Hoy he recibido un cuento, no cuento, de Navidad. Un niño que tiene que emigrar como Aquél para salvarse. Un niño que nos demuestra que el mundo no es tan malo como algunos pretenden, ni tan dividido por ideologías o políticas egoístas. Mantengo su anonimato en la más grande de las virtudes, la inocencia. Gracias a este padre por hacerme partícipe y permitidme compatirlo con ustedes.
CUENTO DE NAVIDAD:

“En esta etapa de la historia de España, lamentablemente, el pueblo catalán en su conjunto está pagando la locura suicida de una clase dirigente egoísta y desquiciada que ha llevado a esa región, admirada antaño por todos los españoles, por ser una sociedad avanzada y moderna, próspera, cosmopolita y abierta a Europa, a ser denostada por buena parte de las demás regiones de este nuestro país y, en muchos casos, nos hace meter, injustamente, en un mismo saco a todos los habitantes de ese trocito de España.


Pero en estos días que el espíritu de la Navidad nos embarga a todos, en mayor o menor medida, quiero contar una historia, que no es otra que la de mi familia y mía. Ayer envié por mensajería, como cada año por estas fechas, un paquete con unos modestos regalos que van dirigidos a un hospital catalán. Les cuento la razón:

Hace nueve años quiso el destino que nos diera un vuelco la vida. Teníamos ya una hija de cinco años y esperábamos trillizos. Estábamos felices porque siempre habíamos querido tener familia numerosa, pero entonces ocurrió lo terrible: un adelanto brusco del parto hizo que estos niños vinieran al mundo a las, apenas, veintisiete semanas. Por supuesto fueron llevados inmediatamente a la UCI neonatal, las vulgares incubadoras, pero, en los días siguientes, nos sumergimos en un infierno que no deseo a nadie: dos de ellos sufrieron sendas hemorragias cerebrales.


Ahorraré, tanto al hipotético lector de estas líneas, como a mí mismo, el sufrimiento de los días y meses que siguieron, con los tres bebés en la UCI, y sabiendo además que, cuando salieran de allí, no retomaríamos la tranquilidad perdida y sentiríamos la felicidad de poder disfrutar de nuestros hijos, como cualquier padre o madre, sino que lo que vendría sería más sufrimiento y una tarea sin descanso para poder sobrellevar de por vida lo que nos había pasado: inopinadamente nos encontrábamos siendo, no la familia numerosa soñada con cuatro hijos sanos y maravillosos, sino una familia con dos hijos con parálisis cerebral y otros dos a los que esa circunstancia no nos permitía ni atender como necesitaban, ni disfrutar de ellos como cualquier matrimonio.

Vinieron en los años sucesivos decenas de operaciones con riesgo en cada una de ellas para la vida de ambos, operaciones que causaron ya un deterioro aún mayor e irreversible en uno de los niños, el varón, y múltiples daños en la otra niña, que nos hicieron desconfiar gravemente de los médicos que los atendían y del equipo de neurocirugía que los operaba, así como de la sanidad andaluza en su conjunto. En una de esas operaciones, la niña estuvo a punto de fallecer y entonces nos prometimos a nosotros mismos que, si de nosotros dependía, nunca más sería operada por ese equipo ni en ese hospital. Pues bien, al poco tiempo hubo de ser ingresada de nuevo, y de nuevo, ante nuestra desesperación, había que operarla. Nosotros, en todo este tiempo habíamos conocido (meses y meses de hospital, sin ver casi la luz de la calle ni a nuestros otros dos hijos…) de la experiencia de otros padres de niños en parecidas circunstancias y que nos habían hablado de una neurocirujana de un hospital catalán, que había operado a niños que habían sufrido, al igual que los nuestros, los desastres causados en sus cerebros por esa unidad de neurocirugía. Así que, ante la circunstancia de estar de nuevo nuestra hija ingresada en ese hospital sevillano y nuestro terror a que fuera de nuevo operada por ese equipo, nos pusimos en contacto urgente con ella (ya antes le habíamos contado el caso de nuestros hijos y habíamos hablado con ella) y ella, sin un minuto de duda, nos dijo: si podéis costearos el traslado de la niña a Barcelona y os plantáis en la puerta del hospital, yo y mi equipo saldremos a recibiros y la operaremos, aunque no tengáis el traslado del  expediente de la niña a la sanidad catalana, no os preocupéis.

Con la cría llena de cables y tubos y el riesgo real de un traslado de tantos kilómetros en ese estado, solicitamos el alta voluntaria a la dirección del hospital que, aunque en principio se negó, ante nuestra determinación no pudo más que plegarse a nuestros deseos. Con ayuda de nuestra familia costeamos un avión medicalizado y una ambulancia tanto en Sevilla como en Barcelona para llegar a la puerta de urgencias de ese hospital y allí, cuando llegamos, estaba nuestra doctora esperando a nuestra hija, evitando que nos solicitaran la documentación burocrática de rigor e, inmediatamente,  procedió a operarla, quedando ingresada durante meses para su total restablecimiento.

Como digo, no teníamos el traslado de su expediente a la sanidad catalana, traslado que durante largo tiempo nos negó la sanidad andaluza, y tiempo durante el cual, al no cubrir ese trámite burocrático, se nos debería haber cobrado el importe de las visitas, ingresos, operaciones, etc. Nada de eso ocurrió, nuestra doctora se ocupó de que no se nos pidiera ni un céntimo hasta que, por fin, el SAS se dignó concedernos el traslado de expediente de neurocirugía de nuestros dos hijos a ese hospital barcelonés….Pasamos de que, en apenas dos años, nuestra hija había sufrido más de once operaciones, a que, desde que nuestro ángel de la guarda catalán la operó, no ha vuelto a tener que ser intervenida. Y en el caso del niño exactamente lo mismo. Todo el equipo y el hospital en pleno se han volcado desde entonces con nosotros y nuestros hijos y han sido siempre todo comprensión, amabilidad y simpatía.

Por eso, en estos días en que en todos los rincones se habla de amor, de buenos sentimientos, pero que, al mismo tiempo, comprobamos, y más cuando la fortuna te guarda reveses como el que nosotros sufrimos, que muy poquita gente, muy poquita, está a la altura de las circunstancias. Y hablo, no sólo de amigos, conocidos o compañeros de trabajo, sino incluso de la familia, pues compruebas, dolorosamente, cuán solo te encuentras cuanto te toca en suerte sufrir esta desgracia. He querido relatar brevemente la historia de mi familia y mía y dar las gracias eternas a esa otra familia que tenemos en Cataluña, encabezada por nuestra querida doctora, la segunda madre de nuestros hijos, a la que debemos su vida y que nos demostró y sigue demostrando lo que es tener de verdad calidad humana. Eso es lo que demostró Cataluña a mi familia.”

Puer natus est