De bellacos y rufianes

Por Javier Hernández García

El diputado por ERC, Juan Gabriel Rufián , este chico que dice que al rey sólo lo votó Franco, y que nació en 1982 en Santa Coloma de Gramanet, Barcelona, es decir 7 años después de morir el general, y que es hijo y nieto de andaluces de la Bobadilla (Jaén), -por parte paterna-, y Turón (Granada) –por parte materna- y que tal vez debería haber preguntado a su abuelo, que había pasado en el Campo de Concentración de su pueblo, donde más de 300 hombres fueron sometidos a trabajos forzados y posteriormente asesinados, así como algunos vecinos, por el mero hecho de darles o arrojarles un mendrugo de pan duro, porque ni comían, y no estaría demás que preguntara quién o quiénes participaron en su asesinato antes de la liberación por las tropas de Franco…

No estaría de más que, en lugar de reunirse con Otegui, preguntara por las familias de Pedro Romero Espejo o José Pérez Fernández, por ejemplo. Si su abuelo, que emigró a Cataluña a principios de los 60, ya no vive, le bastaría leer el libro “Mártires de Turón”, de Alfonso Zamora. Tal vez debería preguntarle a su abuelo, porque a principios de los 60, después de inaugurar el 1º de abril de 1959 la basílica, se buscó a los cadáveres para su traslado de los 301 falangistas asesinados en su pueblo y el gobierno de Franco empezó a hacer preguntas…

Este chico, que demostró en el Congreso saber poco de la historia reciente de España y la necesidad de convivencia de los españoles, no es extraño que sea independentista catalán mientras alguien le pague el sueldo.

Pero siendo nacionalista catalán, tal vez debería preguntar a su propio partido por los otros 6 campos de concentración que existieron en Cataluña, controlados por el SIM (Servicio de Información Militar), agencia de inteligencia auspiciada por el Ministro de Defensa Indalecio Prieto en colaboración con su propio partido, ERC, que acabaron controlándolos: el Pueblo Español en Montjuic (Barcelona), Hospital de l´Infant (Tarragona), Omells de Na Gaiga, Concabella y Ogern (Lérida) y Falset (Tarragona). Pero fuera de la jurisdicción del SIM y en manos de ERC, que estaba también el campo de Clariana de Cardener y el de la Pelosa, ¿cuántos catalanes fueron internados allí?

Según las fuentes, entre 5.000 y 10.000 hombres (esta última cifra es la del Estado Mayor del Ejército). También sería interesante que leyera lo que César Alcalá explica en su libro “Checas de Barcelona” sobre el testimonio de Luis Anglada Font.

Estuvo encerrado en la cárcel Modelo y en la de Mataró y fue trasladado al campo de concentración de Concabella (Lérida), dirigido por Andrés Párraga, afín a ERC, al que llamaban “monstruo de crueldad“; cuando se evadían gustaba de matar a otros en represalia. Explica Anglada que al llegar había entre 800 y 1.000 prisioneros; “al desmantelarse el campo sólo quedaban unos 200“.

La gente moría por agotamiento, desnutrición y enfermedades. Algunos murieron por las llagas que les provocaba la exposición al sol durante tantas horas. La alimentación era mínima: un chusco de pan, un puñado de guisantes o lentejas, y agua. Trabajaban de sol a sol, con pico y pala, cavando trincheras que no tenían utilidad.

Que recuerde lo que cuenta el preso Antonio Escamilla sobre las jornadas de “trabajo” de 6 de la mañana a 8 de la tarde con 45 minutos para comer: un tal “sargento López, con el látigo que llevaba en la mano asestaba golpes tremendos a aquel que intentaba descansar”. Unos desertores contaron que durante los primeros 15 días de reclusión habían fusilado a 32 compañeros. Un recluso fue muerto “a garrotazos por no poder recoger el rancho por propia mano, con el pretexto de que saboteaba a la República”.

Tal vez no estaría de más que a este individuo, que habla por ignorancia o por cinismo, alguien le recordara que en 2017 la Generalitat empleó presos para acondicionar su nave del butirrecuento del butifarrèndum. Y es que los nazis siempre tiran al monte.

Porque su desconocimiento de la propia historia familiar y del partido al que representa, luego le lleva a pedir, siendo ya diputado por Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), y aprovechando la conmemoración del 70 aniversario de la liberación del campo de concentración austríaco de Mathausen, reparación de las víctimas del Franquismo, y a exigir que el rey Felipe VI (que tenía 6 años cuando murió Franco), pida perdón de forma “pública y expresa” a las víctimas republicanas del Estado español que fueron deportadas a los campos de exterminio nazis sin contar las que ellos mismos provocaron, y que muchos de aquellos que acabaron en los campos Nazis eran Españoles Catalanes que huyeron en los años 36, 37 y 38 de la Cataluña de Companys, o cómo en ERC, a las órdenes de Aiguader, consejero de Seguridad de la Generalitat por ERC, fueron los precursores de los nazis alemanes con sus propios hornos crematorios en las Cementeras el Garraf, donde incineraban a “ sus muertos”, mucho antes de que los nazis inventaran la solución final contra los judíos, ya que ellos lo hicieron contra los miembros de CNT y de su propio partido, que acabó con más de 218 muertos en el edificio de Telefónica en la plaza de Cataluña de Barcelona, sin contar sus réplicas en Terrassa, Tortosa, Tarragona, Vic, etc y que han tratado de borrar de los libros de historia.

Recordarle también que el propio Tarradellas, el hombre que lo guardaba todo, dejó una colección de 700 documentos que hacen referencia al período revolucionario entre el 19 de julio de 1936 hasta después de los Sucesos de mayo de 1937, un período que comprende escasamente un año y en el que Cataluña vivió un periodo de agitación y el delegado de la sección novena de ERC, el día 4 de Julio, instaló una ametralladora en una torre de la calle Campoamor número 6, disparando a todo aquél que consideraba enemigo, al igual que las SS alemanas hicieron con las SA la noche de los cristales rotos el 30 de Junio de 1.934.

Gabriel Rufián debería ser consciente de que su partido era un partido de corte nazi, y que sus camisas verdes, pantalones oscuros y correajes de cuero, los famosos Escamots de Daniel Cardona y los hermanos Badia, se paseaban por Barcelona en desfiles de corte militar, como los ‘Fascistas’ alemanes.

Debería saber Gabriel Rufián, cuando hable de la represión franquista, que el anarquista Diego Abad de Santillán dice lo siguiente en “Por qué perdimos la guerra”: “Uno de los aspectos que más nos sublevaba era la introducción de los métodos policiales rusos en nuestra política interior. Las torturas, los asesinatos, las cárceles clandestinas, la ferocidad con las víctimas, inocentes o culpables, estaban a la orden del día […] Lo ocurrido en las checas comunistas de la España republicana cuesta trabajo creerlo”.

“En el Hotel Colón, en el Casal de Carlos Marx, en la Puerta del Ángel nº 24, en el Castillo de Castelldefels (gestionado por ERC) se perpetraban crímenes que no tienen antecedentes en la historia de la Inquisición”.

Sí, muy bien, pero nunca les importó el final de sus víctimas. Sólo eran enemigos de la República. Por eso se les tenía que exterminar. Eran cuerpos, no personas. Por eso no hubo listados de las personas que estuvieron en las checas. Si bien se podría pensar que no lo hicieron para protegerse, la realidad es que no les interesaba conocer la identidad de aquellas personas. Eran enemigos y por lo tanto, tenían que ser aniquilados.

Cuando hablamos de memoria histórica, sería importante recordar todo esto. Y cuando hablan de democracia los de ERC, habría que recordarles que el catalanismo de ERC con sus JEREC y los escamots del Estat catalá, fueron pensados y desarrollados desde el fanatismo ultra de admiradores de Hitler y Mussolini.

