De PSOE al PSOP: “Lasciate ogni speranza”

Hoy me he despertado con una sensación de profundo pesimismo por la situación política en España, porque he ve vislumbrado en sueños la conversión del PSOE en el PSOP, el Partido Sanchista Oportunista Plurinacional. Según la autora material -vulgo, “negra”- de la supuesta autobiografía de Pedro Sánchez “Manual de resistencia” –en Sánchez todo es supuesto-, Irene Lozano, una de las grandes tragedias que le han ocurrido a Sánchez es la de “ser juzgado antes de ser conocido”. Ahora, ya conocemos suficientemente al presidente del Gobierno para poder hacer un juicio de él aunque sea en duerme-vuela.

Valoración de Pedro Sánchez

Sánchez es un hombre tenaz cuya principal virtud es lo que, en un anglicismo cursi, se denomina “resiliencia”. Aguanta sin pestañear lo que le echen. Nadie hubiera apostado un euro porque saldría vivo políticamente tras su humillante expulsión de la secretaría general del PSOE en 2016, pero se echó a la carretera y volvió, vio y venció. Se merendó a todos sus opositores y estableció una dictadura personal sobre el partido hasta hacerlo a su imagen y semejanza. De ahí se explica mi sueño sobre el PSOP. Tiene además buena planta y una excelente memoria, que le permite recitar con convicción los mensaje y discursos que le prepara su “gurú” Iván Redondo, y se expresa con soltura en varios idiomas, “rara avis” en un presidente español del Gobierno. Es un magnífico actor que sabe poner cara de niño bueno en sus homilías televisivas tipo “Aló Presidente” y hay muchos españoles que hasta se lo creen.

No tiene más ideología conocida que la de mantenerse en el poder a cualquier precio, si bien tiene una preferencia por evitar -haciendo todo lo posible y lo imposible-  para que la “derechona” no acceda nunca al poder. Por eso no ha tenido empacho en fundar su Gobierno Frankenstein fundado sobre tres pilares básicos de la anti-España: los antisistema de Podemos, los separatistas de ERC y los filoetarras de Bildu. La “resiliencia” de Inés Arrimadas de permanecer en la mesa de negociación  pese a los continuados desaires de Sánchez y el mantenimiento de la mano tendida de Ciudadanos para apoyar los Presupuestos Generales del Estado (PGE) hasta que ha sido evidente que el presidente ha optado libremente y con entusiasmo por separatistas y filoetarras, ha puesto de manifiesto la falacia del argumento, “made in Redondo´s factory, de que no había tenido más remedio que aliarse con ellos por la pertinaz e irresponsable actitud de la oposición de derechas de negarse a negociar los PGE.

Entre sus principales defectos se encuentran el cinismo, el recurso compulsivo a la mentira sin demudársele la color, la autosuficiencia, la ambición, la inquina hacia los que se oponen a él o le contradicen –ni olvida, ni perdona, y la falta de escrúpulos y de sensibilidad. .No ha mostrado la menor empatía hacía las numerosas víctimas del Covid19 y ha necesitado un año para –aprovechando la ausencia de su némesis Isabel Diaz Ayuso-poner los pies en un hospital madrileño, donde recibió un merecido abucheo, trastocándose los planes hagiográficos de su “spindoctor” con la maniobra.

Cuando el PSOE obtuvo sus peores resultados, Sánchez pactó sin el menor reparo con Pablo Iglesias. Según Alfonso Guerra, no le permitía conciliar el sueño, pero ahora duerme con él. Concertar un pacto con Podemos, los independentistas y Bildu no es democrático, a su juicio. Sánchez ha pasado todas las líneas rojas al pactar con un partido heredero del terrorismo etarra que no ha condenado sus asesinatos, al que ha blanqueado e incorporado a la dirección del Estado Guerra ha dicho que hay muchos socialistas a los que se les hace un nudo en la garganta por este pacto despreciable y que gritan “¡Con Bildu, no!”. Para Felipe González no se puede pactar con Bildu y ERC porque no son interlocutores válidos, pues tratan de romper la solidaridad y la cohesión entre los españoles. ERC y Otegui no están interesados en un pacto que favorezca a España, sino que quieren acabar con ella como espacio compartido. Ha reprochó a Iglesias su estrategia de llevar a España a un Estado plurinacional con derecho a la autodeterminación queno define un proyecto de país y eso habría que reconducirlo en algún momento.

