Dani Mateo o el oficio de escupir

Referirse estos días a Dani Mateo como humorista, es hacer que caiga muy bajo un oficio que tantos han honradoEspaña, la España de la que él toma su sagrada bandera para sonarse los mocos, la España de la que él trinca el dinero para lucrarse con la única capacidad de su mala baba y su repugnante saliva, esa España cuenta con un listado memorable de artistas grandes y cómicos geniales, maestros en la difícil categoría que es lograr que riamos en esta vida no siempre fácil y tantas veces cuesta arriba: Lina Morgan, Tip y Coll, Martes y Trece, Los Morancos, Gila, Miguel Caiceo, Eugenio, Paco Gandía, Andrés Pajares, Pepe Da Rosa, Fernando Esteso, Faemino y Cansado… Sigan ustedes recordando nombres inolvidables.

Pero Dani Mateo no está entre ellos. Jamás formará parte de ellos. Sólo es un leve apunte que el tiempo borrará en el conjunto de una época de gente sin talento que, por eso mismo, periódicamente recurre a llamar la atención, a decir que ahí están, a través de su única señal posible: el escándalo, el improperio e incluso, como ha hecho Dani Mateo desde la minusvalía de su presunto y nada demostrado ingenio, defendiendo a los autores y cómplices de la única historia que al parecer conoce, la de los crímenes de ETA.

Cuando se carece de la divina capacidad del humor y de ese toque de varita mágica que es hacer reír a los demás, parece que el único atajo que le queda a Dani Mateo es el vómito de sus podridas entrañas y salpicar de asco el recuerdo de tantas víctimas inocentes. Por decírselo en una clave inalcanzable para él, una de tantas claves donde ser humorista es de las cosas más serias y nobles que puede llegar a ser un verdadero artista, hasta aquí hemos llegado, Dani Mateo. Cruz y raya.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *