De cíborgs y grinders

Como aficionado al cine que soy, de vez en cuando comento en algunas conversaciones películas vistas a lo largo de mi vida, y entre ellas las de ciencia ficción, género que con el paso de los años se ha convertido en un clásico, y que nos sorprende al ver cómo algunas de sus “profecías” se han visto cumplidas y hasta superadas.

Viene al caso porque de un tiempo a esta parte estamos escuchando hablar de transhumanismo, una corriente cultural, o movimiento ideológico, que defiende la mejora de las capacidades físicas, intelectuales y psíquicas del ser humano mediante el uso de tecnología y métodos científicos. Su finalidad es que en un futuro nuestra especie transcienda los límites biológicos, y propugna el uso de la manipulación genética y la nanotecnología (tecnología que se dedica al diseño y manipulación de la materia a nivel de átomos o moléculas) como métodos para mejorar a las personas.

Hoy día nos resultan familiares las prótesis de titanio, el uso de los marcapasos para regular la estimulación del corazón y mantener la frecuencia cardíaca adecuada, el implante coclear, (permite que un sordo oiga a través de un micrófono externo conectado a su nervio auditivo) órganos internos artificiales (el primer corazón artificial data de 1969), y estamos avanzando hasta el punto de eliminar determinados genes indeseables mediante la manipulación genética. 

Hay ejemplos muy llamativos de hasta dónde puede llegar la implantación de esta tecnología: antenas conectadas al cerebro para captar ondas del espectro cromático y que puedan ver los colores personas con dificultad de visión; dispositivos para alterar el estado de ánimo mediante campos magnéticos y descargas eléctricas; conectar el cerebro a internet; electrodos injertados en la columna de parapléjicos que reconectan mente y piernas…

El desarrollo de la humanidad ha sido el proceso de evolución biológica de los seres humanos, desde el australopithecus, hasta el sapiens sapiens. Ha sido algo natural y nos hemos adaptado, lentamente, a lo largo de millones de años, pero hay quien afirma que en 2045 el hombre será inmortal. ¿Alargar la vida y llegar incluso a la inmortalidad?

En efecto, así lo afirma José Luis Cordeiro, hispano venezolano asesor de la Singularity University, entidad polémica porque no es realmente una universidad, sino más bien un centro de investigación privado. También asegura que “el envejecimiento es una enfermedad curable”, y que en poco más de 30 años, ninguna enfermedad podrá acabar con la especie humana. “Podremos parar el envejecimiento con una sola inyección”.

Poco a poco los transhumanos han ido ocupando el centro del escenario. Se empezó hablando de los cíborgs (organismos cibernéticos), la fusión de hombre y máquina, y luego llegaron los grinders, un subgrupo de individualistas a ultranza calificados de narcisistas: intentan modificar su propio ADN, toman rapamicina con la esperanza de alargar la vida, consumen sustancias nootrópicas para aumentar sus capacidades cognitivas,…

Mientras tanto, hay fondos de inversión que destinan sus recursos a este tipo de investigación, pues estiman que se creará un negocio a medio plazo que moverá en torno a 67.000 millones de dólares en 2028. Elon Musk ya está en ello, con su empresa Neuralink, pero no es el único: China tiene su propia versión (militar) de Neuralink, llamada Neuromatrix, enfocada a desarrollar armas de control mental (fuente: Financial Times), mientras que el Pentágono americano está financiando un programa para que sus marines sean capaces de comunicarse telepáticamente en el campo de batalla.

Las prisas por llegar el primero en esta carrera han hecho que seis de los ocho investigadores que formaban el equipo fundacional de Neurolink hayan abandonado, al exigírseles resultados en semanas cuando en ámbitos académicos se tardan años.

¿Qué dice la Filosofía de la Ciencia a quien quiera escucharla? ¿Qué visión antropológica del ser humano se nos queda al aceptar la ausencia de límites éticos? ¿Están llamadas las tradicionales clases sociales a convertirse en clases biológicas?

Estas interrogantes me han hecho recordar que el árbol de la vida en el Jardín del Edén se menciona nada más comenzar la Biblia (Génesis 2, 9) y también en su última página (Apocalipsis 22, 14) como característica destacada del Paraíso. Al fondo de todo, la búsqueda de la vida eterna subyace en la Humanidad desde sus orígenes hasta hoy. Nihil sub sole novum.

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com 




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

1 Comment

  1. Charo dice:

    Como madre de niña sorda con Implante Coclear, doy gracias al avance de las tecnologías; sin embargo hablar de inmortalidad es punto y aparte.

    Gracias por tu artículo Alberto.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *