De extrema necesidad

Cuando preguntan a algún representante de Vox si son un partido de extrema derecha, normalmente contesta que lo que son es un partido de extrema necesidad.

Y lo que podría parecer una salida fácil para escabullirse de la estigmatización que supone en esta sociedad enferma en que vivimos dicho calificativo (nunca entenderé por qué extrema derecha es denigrante y oprobioso y extrema izquierda es considerado meritorio y democrático, cuando las dictaduras mas criminales y avasalladoras de la historia han sido comunistas), no es tal, sino una verdad incontestable, y explico por qué:

Vox es de extrema necesidad porque no sólo ha sido, y sigue siendo, el ariete en la lucha judicial contra el golpismo separatista, hasta el punto de que, seguramente, de no ser por Vox, esos delincuentes y traidores a la Patria estarían en la calle riéndose de todo el pueblo español, sino que también es responsable de que el partido aún mayoritario en la derecha nacional, el PP, reconsidere su posición ideológica e intente retomar, veremos si lo logra, sus postulados fundacionales, intentando desprenderse de complejos y cobardías que, en gran medida, nos han llevado a la situación de cuasi catástrofe nacional en que nos encontramos. Y también es responsable y causante de que ese partido indefinido e indefinible llamado Ciudadanos deje ver su verdadera cara intransigente y su carácter, digamos, «cambiante», que le hacen poco fiable, haciendo honor al sobrenombre asignado por el mismo Vox de «veleta naranja».   

Pero, sobre todo, Vox ha traído al debate, y no sólo en televisiones y periódicos, sino también en las barras de los bares, las plazas públicas o las oficinas, asuntos que ya se daban por cerrados y dictaminados por la ideología dominante, la de la corrección política,  difundida y correspondientemente publicitada por los medios de la cuerda de la izquierda, que son la mayoría, merced a la delictuosa política audiovisual del anterior Gobierno. Asuntos como la memoria histórica, la violencia de género, el feminismo radical, las leyes LGTBI, la inmigración descontrolada, la permisividad con el islamismo y el consiguiente desplazamiento del cristianismo, la intromisión en los colegios para impartir, no conocimientos, sino ideología, sin consentimiento de los padres….y suma y sigue.

Todos esos temas, que la izquierda ha colonizado y la derecha tradicional, siempre acomplejada y cobarde, había asumido, se convirtieron en auténticos tabús, de los que no se podía opinar de manera diferente a la políticamente correcta so pena de ser tachado de facha, machista, homófobo, racista, integrista y un sinfín de descalificativos a cual más insultante, con el único objetivo de acallar al discrepante y que no se visualizara en la sociedad más que la opinión supuestamente correcta, siempre según la moral dominante. Lo que viene a ser, hablemos claro, una dictadura.  

Ya tan sólo por esto, es decir, por dar voz a todos aquellos (muchos) que no se atrevían a alzarla para discrepar de lo que, desde los medios o las redes sociales, imponía la izquierda desde su supuesta condición, asumida por ella y estúpida y acomplejadamente aceptada por la derecha, de «superioridad moral», es Vox de extrema necesidad.

Y le deberíamos, todos, incluso los que no le votan, eterno agradecimiento.



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