¿”Delendus est” Partido Popular?

Estaba a punto de escribir un comentario sobre los resultados de las elecciones autonómicas de Castilla y León cuando me llegaron los ecos del movimiento sísmico producido en la política española por el enfrentamiento dialéctico fratricida producido entre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidente y el secretario general del PP, Pablo Casado y Teodoro García Egea. Aunque queden aún algunos puntos por esclarecer el desarrollo de los hechos fue más o menos el siguiente.

Enfrentamiento entre la dirección nacional del PP y Díaz Ayuso

Díaz Ayuso ganó las elecciones autonómicas madrileñas en mayo de 2021 de forma aplastante, quedando a tan sólo cuatro votos de la mayoría absoluta, sacando más escaños que todos los partidos de la izquierda juntos y pudiendo gobernar en solitario. Este inesperado triunfo frente al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y al vicepresidente, Pablo Iglesias –que tuvo que abandonar la política activa tras su fracaso- no plujo a la dirección nacional del PP, al estimar que la engrandecida figura de la presidente madrileña podría hacer sombra al presidente Casado y dificultarle el acceso a la presidencia del Gobierno. Las lógicas aspiraciones de Ayuso a presidir el PP madrileño aumentaron las suspicacias de García Egea y sus “aparatchiks, que retrasaron “sine die” la convocatoria del Congreso regional e instaron a la presentación de otros candidatos, propugnando la tercera vía de elegir a un candidato distinto de la presidenta de la Comunidad o del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida.

En septiembre, Ayuso se entrevistó con Casado, quien le informó que tenía un “dossier”  que le habían filtrado desde la Moncloa, en el que la vinculaba con un asunto de corrupción relacionado con la firma en abril de 2020 de un contrato de la Comunidad con la empresa Priviet Sportive para la adquisición de mascarillas por valor de €1.512.500, en el que había actuado como intermediario a su hermano Tomás. El 20 de octubre, García Egea le informó de la apertura de “un procedimiento de buenas prácticas” para realizar una averiguación interna sobre si su hermano había recibido alguna comisión por la operación, le pidió que aportara más información sobre el caso y le instó -¿amenazó?- a que no presentara su candidatura la presidencia del PP madrileño. Ayuso consultó con su hermano, quien le dijo que la transacción había sido legal y debidamente declarada a Hacienda. La presidenta justificó la firma del contrato por un procedimiento de urgencia por la necesidad de comprar mascarillas para el hospital de campaña instalado en el Ifema. 

En diciembre, alguien de la Empresa Municipal de la Vivienda del Ayuntamiento había pedido a la agencia de detectives Mira que le facilitara la declaración de Priviet a Hacienda y datos de sus cuentas bancarias, a lo que ésta se negó por tratarse de una acción ilegal. El director de la agencia, Julio Gutiez, informó de ello a Ayuso, quien a su vez se lo comunicó al alcalde, que dijo no saber nada, pero que lo investigaría. El presidente de la EMV, Álvaro González contactó con la agencia y Gutiez le confirmó el encargo. El 16 de febrero de 2022, “El Mundo” publicó la noticia sobre el intento de espionaje y Martínez-Almeida manifestó que si alguien en el Ayuntamiento había cometido alguna ilegalidad sería cesado. Habló con el coordinador general de la alcaldía, Ángel Carromero, quien, poco después, presentó su dimisión -según Casado- para no comprometer al alcalde. 

Un día más tarde, Ayuso convocó una rueda de prensa en la que acusó a Casado y a la directiva del PP de urdir un plan para destruirla políticamente y de estar fraguando supuestos casos de corrupción para desacreditarla, incluido un intento de espionaje a su familia con el fin de recabar pruebas contra ella. Señaló que siempre había sido fiel al PP, a su presidente y a la dirección nacional, así como a las relaciones institucionales entre la Comunidad y el Ayuntamiento. Manifestó que no comprendía cómo, tras haber luchado tanto, habían llegado a “meternos ahora en movimientos absurdos como éste, más propios de personas que no saben lo que es gestionar  una administración y andan de pasillo en pasillo sin responsabilidad alguna”.

