Trato hecho

Punta del Verde es esa franja ribereña del río Betis que se sitúa al sur de Heliópolis, el soleado barrio del final de La Palmera. Toda una alegoría. En tiempos se ubicaron en la Punta del Verde los Astilleros de Sevilla con sus barriadas de Elcano y Punta del Verde a ambos márgenes de la dársena. Albergaron a las familias de los trabajadores cualificados al servicio de lo que fuera aquella floreciente industria naval sevillana, hoy reconvertida o desamortizada, como ustedes prefieran.


En la reconquista de Sevilla para la cristiandad por el Rey Don San Fernando (Silvio dixit) fue decisiva la intervención de la primera “Armada de Castilla” comandada por el almirante don Ramón de Bonifaz y sus valerosos navegantes cántabros. Esta expedición, formada por trece embarcaciones de vela, cual trece barras navales, remontaron el Guadalquivir desde su desembocadura hasta la capital hispalense, donde lograron romper las cadenas del puente de barcas que a la sazón unía Sevilla con Triana. Dice la crónica del año del Señor de 1.248 que “en la rotura del puente consistió toda la victoria, porque los moros desde aquella hora conocieron ser vencidos”. Esta singular proeza quedó reflejada con honores en el escudo de Santander, donde aparece un barco rompiendo las cadenas del puente de barcas junto a la Torre del Oro.

Tomada cuenta por Don Fernando III de la gran importancia de una Armada Real, vio la necesidad de edificar unos astilleros donde construir naos para el servicio de la Corona de Castilla y León. Mas falleció el Rey Santo el 30 de mayo de 1.252, convirtiéndose en Patrón perpetuo de la Ciudad del Betis y del Arma de Ingenieros del Ejército de Tierra. Sería pues su hijo, Don Alfonso X “El Sabio” quien inaugurase las Atarazanas Reales de Sevilla edificadas extramuros de la ciudad a orillas del Guadalquivir entre la Torre del Oro, la Torre de la Plata, la Puerta del Carbón y El Postigo del Aceite. ¡Vaya un cahíz de tierra! ¿Verdad, señor Burgos?

Un último servicio rindió en estos confines del Reino el insigne Almirante Bonifaz. Al mando de su flota consiguió limpiar de obstáculos el cauce del río Guadalquivir desde Sanlúcar de Barrameda. Realizó un dragado para hacerlo practicable a las naves mercantes que arribarían desde toda Europa. Ya en el siglo XIII pudieron navegar y atracar en el Puerto de Sevilla. Hace casi ochocientos años que hablamos de la importancia de dragado, puerto y astilleros. Un rayo que no cesa.

En 1.945 el Instituto Nacional de Industria de España inicia la construcción de los Astilleros de Sevilla; en 1.955 se bota el primer buque fabricado por esta empresa estatal. En 1.966 se sufren momentos de crisis y se fusionan los Astilleros de Sevilla y Cádiz. Mejora la situación y en el año 1.976 España se encuentra entre los cinco primeros constructores navales del mundo. La empresa llega a generar entorno a veinte mil puestos de trabajo entre directo e indirecto. En 2006 Astilleros de Sevilla S.A. se privatiza y en 2011 se cierra esta histórica industria sevillana cuando quedan cincuenta y ocho empleados. Andalucía imparable.

Para la continuidad de este importante y estratégico polo industrial sevillano, quizás faltó perseverancia. Virtud que sobra a todos aquellos españoles quienes habiéndose formado brillantemente en nuestras universidades y habiendo aquilatado una extensa experiencia laboral, en vez de desplegar su potencial profesional en suelo patrio lo hacen fuera de nuestras fronteras. Allende los mares. Ellos, auténtico cuerpo consular de la sociedad civil de nuestra nación, representan el mejor distintivo de calidad de la marca España: La calidad humana. A propósito, “Perseverancia” es el evocador nombre de una tradicional taberna fundada en 1.836, que un nutrido y mejor hidratado grupo de damas y caballeros españoles residentes en Sudáfrica ha tenido a bien en convertir en sede social de la Peña Bética Ciudad del Cabo.