LO MÍO
Dos minutos

#Lomío

La vida es eterna en cinco minutos, cantaba el verso en voz de Victor Jara sobre Amanda. El tiempo nos ha conquistado para siempre en estos tiempos, valga la reiteración, y cualquier cosa que exceda de la métrica apresurada de unos minutos no tiene valor alguno. Es esta una era de fugacidad, nada interesa más allá de la chispa breve de unos segundos: mensajes, textos, pensamientos… El es culto a lo acomodaticio y por tanto a lo fácil; a lo corto. Tenemos la vida tasada por la brevedad, tanto por la prisa como por el miedo a la exposición que pueda mostrar nuestra verdadera estulticia más allá de un mensaje rápido y fácil. Lo bueno no es bueno por serlo sino por breve. Huimos del pensamiento, que es lo que muchos quieren, evitando cualquier intensidad, cualquier apasionamiento. Un rápido vistazo al volumen de un artículo o cualquier otro texto lo descarta para su lectura. Es la era del “tuit”, del mensaje rápido, cuasi telegráfico, capaz de empotrarse en una red social o en un titular contundente. Detestamos las explanaciones y los esclarecimientos como si fueran excusas de mal pagador. Creemos alargar la vida acortando sus momentos y así -sin darnos cuenta- nos vamos quedando sin la huella de nuestro existir que son los recuerdos. Como si lo eterno no fuera aquel beso interminable o aquella mirada que se nos quedó tatuada en la memoria hasta el fin de nuestra luz. Por todo lo anterior este texto y los que vengan duran lo que dura nuestra escasa paciencia. Gracias por sus dos minutos, querido lector, aunque nos prive del recuerdo de nuestras Amandas.




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