Casado guardó silencio, pero lanzó a su doberman particular, García Egea, que se dio por aludido y respondió que había pedido explicaciones a Ayuso por su presunta implicación en un caso de corrupción y que no había obtenido más respuesta que ataques, infundios y calumnias, a los que no habían querido responder (¿?). La dirección nacional no podía aceptar que nadie utilizara las siglas del partido para blindarse antes problemas en los que pudiera verse envuelto. Aunque se pudieran obtener buenos resultados electorales, ello no eximía de los deberes de rectitud y de lealtad. Ayuso había vertido acusaciones gravísimas contra el presidente del PP y contra la dirección nacional que eran inimaginables de creer. “Muchas personas se preguntan ahora mismo si este asunto guarda relación con las diferencias entre la dirección nacional e Isabel Díaz Ayuso respecto a la fecha de celebración del Congreso del PP de Madrid. La respuestas es Sí”. Pese a reconocer de que no tenían pruebas –en cuyo caso lo habrían denunciado ante los tribunales-, García Egea le ha negado la presunción de inocencia e invertido la carga de la prueba, pidiéndole que demostrara su inocencia. 

Esta mañana, tanto Casado como Ayuso han en expuesto sus posiciones en la COPE en sendas entrevistas con Carlos Herrera. Casado afirmó había  pedido a Ayuso explicaciones porque  no era ejemplar que su hermano cobrara una mordida de €283.000 por un contrato adjudicado por su Gobierno, lo que podría llevar a suponer que se había producido tráfico de influencias, pero no le había respondido. Era un tema que se debería haber aclarado en privado y evitado un espectáculo lamentable. Negó que hubiera recibido información directamente de la Moncloa y que le había dicho que no creía que procediera del Gobierno, aunque sí de alguna entidad pública. Desmintió que el PP hubiera contratado a ninguna agencia para investigar a la familia de Ayuso, que no existía prueba alguna contra su partido, y que se estaba haciendo un montaje para evitar poner el foco sobre la cuestión que él pretendía aclarar. Concluyó afirmando que la guerra podría concluir de inmediato si la presidenta explicaba en concepto de qué había cobrado su hermano alrededor de €300.000 por un contrato otorgado por su Gobierno.

Diaz Ayuso comentó que su hermano tenía derecho a ganarse la vida como profesional en un sector farmacéutico en el que llevaba trabajando 26 años, que las relaciones comerciales entre particulares no eran ilegales y eran ajenas a la Administración, y que su Gobierno había celebrado miles de contratos por vía de urgencia con muchas empresas y todos habían sido fiscalizados por Hacienda y figuraban en la red de transparencia de la Comunidad. Alegó que no era cierto que no hubiera contestado a las demandas de explicación de la dirección nacional, retó a que alguien probara que ella o sus consejeros habían movido un dedo para beneficiar a su familia, y se quejó de que su partido le achacara -sin prueba alguna- un delito o falta de ejemplaridad, y le exigiera que demostrara su inocencia. Respecto al origen de la información acusatoria, insistió en que Casado le había dicho que procedía de la secretaría general del Gobierno. Procede plantearse la pregunta de “qui prodest?, ¿a  quién beneficiaba la filtración? Ha señalado que su hermano recibió €55.850 por su labor de adquirir las mascarillas en China y traerlas a Madrid y no por comisiones.

Evolución del PP

Por la indefinición ideológica, la falta de respeto a algunos de sus principios básicos y el “dontamcredismo” de Mariano Rajoy, el espacio de centro-derecho que ocupaba el PP se ha ido deshilachando por la izquierda a causa de Ciudadanos y por la derech a causa de Vox. Tras el eclipse de Rajoy por culpa de la moción de censura “frankensteiniana”, Casado lanzó un ilusionado llamamiento a la regeneración del partido y llegó sorpresivamente a la presidencia frente  la “pubilla” rajoniana, Soraya Sáenz de Santamaría, pero el impulso regenerador duró poco, pues abandonó la lucha cultural, prescindió de personas de prestigio ideológico como Cayetana Álvarez de Toledo y Gabriel Elorriaga, y se rodeó de mediocres, entre los que destacaba García Egea. Al igual que Irene Montero o Adriana Lastra, no debería éste haber pasado del cargo de concejal en una pedanía murciana. Este Rasputín de provincias es el principal responsable de la lamentable situación del PP, pues le tiene comida la moral a Casado y controla de forma autoritaria el aparato del partido. Se ha enfrentado a todos los barones autonómicos y a los líderes regionales, a los que tiene atados en corto.