Que el propio José Dencás en 1934 huye por las cloacas de Barcelona con un equipaje ideológico supremacista, ultranacionalista y termina refugiándose en Italia, intentando hablar con el Duce para exponerle sus anhelos y establecer una alianza entre nacionalistas, ignorando por completo que el nacionalismo aglutinante de Mussolini, no era como el suyo, extremadamente racista y supremacista, mucho más próximo al de Hitler.

José Dencás salvó la vida por los pelos, porque Benito Mussolini, al conocer lo que habían hecho en Cataluña y que se encontraba en Italia, probablemente lo hubiera fusilado.

ERC tiene un fondo nazi que hoy pretende pasar desapercibido, pero que a cualquiera que se haya tomado la molestia de conocer un poco la historia de este partido, lo sabe y lo conoce.

Todo en el catalanismo desarrollado en los últimos años es falso, impostado, falsificado y falsificador de su propia historia, mentiroso. Su existencia se basa en el golpe de estado permanente, acusando de fascistas a los demás, cuando su propia ideología es profundamente racista, es Hitler redivivo que en lugar de señalar a judíos, señala a los españoles como bestias infames. Es el fascismo que los españoles en 1931 no eran capaces de discernir entre los dirigentes a quienes votaban, y que nunca dejaron de nombrar, llamando fascista al resto de los partidos siempre que no se tildaran de procomunista o bolchevique y bastaría recordar algunas de las expresiones de sus dirigentes actuales: “El andaluz es un hombre poco hecho, que vive en estado de ignorancia y de miseria cultural” (Jordi Pujol, ex presidente de la Generalitat de Cataluña); “Son carroñeros, víboras, hienas, bestias con forma humana (Joaquim Torra, ex Presidente de Cataluña); “Los Catalanes tienen más proximidad genética con los franceses que con los españoles (Oriol Junqueras, líder de ERC); “Con lo que damos nosotros reciben un PER para pasar una mañana o toda la jornada en el Bar” (J.A. Durán y Lleida, ex líder de Unió); “Los Españoles son españoles y son chorizos, por el hecho de ser españoles, desde mi punto de vista” (Joan Oliver, exdirector de TV3); “Arrimadas es inepta e ignorante. Debe echar de menos su pueblo. ¿Quién la obliga a estar aquí?” (Nuria de Gisper, ex presidenta del Parlamento catalán); “Los negros tienen una inteligencia inferior. Se debería esterilizar al débil mental de origen genético” (Heribert Barrera. Expresidente de ERC); “Mis hijos no podían jugar en el parque, me decían “madre, todos son castellanos” (Marta Ferrusola, esposa de Jordi Pujol…

Y todo esto debería ser recordado en el Congreso de los Diputados a diario, sin complejos, sin ese complejo que da lo políticamente correcto y que, por eso, el repaso de la Diputada Ana Vázquez, del PP, ha sido viral. Porque la sociedad que ellos desprecian y odian, está necesitada de que se defiendan las verdades que tratan de ocultar.

Pero es que si no fuera tan ignorante debería saber siendo diputado que el 1 de agosto de 1977, el Congreso designaba a siete diputados como miembros de la ponencia encargada de redactar un proyecto de Constitución. 16 meses después, el 6 de diciembre de 1978, los españoles validaban en las urnas el trabajo de esos siete padres y de todos los miembros de las Cortes Generales para dotar a España de una norma suprema acorde a los nuevos tiempos. De aquellos trabajos de los padres de la Constitución comenzaron a partir del 4 de julio de 1978 las sesiones para iniciar la votación definitiva de la Constitución.

Antes de aquella sesión, 38 diputados y una diputada, integrantes de la comisión constitucional, pulieron el texto durante dos meses de intensos debates parlamentarios. En dichas negociaciones para pulir el texto constitucional, dejan al Rey por presión de los nacionalistas catalanes y vascos, encabezadas en aquel momento por Heribert Barrera, sin la capacidad para someter a Referéndum, cualquier asunto relacionado con temas fundamentales como la Seguridad Nacional, la Integridad Territorial o las materias de Competencia de las Comunidades Autónomas que se iban a crear. Es decir, tragaban de palabra con un acuerdo nacional de convivencia, pero no renunciaban a sus pretensiones y pretendían dejar el camino expedito para esa andadura.

