunales para defender mi honor de tamaña afrenta, pero con Ayuso y con Monasterio van a salir escaldados los muy tramposos (también la arrugada presidenta de la Asamblea por su bochornoso papel) porque se han encontrado con dos señoras que le ponen al asunto la testosterona que la biología le atribuye a los varones.

A ver si va a ser cierto que hay señoras que los tienen más bien puestos que quienes debieran vestirse por los pies…

He dicho.




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1 Comment

  1. Pues no sabía lo que estás pasando por esas calumnias. Para usar la libertad de expresión, cuando libremente no se ciñe esa expresión a lo políticamente correcto, resulta que hay que estar dispuesto a que te conviertan en un héroe, de los que no son aplaudidos en los balcones.
    Bueno, mi aplauso lo tienes,a rabiar.

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