De hispanicidios

No seré yo el palmero, de esta patria de odios tribales africanos que ha gestado la metástasis de las taifas que son la teta nutricia del fracaso de lo que fue la nación española. Fue España siempre madre generosa y matrona alimentaria de todos los traidores y madrastra de sus mejores hijos. España se desboca, sin mapas, sin puntos cardinales en una guerra consigo misma, en una derecha acomplejada que la honra y evoca en la Constitución con veneración de judíos talmúdicos para suicidarnos día a día, en la esperanza de ser ellos quienes ocupen las ubres generosas del pueblo al que desprecian. Luego no harán nada, simplemente engordarán las panzas de los tantos indeseables que han ocupado la carrera de San Jerónimo para seguir fragmentándola y saqueándola.

Consumado el cambalache de los felones, la recua de adocenadas meretrices de la prensa española, entre pusilánimes y dóciles al calor de la subvención, tratan de introducir matices entre el desprecio y el asco que provocan los trueques de los traidores y los traicionados, en su hispanicida concordia entre cobardes sin escrúpulos. Sus alianzas que orinan sobre la nación española entre el vino de la alegría y el desprecio por las lágrimas de una nación que se descompone podrida y normalizada entre la tracción la felonía y el desprecio de las leyes más elementales de la convivencia, mientras orinan sus borracheras de poder sobre manso rebaño en el que años de traición, y de robarles la lana le han acostumbrado al pueblo español. El matricidio de la Mater Hispania se consuma con unos indultos entre un consenso de traidores que venden la primogenitura de la nación y el estado de derecho, por un plato de lentejas que le permita seguir unos días más en la tienda de Campaña de la Moncloa.

En esta catábasis de Orfeo para traer a Eurídice al mundo de los vivos trata la tracia de traidores patrios que nos gobierna, de enamorar a la bella Eurídice del pueblo español con la lira de la propaganda, mientras duerme la vigilancia de Cerbero con una melodía diaria en los pulpitos del poder. Hay dioses del erario público que acceden, embelesados por su lira, pero exigen, la condición de que Orfeo no contemple el rostro de Eurídice hasta tanto ambos no hayan salido de los infiernos. Olvidan Sánchez como Orfeo, que no podrá contener su impaciencia y mira hacia atrás para ver el rostro de su amada Eurídice España que le sostiene en la Moncloa y que arrebatada como como Eurídice España le será arrebatada, o quedando definitivamente separada y camino del. En ese momento ella le es arrebatada, se convierte de nuevo en sombra y él es expulsado del infierno, quedando definitivamente separado de su amada y caminará definitivamente a las divinidades del inframundo de Hades y Perséfone

Somos esa estúpida nación donde cualquier cretino, infradotado para ganarse el pan con el sudor de su frente puede alcanzar plaza de diputado lamiendo culos o afiliándose al lodazal de los partidos políticos, que, acompañado de un puñado de votos, tan despreciable como él mismo, le elevarán a la categoría de prócer de la patria. La mucaca parlamentaria, que hoy ensucia nuestros telediarios, serán elevados a la categoría de arios de nacimiento, siempre y cuenten que Franco fue un dictador y cuando sus conocimientos no lleguen para opinar de nada, bastara decir que es un demócrata de toda la vida y que el 18 de julio fue un golpe de estado. No se pide más, por no pedir, no piden ni antecedentes penales.

Somos una nación, sumida en el pedregal de la derrota en el que camina con las rodillas desgarradas y con la barbilla de la vergüenza clavada en el pecho. El 2 de mayo de 1.808 se puso en pie sobre los caminos y los cerros, sobre los dinteles de su historia, sobre los muros de sus torres albarranas y alcázares, sobre las bóvedas de las catedrales y los campanarios de sus templos y tocó a rebato, contra el ejército más poderoso del mundo para defender su patria de los cortesanos de Godoy y que luchó contra unos gobernantes que plebeyizaban su historia y su raza con la ayuda de los cortesanos. Hoy como ayer los cobardes, los pusilánimes y la recua de la adoración nocturna de la Constitución, venden la patria por un puñado de monedas que les permitan mantenerse en la poltrona del poder, mientras tratan de echar nuestra historia y nuestra conciencia nacional al despojo de los Balcanes, al osario de las naciones, a la miseria moral de habernos dejado robar, la cartera, la historia, la justicia y la patria jugándonos dejar de ser el referente de dos mil años de historia.

España se desmorona ante nuestros ojos, mientras enarbolan la bandera de “que son los míos o porque son los nuestros” en esa hez hedionda y purulenta en la que la han convertido. Los indultos pesan sobre todos nosotros con una gravedad plomiza y lacerante de vergüenza mientras les perdonan hasta la responsabilidad económica de haber desviado miles de millones a un atentado contra todos nosotros, y todo por mantenerse en el poder. Los indultos nos ponen ante el espejo de que nuestros valores democráticos son contingentes y subjetivos para quien gobierna en cada momento y evidencia de que lo que importa es lo que conviene a sus intereses, pero además hemos visto como han ninguneado la monarquía señalándola como un apéndice más de la clase política a la que llevan al seguidismo puro en asuntos transcendentes. La Monarquía que concebimos como símbolo vivo de nuestra unidad y nuestra historia ha quedado vacía del contenido simbólico de la jefatura del estado.

Sánchez y sus cómplices separatistas han pasado la bayeta sobre la Constitución, las leyes, el Tribunal Supremo y la separación de poderes, contra la democracia misma y sobre la supervivencia de España, mientras la oposición hace embravecida un teatro que se agota en la cháchara de las tertulias y los recursos de leguleyos, mientras se ríen de nosotros todos nuestros enemigos de siempre como nación. Somos una nación que no tiene liderazgo moral, que perdió su bagaje ético sin que ningún caudillaje político sea capaz de dirigirla y armarla del valor de sus abuelos y perdidos en la esterilidad de lo inane, mientras nos despojan dela patria. Es la hora del pueblo, de la rebelión, de las calles, de decir que estamos aquí. Es hora de otro 2 de mayo.




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