Degenerando

Desde la terapéutica Transición, la política en España ha ido degenerando -como dijo el torero- hasta llegar a la época actual en la cual los políticos solo se guían por la idea notoria, pero mediocre e ineficaz, de a ver quién escupe más lejos, llegando algunos, incluso, a sustituir dicha acción por la de que a ver quién mea más largo y otros, los más gallitos del corral o de la manada, según se vea, la llevan al extremo inexplicable de competir por ver quién la tiene más grande. Aunque esta apelación se refiere al órgano masculino es válida, sin duda, para ellas también, las políticas, puesto que la expresión viene a ilustrar, no sobre la diferenciación de género sino sobre el ejercicio del poder. Para que se me entienda, hay ministras que presumen de “tenerla más grande” que otras y que otros compañeros de la camarilla del gobierno, lo que significa que exhiben o tratan de exhibir más poder real que los otros o, al menos, así lo creen. No olvidemos que en nuestro gobierno se da una circunstancia que queda relegada a escasísimos gobiernos, todos ellos de corte totalitario, como es que dos de sus miembros sean pareja. La ministra del caso “la tiene más grande” que muchas y muchos de los que mean juntos en la Moncloa. 

También hay que recordar, literalmente, que en la oposición hay un político que es campeón del mundo, o de España, de lanzamiento de longitud de huesos de aceituna con la boca, pero claro, presumir de esa habilidad estando dónde está, en el primer partido de la oposición, no lo lleva a ninguna parte. Se lanzan huesos de aceitunas solo para ser campeón del mundo o simplemente para competir, pero ahí queda todo. En cambio, cuando se escupe lejos es para dar un salivazo a alguien en el ojo o en la ropa impoluta y planchada. Figúrense cómo es la cuestión, además del daño infligido, -no olvidemos que el COVID-19 se transmite por la saliva, fundamentalmente- no es menos relevante el ridículo al que le sometería con el “gargajazo”. Y qué me dicen de los que se emplean a fondo para que su meada llegue a límites inimaginables. Hay políticos de algunos partidos que son verdaderos maestros en la cosa, no sabemos si es porque tienen muy desarrollado el musculo coccígeo o el de las ofensas miserables. Con su micción, ya húmeda ya fonética, tratan de denigrar desde el nombre de España a la democracia, a nuestra Transición y a todos los que trabajaron o dieron la vida por ella.

Pero no todos los políticos compiten en el apartado de a ver “quién la tiene más grande”. Esta competición queda reservada, prácticamente, a dos contrincantes, auténticos pesos pesados del ramo. Uno, porque le sobra argumento para darle por sálvese la parte a todo el que se le acerca. Y el otro, porque es docto y singular, por ser muy de izquierdas, en el glamuroso avatar de azotar a sus entregadas víctimas hasta que sangran. 

– Pero vamos a ver, ¿cómo hemos podido llegar a esta situación política tan nefasta y tan cerca del abismo, oiga?. 

Pues muy sencillo, amigo: degenerando, degenerando.

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