De bisabuelos

Los ataques a la herencia española en Estados Unidos que con asombro hemos presenciado estos días, a través de los medios, a algunos nos han dolido en carne viva. No cabe cosa más dolorosa, injusta, zafia… y encima, tan absurda, tan sin venir a cuento (que estas cosas horribles se hagan en tiempo de guerra o de enfrentamiento entre dos países, todavía tendría un “pase”, pero ahora, ¿cómo, por qué, a santo de qué…?).

Afortunadamente, alguna reacción a esta barbarie ha habido; historiadores, juristas, articulistas de simple sentido común han señalado lo injustificado, es más, lo disparatado de estos ataques, y la Embajada española allí ha lanzado un comunicado expresando su disgusto ante estos sucesos. Desearíamos que la respuesta hubiera sido mucho más contundente, y más oficial, … pero algo se ha hecho. 

No hablaremos aquí de la labor de Isabel la Católica, de las Leyes de Indias, totalmente pioneras que se adelantaron en siglos a la legislación social de todo el planeta, del mestizaje entre españoles e indios, de la figura generosa y heroica de Fray Junípero Serra, de Colón, de Cervantes… No, porque requeriría LIBROS, y además ya están escritos. (Y por ende, ante lo obvio que no se ve, ¿vamos aquí a conseguir que lo vean? ¿Hablaremos, como de un tema nuevo, de la grandeza y la calidad humana de Cervantes…?)

Fijémonos sólo en un aspecto de la cuestión, tal vez el más desolador: lo poco que estas graves ofensas han herido a los españoles en general. Una inmensa mayoría de jóvenes y no jóvenes tiene alguna noción de Historia de España, sí, nociones en general muy “desmitificadas” y críticas; pero pocos parecen sentir afecto por ciertas grandes figuras.

¿Es necesario tenerles “afecto”? Bueno… La Humanidad se organiza en naciones, como, a otra escala, se organiza en familias. Una persona que encuentre una fotografía de su bisabuelo, a quien ni conoció, seguramente la mirará con algo parecido al cariño, y hasta con una cierta reverencia. Nada sabe de ese antepasado, salvo que le recuerda el misterio de sus propios orígenes; y probablemente le ofenderá si alguien le insulta. Amar a la propia familia no predispone a odiar a la del prójimo; más bien lo contrario.

En el caso de los ataques a Colón, a San Junípero Serra, a Isabel la Católica, a Cervantes… da la casualidad añadida de que son ataques disparatados, fruto de la ignorancia más absoluta; y estos personajes lo que merecen son alabanzas. Pero, como digo, aquí nos fijábamos sólo en un aspecto, para el que incluso daría igual que fueran más o menos admirables (como nadie soportará que insulten a su bisabuelo, haya sido como haya sido): en lo alarmante que resulta el que no nos ofendamos más.

“El hombre no tiene naturaleza, tiene historia”, dijo Ortega y Gasset. Es así. Al ser humano no se le puede conocer mirándolo con un microscopio. Sólo podemos saber cómo funciona estudiando Historia.

Colón es parte de nuestra vida. 1492 es acaso la única fecha histórica que pensamos es seguro que se saben prácticamente todos los españoles, sin duda la primera que recordamos haber aprendido. “Colón descubrió América” es de las primerísimas cosas que se saben, junto con el a,e,i,o,u, y los números del 1 al 10… Casi va unido al papá y mamá, a nuestras entrañas.

Otros ya han escrito libros, y se debe seguir haciendo, para desmontar la burda y zafia leyenda negra española, y recordar las infinitas hazañas (sí, por en desuso que esté la palabra. Pero el lenguaje ampuloso en este caso es el adecuado a los hechos, y aun se queda corto) de nuestros personajes históricos, de los que, aun con criterios de hoy, tenemos miles de motivos para estar orgullosos.

Pero iba a una cuestión más visceral, más importante todavía que si un antepasado nuestro fue bueno o fue regular. La cuestión es si seguimos siendo seres humanos o pasamos a ser ya otra cosa – una especie de gusanos. Porque sin Historia no somos. Este año no hemos tenido Semana Santa, no ha habido corridas de toros (y no importa que a unos les gusten ciertas fiestas o que despotriquen de ellas. Enunciamos simplemente los hechos). ¿Tendremos Navidad? Si el problema no es perderse una diversión, ni perder un negocio. Es perder la identidad.

Si ahora nos quitan a Colón, si desaparece de nuestro horizonte como gran punto de referencia… pues eso humanamente será muchísimo peor que si un terremoto nos hace perder nuestra casa. Porque aun sin casa, seguiríamos siendo nosotros. Aun sin casa, aun en la ruina, seguiríamos llevando consigo algo de Colón, de los Reyes Católicos, de Cervantes y Quevedo, y los santos misioneros en América.

Pero si perdemos esas referencias, tanto dará el haber nacido ciempiés.

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