Rafa Latorre ha dado una adecuada descripción del personaje. García Egea jamás se ha sometido al escrutinio de las urnas, no debe su cargo orgánico al apoyo de los militantes, no ha probado su competencia en la gestión de entidad alguna, ni ha tenido que satisfacer otro criterio que el de Casado. “Su único rastro en la historia del PP será el haber trabajado con enorme eficacia para convertirlo en un partido invotable”. Tiene su mérito ya que ahora se dan todas las condiciones para que el PP crezca vertiginosamente. Todo apunta al éxito, pero el conspira obstinadamente por el fracaso.Este será su legado, una determinación férrea, verdaderamente encomiable, por arruinar cualquier atisbo de brillantez en el partido”. Es un ejemplo de la sucesión de maniobras con los que ha minado la autoridad de cada uno de los que en el partido gozan de lo que él carece, la “auctoritas” que conceden los votos. Sólo tiene  “potestas”, un poder otorgado por la voluntad del presidente y que ejerce de forma brutal. “Este selecto ejemplar de mediocre es capaz de destruir todo un partido con tal de gobernar sus cenizas. El paupérrimo ticket Casado-García Egea ha comprometido el ticket más prometedor del PP en décadas. En el intento de aniquilación de Ayuso, han hecho girones con el pellejo de Almeida, quién sabe con qué grado de complicidad por su parte. Así es como se destruyen las organizaciones”.

El PP ha dejado de sangrar por su izquierda por el proceso de desintegración auto-infligido por Ciudadanos, pero Casado ha sido incapaz de recuperar la mayor parte de esos votos, como se ha puesto manifiestos en la elecciones autonómicas en Castilla y León, donde -tras forzar el adelanto de las elecciones- ha fracasado en dar un “ayusazo”, porque Fernández Mañueco no es Ayuso y Madrid –aunque sea Castilla- es muy diferente de Castilla y Léon, y los intereses de los castellano-leoneses no coinciden necesariamente con los de los madrileños. Casado se ha implicado de hoz y coz en la contienda, pero ha errado en la estrategia, al plantear una campaña centrada en el  enfrentamiento con Sánchez e ignorado la problemática regional, mientras que Vox se ha pegado al terreno, le ha comido la tostada y se ha embolsado los votos de Ciudadanos y algunos del propio PP, y no ha sido ni siquiera capaz de ganar en su tierra palentina. Ha obtenido una victoria pírrica a los puntos -0.2% más en votación y dos escaños-, pero –como ha observado Raúl del Pozo-, aunque haya ganado el PP, ha perdido Génova, con lo que Casado ha salido debilitado. Al final ha hecho un pan como unas tortas, porque se ha quedado como estaba, pero con la diferencia que, si antes dependía de un socio relativamente fiable como Ciudadanos, ahora va a depender de Vox, que es un “melón por calar”, pero que presenta visos de populismo y afinidades electivas con la extrema derecha europea que pueden resultar peligrosos. 

La izquierda se ha rasgado las vestiduras y ha ocultado el sartenazo que se ha pegado el PSOE – incluido Sánchez que, se ha involucrado al final de la campaña más de lo prudente-, tras una cortina de humo al grito de “¡que viene el lobo del neofascismo!, y advertido sobre la gran tragedia que sufrirá la democracia si Vox entrara en el Gobierno autonómico. Esto es una muestra más de su falta de espíritu democrático y su complejo de superioridad moral. El PSOE puede formar un Gobierno con comunistas –caso único en Europa- y considerar como aliados preferentes a los separatista de ERC y del PNV, y a los filoetarras de Bildu, pero el PP no puede hacerlo con Vox, que –a diferencias de los socios y aliados del socialismo- es hasta el momento un partido constitucional. ¡Bildu, sí, Vox. No!  Casado y su equipo, no han sabido cómo hacer frente al desafío de Vox. Cuando el PP ocupaba todo el espectro de la derecha, los comentaristas elogiaban este hecho y alababan que España fuera el único país europeo que carecía de partidos de extrema derecha. Tras la escisión del Vox del PP, sin embargo, cualquier intento de los populares de recuperar a los hijos pródigos o simplemente de pactar con ellos es considerado como una afrenta a la democracia. 

