Decálogo para disfrutar la Navidad

Queridos tristones que aprovecháis las Navidades para afirmar públicamente vuestro rechazo a estas fiestas: he aquí mi decálogo para disfrutarlas como un enano desde que era un enano. Y esto va también para los aburridos funcionarios de la UE que hace unos días demostraron su cretinez sugiriendo felicitar la Navidad con ese lenguaje burocrático y nebuloso de los tipos que se niegan a vivir y a dejar vivir.

Naturalmente cada una de mis razones tiene su réplica, su otra cara o antítesis, pero yo me quedo con el lado luminoso de la luna. ¡Y ya puestos, también con la estrella de Belén!

He aquí mis 10 razones para disfrutar la Navidad:

🎄Porque se celebra un Nacimiento y eso es siempre un motivo de alegría. Si, además, quien nace es un niño fundador de una religión dos veces milenaria que ha sabido evolucionar hacía la paz y solidaridad, cuadramos el círculo y aumentamos la dicha. Y sí, ya se que hay curas malos. Y cooperantes y hasta gente ‘de progreso’.

🎄 Porque en este hemisferio es invierno y mola mucho salir a la calle con abrigos, guantes y sombrero, entre otras cosas porque te sientes un poco Bing Crosby en ‘Navidades Blancas’. Si, además, nieva, la perfección alcanza las cotas de lo sublime, especialmente para hombres del Mediterráneo como yo que ante la nieve nos derretimos de pasión.

🎄Porque es muy divertido y extemporáneo armar el Belén y el árbol (en casa lo ponemos todo) y hacerlo en familia, una sola vez al año en una especie de liturgia algo caótica y maravillosa. Se trata de un ritual que repetimos cada año de nuestra vida y en el que es imposible no resucitar rostros ausentes, ni revivir besos, miradas y abrazos distantes.

🎄 Porque nos regalamos recíprocamente cosas y abrazos, nos concedemos caprichos y en mi caso suelo engrosar mi biblioteca, y sigo disfrutando como un enano abrir ese paquete rectangular de 21×17 bajo el que intuyo cierto libro anhelado ¿Cuál será este año?

🎄 Porque comemos y libamos sin mesura ni reparos, como auténticos templarios o cosacos y, además, porque los gruesos abrigos de temporada disimulan el sobrepeso como si fuesen nuestra guardia pretoriana frente al ojo crítico.

🎄 Porque en general las ciudades suelen estar mucho mas bonitas, luminosas y engalanadas, como invitando a callejear bajo sus luces y hasta copos de nieve. Llamadme tonto, pero eso es sensacional y, además, un placer gratuito.

🎄 Porque no hay colegio y vuelven las vacaciones para padres e hijos, y durante esos días todo se conjura para que el núcleo familiar se disfrute al máximo, sin horarios, sin rutinas y con cine en familia, como en los buenos viejos tiempos.

🎄 Porque la familia confluye desde cientos de kilómetros solo para reunirse alrededor del Belén y, con suerte, también de los abuelos, y durante unos días recordamos nuestra infancia en los ojos ilusionados de nuestra prole y evocamos con dulce nostalgia todo lo bello vivido.

🎄 Porque las ciudades se llenan de exposiciones, conciertos de música sacra, belenes y liturgias religiosas que alimentan el alma del creyente y también de quien no lo es, porque la belleza y el ‘amor mundi’ no pueden encorsetarse y emanan por doquier estos días.

🎄Porque, por encima de todo (incluidas también las inevitables miserias), permanece eternamente un mensaje de amor y paz entre todos los hombres de buena voluntad (que no son pocos).

Fernando Navarro García




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