A Sánchez estas críticas le resbalan porque él está por encima del bien y del mal y ha mandado a su escudera en el partido, Adriana ni-ni Lastra, a que responda a estos viejos cebolletas con sus batallitas. La portavoz/a del Grupo Socialista en el Congreso ha dicho que escucha a sus mayores –algo es algo-, pero que ahora hay una nueva generación que es la que lleva las riendas del partido y del país. ¡La juventud al poder! El pacífico Gonzáles se ha mosqueado con los comentarios de la niñata y le ha contestado que, aunque no represente a nadie, a él no le calla nadie y, quien trate de hacerlo, no es socialista. ”Hay gente que oculta su falta de ideas tras una cortina ideológica principista, dentro de la que no nada, sino vacío. No es socialista ni progresista tratar de romper a España o dividirla”.

¿Y cuál ha sido la reacción de los prohombres socialistas en activo, de los barones del PSOE? La mayoría no han dicho ni mu, y sólo unos pocos han dado un gritito para demostrar su descontento, pero dentro de un orden. Guillermo Fernández ha dicho que tuvo que ir a una farmacia para tomar un antiemético contra las náuseas, Javier Lambán ha comentado que Bildu y ERC eran unos aliados “inquietantes” y Emiliano Garcia Page ha pedido cándidamente a Bildu que se disculpe ante la sociedad española, pero -a la hora de la verdad-, han sido, como sus colegas, más mansos que unas vaquillas resabiadas. Las viejas glorias del partido han pedido a González que encabece un movimiento que aglutine a los críticos con la conducta de Sánchez dentro del partido, pero el ex–presidente ha declinado. Creo que ha hecho mal porque es la persona más prestigiosa del PSOE dentro y fuera de España y debería dar un paso más al de sus comentarios- aunque sólo fuera para contrarrestar las declaraciones de Rodríguez Zapatero, que ha aplaudido la decisión de Sánchez y le la dicho que no haga caso a unos viejos carrozas que estaban pasados de rosca-, porque Sánchez, amén de permitir la ruptura de España por sus socios, está destruyendo un partido de Estado, de estirpe socialdemócrata, con más de cien años de honradez y con mayor tiempo gobernando en la España democrática.

En un corto espacio de tiempo, el PSOE se ha convertido en el PSOP “ad majorem Sanchez gloriam” y -como todos los dirigentes autocráticos- el presidente ha prescindido de quienes no van con el amén por delante y de los que puedan hacerle sombra, y se rodea de mediocres, como José Luis Ábalos, Adriana Lastra José Manuel Franco o Rafael Simancas, y ha convertido al histórico partido en un erial. Las contrapartidas a los apoyos de sus “inquietantes” aliados no va a salir gratis. Para complacer a ERC, el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, ya ha anunciado la pronta presentación de una enmienda al Código Penal para rebajar las penas a los delitos de rebelión y sedición –siete años de prisión como máximo- para liberar a los sediciosos catalanes, alegando falsamente que era por “exigencia europea”. Un portavoz de la UE lo ha desmentido al afirmar que no se había producido tal exigencia. “No hay, ni ha habido, una petición formal o informal, de la Comisión Europea, del Consejo Europeo ni de la Eurocámara,, y  -ya fuera de la UE- del Consejo de Europa”. Los tiros van más bien por otro lado, pues la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo ha aprobado un informe en el que recomienda incluir los delitos contra el orden público y la integridad  constitucional cometidos con violencia entre los incluidos en la lista que obliga a la detención y entrega automática de sus autores. Podemos votó en contra..

La retribución a ese “hombre de paz” que es Arnaldo Otegui va a ser aún más onerosa. Como ha dicho la portavoz de Bildu en el Congreso, Metxe Aizpurua, lo hasta ahora obtenido por Bildu es totalmente insuficiente, “Hoy no acaba nada; empieza todo […] Vascos y catalanes avanzamos hoy más unidos y más fuertes que nunca”. Y  Otegui –entre cuyas pocas virtudes está la franqueza- ha afirmado que, de acuerdo con el Gobierno del Estado, espera celebrar pronto un referéndum de autodeterminación para proclamar la República Confererada de Euzkadi, con Navarra incluida.  

Un Gobierno largo en su composición y corto en su alcance

Padecemos el Gobierno más amplio en su composición y más incompetente en la historia de la democracia española: un presidente, cuatro vicepresidentes, dieciocho ministros y un “gurú”. Del presidente creo que ya he dicho bastante. Su última genialidad ha sido inventarse un Ministerio de la Verdad para que el Gobierno decida lo que es verdadero y lo que es falso, para amedrentar a los medios de comunicación. ¿Quién nos puede librar del cesarismo de este hombre? Me temo que sólo la UE.