Que el PP y Vox formen un Gobierno de coalición en Castilla y León o en cualquier otra Comunidad española sería lo más normal y democrático del mundo, pero no va a ser fácil porque –aparte de las presiones injustificadas de la izquierda- Casado rompió los puentes con Vox y la comunicación con Santiago Abascal con motivo de la moción de censura de este partido contra Sánchez. Se pasó de frenada y, si bien estuvo acertado en la crítica al partido por sus políticas equivocadas, metió la pata hasta el corvejón al humillar injustamente a su presidente. Dijo que el PP había pagado en el País Vasco  un tributo de sangre que Vox pisoteaba y que, mientras él estaba en el colegio, Abascal ya desempeñaba cargos públicos, pero calló que el presidente de Vox tuvo que llevar escolta desde niño por estar él y su familia amenazados de muerte por ETA. Las palabras de Casado que -amén de ser falsas- eran de una increíble bajeza moral, fueron rechazadas por muchos de sus votantes, y Abascal nunca  las olvidará.

Como ha señalado Rajoy en su libro “Política para adultos”, aunque a él no le guste, sólo caben dos opciones en la actualidad : Gobierno Frankesnstein o PP + Vox.  El PP debe de negociar con Vox desde la razón y no desde las tripas, acordar un programa de Gobierno del que se excluyan sus extremismos y sus excentricidades, y forzarle a que module sus posiciones en contacto con la realidad de la gobernación, que hasta ahora no ha realizado. Hasta Podemos ha suavizado en buena medida sus posiciones más radicales desde que se convirtió en partido de Gobierno. De realizarse esta coalición, existe el riesgo de que sea el PP el que se radicalice en vez de que Vox se modere, pero hay que correrlo. La actual actitud de Casado no hace más que aumentar el número de seguidores y votantes de Vox, que se estará relamiendo de gusto tras la absurda trifulca entre Casado y Ayuso, y algunos sondeos ya presagian que este partido conseguirá lo que no logró Podemos con el PSOE: sobrepasar al PP y convertirse en la principal fuerza de la oposición. Si la directiva nacional sigue a este paso, puede que la opción apuntada por Rajoy se convierta en Frankesntein o Vox + PP. 

Casado se está haciendo el harakiri con la inestimable ayuda de su samuray García Egea, y está malogrando una ocasión única de devolver al PP al poder tras la desastrosa trayectoria del Gobierno de Sánchez, aliado con los peores enemigos de España. El partido accedió por última vez al Gobierno no tanto por sus méritos como por los deméritos del PSOE, y ahora no sólo no los aprovecha, sino que suma a ellos los deméritos propios y el cartero no siempre llama dos veces a la puerta. Gracias a la desacertada gestión opositora del PP, vamos a sufrir un nuevo mandarinato del peor gobernante que ha tenido España desde Fernando VII.

Reacciones ante los acontecimientos

El principal impacto se ha producido obviamente en el seno del PP, que no acaba de salir de su asombro ante el punto al que se ha llegado en este agudo enfrentamiento entre la dirección nacional del partido y la principal Comunidad que gobierna. El PP ha quedado profundamente dividido entre su cúpula directiva, que por lo general se ha alineado con Casado, y las bases del partido, que están con Ayuso. Mas algunos barones, como Alberto Núñez, han señalado que resultaba del todo inaceptable que el propio partido espiara a sus miembros y que, si tal fuera el caso, habría que depurar responsabilidades. Ha criticado a Casado por haber delegado su responsabilidad en el secretario general, porque -en un caso tan importante- era el presidente del partido quien debería dar la cara y tratar de encontrar una solución.

Los partidos de la izquierda han aprovechado la ocasión para hacer leña del árbol caído. El PSOE, Podemos y Más Madrid han pedido al Ministerio Fiscal que abra diligencias sobre el caso e inicie el procedimiento penal, en caso de que se considere que se han cometidos delitos de corrupción, tráfico de influencias o prevaricación. La portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, ha dicho que el PP había dado una muestra más de su grado de corrupción y la camaleónica Yolanda Díaz que el partido está descalificado para gobernar. El PSOE ha vertido lágrimas de cocodrilo al lamentar hipócritamente que la primera fuerza de la oposición se abra las venas en público y traslade una imagen deplorable de enfrentamiento interno, que genera desconcierto y desafecto entre los ciudadanos hacia la clase política. Ha olvidado el espectáculo que ofreció en octubre de 2016, que costó a Sánchez el puesto de secretario general, con acusaciones entre compañeros e intentos de pucherazo en urnas escondidas tras unas cortinas. También ha pasado por alto el “¡no es no!”, las purgas de los fieles al estilo soviético y los continuos enfrentamientos dentro del Gobierno con sus socios de Podemos y su aliados separatistas y filoetarras. Abascal no se ha pronunciado claramente, pero ha dicho que lo que era malo para España, lo era para Vox.

