¿Dónde estás, querida Irene?
Juan Manuel Jimenez Muñoz

El pasado 8 de octubre publiqué un artículo en Facebook que se titulaba “Miradas impúdicas”. Por si lo quieres leer, aún lo encontrarás en mi muro. En ese texto, bromeaba sobre la Orden Ministerial perpetrada por Irene Montero para que las empresas denuncien a los trabajadores masculinos que “miren de forma lasciva” a sus compañeras de oficina, y para que en todas las fábricas y empresas se instalen buzones donde, anónimamente, se puedan delatar unos a otros. Mi artículo comenzaba así:

<<Horroroso, lector. Horroroso. Sé que hay noticias difíciles de creer, que parecen una broma, o un mal chiste. Pero no. Palabrita del Niño Jesús. Ya está en la prensa. El Ministerio de Igualdad (departamento de Ocurrencias Estrambóticas, sección de Barbaridades) instó ayer oficialmente a las empresas privadas españolas a denunciar las “miradas impúdicas” que perpetren sus trabajadores machos hacia sus trabajadoras hembras. En un alarde de puritanismo digno de la Santa Inquisición, en un renacer calvinista propio del siglo XVI, en un apogeo del más rancio nacionalcatolicismo franquista, la mirada de un hombre cuando se cruce con una mujer en los pasillos de la oficina será clasificada por expertos según su grado de lascivia>>.

Bien. Y en ese tono de guasa, seguía el artículo. Porque a guasa hay que tomar a un Ministerio al que le molestan las “miradas impúdicas”, pero que defiende la prostitución como un derecho a proteger; unas gentes que afirman que el sexo no existe, pues es una invención humana, y que tan sólo existe “el género”; pero unas gentes a las que (paradójica y contradictoriamente) les molestan expresiones corporales tan de tipo sexual como el piropo, el suspiro, el halago o la erótica mirada de un amigo cargada de mensaje o de intención.

Pero hoy no me apetece bromear con esas gilipolleces. Hoy hablaré de la indignación que me produce la doble vara de medir del Ministerio de las Miradas Impúdicas, del Ministerio de las Madres Ursulinas de la Santa Inquisición, también conocido como el Ministerio de las Chicas, Chicos y Chiques, donde todos cobran cheques, y donde si te sales de sus puritanas consignas podrías acabar en la checa. Cachis.

Hagamos un juego de roles. Verás qué bonito.

Imagina, lector, que te entrevistan en la radio o en la televisión pública. O imagina que te contratan para un programa de humor en la tele. E imagina que te preguntan cuál es tu deseo más oculto. E imagina que tú, como respuesta, dices que tu deseo más oculto es que Irene Montero e Ione Belarra (ambas) te hagan una felación. Y ahora, durante medio minuto, intenta imaginar las consecuencias de esas hipotéticas palabras tuyas: el merecido linchamiento social, las merecidas querellas criminales, el merecido escándalo mediático, la merecida respuesta del mundillo feminista.

¿Lo has imaginado ya, lector? ¿Sí? ¿Te has echado a temblar con las consecuencias de tu frase? ¿Sí? Pues sigamos con el juego, pero esta vez con el caso real.

Imagina ahora TV3, la Televisión Pública Catalana: ese lodazal donde hozan los cerdos más cerdos del separatismo patrio. Imagina un programa de “humor” pagado con dinero público. Imagina a dos individuos que se preguntan, en directo, cuál es su deseo más oculto. E imagina que ellos, en respuesta a su propia pregunta, dicen que su deseo más oculto es que la reina Leticia y la princesa Leonor (ambas) les hagan una felación. Y por si no has reparado en el detalle, amigo y amiga que me lees, se están refiriendo a la esposa del Jefe del Estado y a una menor de quince años.

Y ahora, por medio minuto tan sólo, imagina las consecuencias que esas palabras han tenido para quienes las han pronunciado y para quienes las han emitido. Imagina cuál ha sido la reacción del Ministerio de las Miradas Impúdicas, del Ministerio de las Madres Ursulinas de la Santa Inquisición, del Ministerio de las Chicas, Chicos y Chiques. Imagina las declaraciones de una ofendidísima Irene Montero, las actuaciones ejemplarizantes de la Fiscalía General del Estado y del Fiscal de Menores, las peticiones de perdón del Gobierno Catalán, los ceses en TV3 o las muestras de furor del mundillo feminista.

¿Las has imaginado ya, lector? ¿Sí? ¿De verdad? Seguro que has acertado.

Pues eso es lo que hay: delincuentes al mando del barco.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.
Hasta la punta del nabo.




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