Repasemos las vicepresidencias, que son cuatro como las sevillanas. La primera la ostenta la jurista Carmen Calvo, responsable de Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Histórica/Histérica. Sólo se ocupa del último tema de su amplia cartera y vive obsesionada con evitar que se escape el espectro de Franco de la cripta de Mingorrubio. Ha ascendido la memoria histórica al nivel de democrática y ha elaborado un proyecto de ley que es de un sectarismo integral y de vergüenza ajena.

La segunda, que en realidad es una presidencia-bis, la ocupa el omnipresente Iglesias –junto con las carteras de Asuntos Sociales y de la Agenda 2030-,  quien está en todos los lugares menos donde debería estar, como en las residencias de ancianos. Iglesias es una persona inteligente y astuta que –a diferencia de Sánchez, tiene un proyecto de Estado y un plan de Gobierno bien elaborado: acabar con la transición, derogar la constitución de 1978, destronar al Rey Felipe VI y proclamar la III República, aplicar una economía planificada controlada por el Estado y limitar la libertad empresarial, y permitir el derecho a la libre determinación de Cataluña, y en el País Vasco. Ha instado a Sánchez a abrir una nueva etapa política en España y avanzar hacía un Estado plurinacional –la última sigla del actual PSEE-.  Le ha prestado su plan y el presidente lo ha asumido como propio y está dispuesto a aplicarlo, por absurdo que sea,  con la ayuda inestimable de los independentistas y de los filoetarras. Por el momento, ha descubierto que la Constitución no es tan mala como decía y va como un predicador adventista con un ejemplar bajo el brazo y nos lee sus artículos favoritos, entre los que no figuran el 2 -que establece que la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad  de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, ni el 3 -que reconoce que el castellano es la lengua española oficial del Estado y que los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. Ha descubierto asimismo que ERC y Bildu comprenden mejor su espíritu social que el PP o Vox. “¡The Devil quoting the Bible!” –¡El diablo citando la Biblia!

.La tercera, responsable de Economía y Transformación Digital, está a cargo de la economista Nadia Calviño, experta competente y con experiencia internacional, que ha sido, sin embargo, boicoteada por Iglesias con la connivencia de Sánchez, y se ve obligada a hacer un “papelón” ante sus antiguos jefes de la UE. ¡Todo sea sufrir un “poquiño” para volver a Bruselas por la puerta grande! Vamos, niñas, a por la cuarta. ¡Ah. ¿pero hay una cuarta? Pues sí, la encargada de Transición Ecológica y Reto Demográfico, asumida por la jurista Teresa Ribera. No sé si habrá transitado mucho ecológicamente, aunque haya hecho daño a la industria del automóvil con su penalización del diésel, pero por reto demográfico ha transitado poco, pues España tiene una de las tasa de natalidad más bajas del mundo y no se ha puesto en práctica una política de inmigración controlada que permita cubrir el déficit poblacional.

De los ministros del PSOE, la gente conoce en especial a uno y medio por lo bueno y a cinco por la malo. En el lado positivo, la única que se salva plenamente de la mediocridad general es la ministra de Defensa, la magistrada Margarita Robles, que ha plantado cara a las insolencias y desplantes de Iglesias y ha defendido la integridad territorial de España. Sólo ella a mostrado una cierta empatía hacia las víctimas del coronavirus visitando la “morgue” del Palacio de Hielo. El medio corresponde al ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, el economista José Luis Escrivá, que fue un excelente presidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, pero que se ha visto cortocircuitado en su actuación por Iglesias y por la ministra de Trabajo. Como Ministro de Migraciones ha sido un auténtico desastre. 