Según ha observado Iñaki Ellakuría en “El Mundo·, nadie podrá reprochar a Casado que no haya cumplido con su promesa congresual de trabajar a destajo para impulsar  la refundación del centro-derecha español tras el sesteante marianismo, aunque -en un giro inesperado- ésta se acabe materializando a partir de la implosión del partido que por el momento preside, y con el liderazgo de aquellos dirigentes a los que la enloquecida camarilla genovesa –conspiradores sin mañana ni clase- ha querido destruir. La obsesión de la dirección nacional con Ayuso es inexplicable y ha situado al partido en un punto de no retorno, sin posibilidades de sincera reconciliación o pactada conllevancia. “La comparecencia de Ayuso acusando a Casado de intentar acabar con ella de forma cruel y con oscuros tejemanejes, que exhuman el mismo olor que los que sufrieron Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre , así como la inmediata réplica de Teodoro García Egea, insistiendo en dar veracidad al rumor sobre una posible corrupción familiar, de la que admite –cual vulgar opositor podemita o tertuliano preescolar- no poseer mayor prueba documental que un oscuro dossier de fabricación monclovita, hace imposible que Ayuso y Casado puedan seguir mucho más tiempo cohabitando bajo las misma siglas”. 

Puede que Ayuso haya cruzado una línea roja con excesiva vehemencia, que le puede salir muy cara, pero para ella era una cuestión de decencia personal, amén de política, separarse de los desnortados moradores de Génova 13, sobre todo a raíz de hacerse pública la chapuza del espionaje más propia de la TIA de Mortadelo y Filemón que de un partido serio. Es posible que haya sido llevado a cabo por algunos advenedizos infiltrados en el Ayuntamiento de Madrid para hacer méritos ante sus jefes y no haber sido programado desde la planta noble de Génova, pero se trata de personas adictas a García Egea y han debido contar con su respaldo. En cualquier caso  –como en el caso de las meigas- “haberlos, haylos” y, por lo pronto, el ínclito Carromero ya ha presentado su dimisión o ha sido demitido por Martínez-Almeida.

El Mundo” ha publicado un editorial sumamente duro, en el que ha afirmado que no se vuelve del ataque irracional al mejor activo de tu sigla por una mezcla de inseguridad patológica, mediocridad política y celos absurdos. No se vuelve de la alianza clandestina con el adversario político  y mediático para completar una pinza siciliana ejecutada, no en aras  de la higiene democrática, sino del chantaje partidista. Pero, sobre todo,  no se vuelve de la traición frontal a tus votantes y nadie ha vuelto de su propio suicidio. No se entiende la deriva de autodestrucción escogida por la cúpula del PP. “Esa dirección dio crédito a un rumor filtrado por Moncloa  contra el hermano de Ayuso, según el cual éste había cobrado una cuantiosa comisión por mediar en la compra de material sanitario vital en la primera fase de la pandemia”. Hasta la fecha, no existe prueba alguna de ilegalidad en su desempeño, ni el PP ja sido capaz de  reunirla en tres meses de bochornosa búsqueda a través de una agencia de detectives, a la que recabó la tarea delictiva de obtenerlas sin autorización judicial en el entorno personal y familiar de Ayuso, para tratar de encontrar munición para chantajear a quien sentían que amenazaba su poder. “Los votantes del PP hoy saben que el partido al que votaron o al que pensaban votar estaba dirigido por una desafortunada conjunción de insensatos que ha decidido anteponer sus pequeños intereses a  personales a la construcción de una verdadera alternativa de gobierno”. 

Lo más que se ha llegado a apreciar es una “culpa in vigilando” de Ayuso y una falta de ética al permitir el lucro de su hermano a costa de su Gobierno. El fuego graneado  no procede del enemigo sino del amigo, y de él resulta más difícil protegerse, porque –como decía Pío Cabanillas- “cuerpo a tierra que vienen los nuestros”. La ausencia de liderazgo está provocando la desvertebración del PP y la deriva irá cada vez a peor -si la providencia no lo remedia- hasta el desastre final. Los barones han erigido portavoz a Alberto Núñez y pedido el cese de García Egea y/o un congreso nacional del partido. El PP ha iniciado un proceso antropofágico de autodestrucción y, si continúa por esa senda, “delendus est”.




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