Debería tener conciencia de que los nacionalistas catalanes volvían a engañar a los constitucionalistas, y recordaba aquellas palabras de Negrín: “No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino”.

La sesión plenaria del 4 de julio era la primera de las doce que vinieron después para aprobar, uno a uno, los 169 artículos de la Constitución que votarían los españoles en el referéndum del 6 de diciembre. Su autor, Heribert Barrera, diputado de ERC, ese demócrata de toda la vida que soltaba perlas como “En América los negros tienen un Coeficiente Intelectual inferior a los blancos”, “Habría que esterilizar a los débiles mentales de origen genético” o “Es más importante salvar Cataluña que la democracia”, leyó su nuevo texto propuesto para la Constitución: “El Estado español, formado por una comunidad de pueblos, se constituye en una República democrática y parlamentaria que propugna como valores superiores la libertad, la justicia, la igualdad y el respeto al pluralismo político”.

El diputado republicano catalán reconoció en el pleno que su enmienda estaba abocada al fracaso: “Sabía de antemano que mi propuesta recogería muy pocos votos, pero me pareció esencial ser fiel a mis electores”. En un pleno con 317 diputados presentes, la apuesta republicana sólo consiguió nueve apoyos: tres procedían de escaños de UCD que se equivocaron al votar. Los otros seis entusiastas de la República fueron Emilio Gastón Sanz (Partido Socialista de Aragón), Enrique Tierno Galván (Partido Socialista Popular), Francisco Letamendia (Euzkadiko Ezkerra), Ramon Trias Fargas (CiU), Arana Pelegrí (PDC) y el propio Heribert Barrera (ERC).

La votación en el Congreso del texto que redactaron los siete padres de la Constitución y pulieron los 39 parlamentarios de la comisión constitucional, terminó el 21 de julio, 17 días y 12 sesiones después.

258 diputados apoyaron el texto, hubo 14 abstenciones y solo dos votos en contra (Francisco Letamendia, de Euzkadiko Ezkerra y Federico Silva Muñoz, de Alianza Popular). Luego la opción republicana fue votada en el Congreso de los Diputados elegidos ya democráticamente, y negarlo es faltar a la verdad y a la historia.

El diputado socialista Luis Gómez Llorente defendió un voto particular contra la Monarquía. UCD, los comunistas (PCE y PSUC) y Minoría Catalana, más Alianza Popular, hicieron frente común en la defensa de la Monarquía parlamentaria. El PNV se abstuvo en aquella votación.

Especialmente enérgica fue la intervención de Jordi Solé-Tura, ponente constitucional de los comunistas. Solé-Tura insistió en que la línea divisoria principal estaba entre la democracia y sus enemigos y añadió que “querer la República, hoy, con todas sus consecuencias, significa luchar por derrocar la Monarquía”. Y parece que algunos siguen en esa tesis a día de hoy, en contra de las tesis que no le fueron aprobadas en su día ni por las Cortes ni por el pueblo español.

Debería saber Gabriel Rufián que el 31 de octubre las Cortes Generales habían culminado el proceso parlamentario aprobando el proyecto. Ahora era el turno de la ciudadanía en referéndum y el propio Santiago Carrillo diría a la salida de la última sesión de Cortes: “Ha sido una limpia búsqueda de un acuerdo para despojar a la Carta Constitucional de cuestiones ideológicas que la hicieran impracticable o reprodujeran los términos de nuestras grandes querellas históricas”.

Era la cuarta vez en 80 años que el pueblo Español votaba una Monarquía. Lo que nunca votó fue una República ni su Constitución.

Tal vez alguien debería recordarle a Rufián las palabras de Agustín de Foxá: “Subían con el alba… Como piratas de nocturnas voces…”, y ya que se sienta en el Congreso de los Diputados, que alguien le recuerde que la ignorancia y la hipocresía suelen ir de la mano. ERC sí debería pedir perdón.




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