Disminuidos y discapacitados

Por más que nos guste presumir de sociedad avanzada, si éstas se miden por su preocupación y dedicación hacia los más vulnerables, difícilmente lo merecemos.

Y como muestra ahí tenemos al Gobierno buscando pactar con el PP la sustitución del término «disminuidos» por «discapacitados», en el art. 49 de la Constitución que mandata a los poderes públicos una política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos, a los que prestarán la atención especializada que requieran y los ampararán especialmente para el disfrute de los derechos.

Pero lo cierto es que, tan exquisita sensibilidad es meramente literaria, pues cuando se refiere a amparar a seres humanos en gestación, en la práctica parece existir un protocolo letal que aconseja dar muerte a aquellos en los que se detecte alguna señal de poder ser disminuidos o discapacitados. Como está sucediendo con los fetos que generen la mínima sospecha de tener síndrome de Down: un grupo humano que está padeciendo un genocidio silencioso a través del aborto. Mas como denunciar esto significa cuestionar un acto de muerte que insistentemente pretenden vendernos como un progresista derecho sexual (?) de la mujer, apenas cabe ya discrepar.

Conclusión: los eliminamos, pero sin llamarles disminuidos, sino discapacitados, que suena mejor. Lo de comulgar con ruedas de molino es un símil que, a fuerza de practicarlo, nos resulta hasta gustosamente digerible.




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