En el lado negativo, hay un quinteto destacado. El más conocido es el ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, no tanto por su destreza en lidiar con los temas de su portafolio, como por sus devaneos aeroportuarios con la vicepresidenta venezolana y sus rocambolescas trolas. El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska es un ídolo caído que ha pasado de juez modelo y azote de terroristas etarras a cómplice de éstos, mediante su traslado a cáceles próximas al País Vasco –pese a no haberse arrepentido ni colaborado con la justicia- y la concesión de beneficios penitenciarios. La destitución del coronel Pérez de los Cobos por negarse a revelarle datos confidenciales de un sumario constituyó un claro caso de prevaricación. La ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, la médica María Jesús Montero, no sé en cuál de esos dos puestos es peor. Tras haber arruinado la economía de Andalucía, ahora trata de hacer lo mismo a nivel nacional con unos desastrosos PGE,  que han sido descalificados por el Banco de España, la AIREF, el FMI y la Comisión Europea. En su función de portavoz/a, su verborrea sandunguera e incomprensible me avergüenza como andaluz. La ministra de Educación y Formación Profesional, la profesora Isabel Celaá, es un caso patético de donde dijo “digo” como consejera de Educación del País Vasco, a cuando ha dicho “diego” como ministra. Ha elaborado la peor ley de educación de un Gobierno socialista –y mira que ha habido malas- y destacado por su sectarismo. Ha negado que el español sea la lengua oficial y vehicular en España, socavado la educación concertada y especial, y contribuido al empobrecimiento educativo de los estudiantes al permitirles que obtengan sus títulos pese a que tengan suspensos. El peor de este quinteto de la muerte es sin duda el ministro de Sanidad, el filósofo Salvador Illa, cuota forzada del PSC. Sánchez lo escogió para que mantuuviera las relaciones con las autoridades catalanas, porque con dedicar un par de días a  un Ministerio sin apenas competencias sería más que suficiente. Sin embargo, se produjo la hecatombe del Covid19 y el filósofo no ha podido hacerlo peor, con la ayuda del malhadado Dr. Simón. Lo vemos todos los días en las pantallas de la TV con su cara triste de empleado de pompas fúnebres, amargándonos la vida a los españoles con sus funestas noticias..

El español medio ignora que el Gabinete cuenta con una serie de ministros/as floreros o decorativos, como la de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, la experta en comercio internacional Aránzazu González Laya, el de Justicia, el magistrado Juan Carlos Campo, el de Ciencia e Innovación, el astronauta Pedro Duque, el de Agricultura, Pesca y Alimentación, el inspector del trabajo Luis Planas, la de Política Territorial y Función Pública, la funcionaria de la Comunidad de Canarias Carolina Darias, la de Comercio, Industria y Turismo, la economista Reyes Maroto y el de Cultura y Deporte, el filósofo del Derecho José Manuel Rodríguez Uribes.

Entre las carteras adjudicadas a Podemos, la única que medio se salva es la de Trabajo y Economía, dirigida por la jurista y ligeramente comunista Yolanda Díaz, que ha tenido que hacer frente a la proliferación de los ERE y los ERTE como consecuencia de la pandemia.. La joya de la corona republican es la ministra de Igual-da, la feminista “enragée” Irene Montero, quien, por méritos propios, habría llegado a lo sumo a ser jefa de negociado en un ayuntamiento de pueblo, pero que gracias a la protección del macho-alfa de su pareja, ha llegado a las alturas ministeriales. En la titánica lucha entre el feminismo y el machismo, en su caso ha vencido el segundo, para beneficio de la interesada y su abundante prole. Es más comunista que su propio protector y tan sectaria como él, y cuando elabora un proyecto de ley, saltan todas las alarmas jurídicas. El Ministro-Director General de Consumo, el economista Alberto Garzón,, coordinador federal de Izquierda Unida, es más marxista que Carlos Marx y cree firmemente que el comunismo sigue estando vigente como base de la democracia. Dado no tiene gran cosa que hacer, se dedica a denigrar al turismo, del que dice que no aporta a España ningún valor añadido, y ya no se atreve a regresar a su pueblo de origen -el turístico Rincón de la Victoria-, por temor a que lo linchen. El último ministro “podemita”, fruto de la cuota de los Comunes de Ada Colau, es el casi invisible ministro de Universidades, Manuel Castells, un albaceteño recriado en Barcelona que es separatista, pero no de Castilla/La Mancha, sino de Cataluña. En un profesor de Sociología, más conocida en Estados Unidos que en España y anda perdido en combate, aunque más vale que así sea, porque cada vez que reaparece es para hacer alguna trastada.

Cierra el elenco el superministro oculto detrás de las bambalinas y consejero áulico del presidente, Iván Redondo, un excelente publicista mercenario que se vende al mejor postor, un experto en mercadotecnia política  que –en reñida competencia con Iglesias- ha sido acogido por Sánchez como su “gurú” personal, inspirador de la política del Gobierno y especialista en efectos especiales, aunque a veces se pase de listo.

