Sólo dos grandes se han dedicado a recordarle. A escribirle unas líneas de las cientos de miles que él nos ha dejado a todos. Sólo dos: Correal y Burgos. Eso además, les hace más grandes, y a él también.

José María de Mena se merece al menos cien. O doscientos artículos que lo intenten igualar, porque de él se han alimentado tantos otros, y por él se han fraguado y se siguen fraguando tantos artículos como leemos a diario sobre Sevilla. Artículos firmados por juntaletras que han hecho suyas las palabras del único que creó historia social de Sevilla. La pre-historia que alguna vez fue contada y que al plasmarla en papel se convirtió en tal historia. Esa que él puso en letras de molde, la que él gobernada, y que puso en contexto histórico todo lo que en la ciudad sólo conocía de forma dispersa algún diácono de parroquia, un arcipreste o alguna rata de biblioteca.


Recopilado de forma tan amena que era inteligible para cualquiera, sin necesidad de que el lector tuviera grandes conocimientos históricos.

En los mostradores de las tabernas donde los cofrades comían pescao frito, se tiraban el pisto de saberlo todo de las tradiciones y pequeñas historias de la ciudad, cuando lo único cierto era que habían leído los libros de José María de Mena.

Pontificaban, cuando lo único que estaban haciendo era repetir lo que contó de Mena, incluidos sus pequeños errores o digresiones. Hasta los cocheros conocían esas historias por Mena.

Y hoy sigue el mismo camino. Tantas Lágrimas de San Pedro, tantos Jardines de Hércules, tanto Bécquer en el parque de María Luisa, tanto santo y tanta calle, tanta tradición de años… Todo lo que se les ocurra señores, que puede ser factible de leyenda o tradición (en el sentido exacto de la palabra, no en el que adoptamos ahora, que pasa dos años seguido algo y lo hacemos tradicional), todo eso, lo encumbró José María de Mena.

Dudo, desde el desconocimiento más absoluto, si alguna vez se le invitó a uno de esos actos que tanto gustan para ojanar a los demás; una entrega del premio FULANITODETAL o BENGANITADECUADROS o a un mísero pregón de esos en los que el 90% de las palabras es plagio de su letra. Pero también dudo, y de esto estoy segura (aunque pueda parecer contrariedad), de que de haber sido invitado, si tuviera que dejar de asistir a sus niños con problemas, a los inválidos civiles, a la Cruz Roja o a sus visitas a hospitales para acudir a esos actos, lo habría aceptado. Estoy segura de que no.

Es por eso que les digo: ¡batallones! Firmes, en fila. Salvas de honor al padre de vuestro pan, desagradecidos. Escriban y honren al que les dio su pie para que cada día otros muchos lean lo de ustedes. Hónrenle, porque mientras estuvo vivo no tuvieron los bemoles de hacerlo.

Que D. José María de Mena es parte del espíritu de Sevilla, de ese espíritu que él siempre adoró. Ahora esa alma es más rica porque él la rellena.

Atrévanse, y reconozcan al otro, honren también ahora a los grandes que aún viven. Antes de que sean parte espiritual de la Sevilla que ustedes no serán. No sean envidiosos, ni cobardes. Háganlo, porque a ustedes seguramente solo les quedará el haber aprendido de ellos, sin reconocerlo.