Fractura de la oposición de derechas

Ante este desastre Gobierno, ¿cuál es la situación de la oposición democrática? Pues  bastante mala porque –como ha señalado Raúl del Pozo- sigue desorientada y dividida entre el PP Ciudadanos y Vox. El PP no se ha recuperado del todo de su mácula de corrupción. Aunque sus máximos dirigentes no hayan estado directamente involucrados, sí lo han estado indirectamente por omisión o por su permisividad con los corruptos, especialmente en los niveles intermedios. Han recibido su merecido, pero quizás hayan resultado excesivamente castigados, en comparación con otros casos más graves, como los del PSOE con los ERE o los de CDC con los latrocinios continuados de la familia Pujol, que apenas afectaron a sus respectivas posiciones monopolistas de poder en Andalucía o en Cataluña. El PP perdió buena parte de su credibilidad y quedó anonadado tras la moción de censura contra Mariano Rajoy, basada en las acusaciones extemporáneas e inapropiadas del juez réprobo José Ricardo de Prada y a raíz de la puñalada por la espalda del PNV. Su actual presidente, Pablo Casado, está tratando de lavar la imagen del partido para convertirlo en alternativa de Gobierno, pero se ha encontrado con la enorme dificultad de un centro fracturado en tres partes, ya que Ciudadanos se ha separado por la izquierda y Vox por la derecha. El oráculo Iglesias ya ha profetizado que el PP nunca volverá al poder.

Ciudadanos –que surgió en Cataluña para hacer frente al independentismo- dejó un tanto desarbolada la casa madre para convertirse en partido nacional. Aunque Inés Arrimadas ganó las últimas elecciones catalanas, no sacó ningún provecho de ello y siguió a Albert Rivera a la capital del reino. El partido tubo un gran éxito en las elecciones de abril de 2019 al conseguir 57 escaños, aunque no sobrepasó al desquiciado PP, pero Rivera se negó a formar un Gobierno estable de coalición con Pedro Sánchez y prefirió forzar nuevas elecciones con la esperanza de convertirse en el líder de la oposición de centro-derecha, pero el electorado lo castigó haciéndole perder 47 de sus escaños. Su sucesora, Arrimadas, ha hecho de la necesidad virtud y ha girado hacia el centro-centrismo bisagra, pactando a babor y a estribor con sus 10 escuálidos escaños. En su diálogo con el PSOE se ha dejado ingenuamente liar en el juego del gato y el ratón de Sánchez, que la ha utilizado cuando la ha necesitado y luego le ha dado la patada de Charlot, abrazándose a sus reales aliados independentistas y filoetarras. El partido está en crisis, entre otras razones, por su indefinición ideológica.

Por la diestra ha surgido con fuerza Vox, que se ha aprovechado del hartazgo y del voto-protesta del electorado de derechas y  no sólo de ellas. Ha querido reafirmarse ante su partido de origen para asumir el liderazgo de la derecha y Santiago Abascal presento una absurda, por inviable, moción de censura, no tanto para atacar al Gobierno de Sánchez, como para importunar al PP. La adecuada respuesta de Casado resituó al PP en centro-derecha y lanzó a Vox a la extrema derecha, lugar donde se encuentra cómodo. Se ha lanzado de forma populista a la calle y adopta posturas contradictorias e incomprensibles como no presentar enmiendas a los PGE o abstenerse en el Parlamento Europeo en el informe sobre modificación de las órdenes de detención y entrega 

Con la escisión en la derecha y el masivo apoyo a los PGE de las partes que componen el monstruo gubernamental Frankestein, Sánchez tiene garantizada esta legislatura y probablemente las que sigan. Como se ha jactado Iglesias, tenemos Gobierno sociocomunista para rato, y ni siquiera podemos quejarnos porque tenemos el Gobierno que hemos votado. Se dice que el pueblo siempre tiene razón y -dada su terquedad- no cabe descartar que Sánchez siguiera sucediéndose a sí mismo, rodeado de su camarilla de monstruitos, que, más que unas Cortes, empiezan a parecer un Cámara de los Horrores. Viene a mi mente el letrero que Dante Alighieri situó en “La divina comedia” a las puertas del infierno: ”Lasciate ogni speranza o voi che entrate”. Espero que no sea así, porque Sánchez, Iglesias y Cia van a dejar a la democracia española en tal estado que no la va a conocer ni la Constitución que la parió. Que Dios o los hados nos protejan de la catástrofe que se avecina. Queridos dirigentes de la UE ¡Socorro!




   

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