Cuando sea el juicio final…

… allí se verán las intenciones y los dolos y se hará (para los que creemos en él) la Justicia perfecta.

Hasta entonces, el sistema judicial humano –acaso mal llamado “la Justicia”, como creando expectativas imposibles- hace lo que puede para que la sociedad siga funcionando.

Siendo niños o adolescentes, a un grupo que charlaba con un “adulto” nos sorprendió que éste, pasando de unos temas a otros, quiso explicar lo que era el Derecho consuetudinario. Nos pareció injustísimo. Las cosas, pensábamos, o son justas o injustas; pero que algo sea válido “porque siempre se ha hecho así”, nos extrañaba. El colmo fue cuando, hablando del derecho de propiedad, afirmó: “Si a una persona se le considera dueña de un inmueble, los vecinos, todo el mundo piensa que es suyo, nadie lo discute, y así durante treinta años, entonces ya es suyo legalmente”.

Se comprende que a oídos inocentes y juveniles esto pareciera injusto. Como parecía descabellado eso de que los delitos prescribieran. ¿Cómo puede ser?, piensa una niña para quien la palabra Justicia le suena a algo eterno, inmutable, trascendente…

Con los años se comprenden estas normas y hasta se aplauden. La “Justicia” humana no es la divina. No es especialmente justo ni injusto que se circule por la derecha o por la izquierda, pero habrá que decidir un modo de circular, si queremos un poco de orden, y sancionar al que lo incumpla. Lo que aquí llamamos “justicia” son normas para poder funcionar.

Y en cuanto a la prescripción… cada vez se comprende mejor su necesidad. “Non curemos de saber/lo de aquel siglo pasado/ que fue dello…”, decía Jorge Manrique. Es facilísimo juzgar pomposamente a nuestros antepasados, tan atrasados ellos; mucho más fácil que determinar, en una disputa vecinal de hoy día, a quién hay que dar la razón. 

Una frase citada por Ortega, ilustrando la necesidad de un funcionamiento judicial rápido: “A la sociedad no le importa mucho si un campo es de Pedro o es de Juan; pero es importante que se sepa pronto a quién pertenece”, no nos parecerá idealista ni literaria, pero define muy bien el ámbito de la justicia humana, que es la única a la que podemos aspirar de momento. Así, el que durante treinta años ha actuado como dueño de un inmueble, y de ello se han derivado mil consecuencias legales y económicas, más vale que siga siendo suyo, porque de otro modo resultaría el caos. Si alguien quería reclamar, “haberlo hecho antes”.

La prescripción, que tanto chocaba a oídos infantiles, es acaso la mejor norma, la más benéfica, que tiene todo sistema judicial. Aparta la humana tentación de venganzas, mezquindades, rencores acumulados. Obliga a poner la mirada en el presente, siempre más difícil de juzgar, y de ahí hacia el futuro. Aparte ya de que no habría jueces ni fiscales para estar todo el día con delitos del pasado remoto, pero es que, aun cuando fuera posible, no sería deseable. Sería el reinado del rencor; produciría una sociedad totalmente infructuosa.

Poco comentada, sale ahora la sentencia del pazo de Meirás. Una ignora todo del caso; tal vez sea justísimo que el pazo pase ahora a pertenecer al Estado o a la Junta de Galicia. Es posible. Sólo digo que los argumentos de la sentencia que han saltado a los medios son… son grotescos. Son para llorar.

Que hubo “un error de forma” hace ochenta años. Pero entonces, los españoles que poseen un inmueble cualquiera, ¿están seguros? O los viven de alquiler, ¿están seguros de que le pagan al verdadero propietario? 

“Esto se hace ahora porque antes no se daban las circunstancias históricas ni sociales”. Es decir, con todo impudor declara orgullosamente una triste realidad que más bien habría que ocultar: la tentación de los jueces de someterse a la opinión pública, a la corriente del momento. La propia jueza está diciendo que no se aspira a la justicia, sino a estar con la opinión.

“La demanda nace de un importante estudio histórico y de un consenso social”. ¡Insiste en lo mismo! Justo de lo que, si no tiene valor para evitarlo, tendría que ocultar como una vergüenza (la sumisión de los jueces a la opinión pública, la tendencia a hacer lo más cómodo según el momento). 

En fin… Afortunadamente, muchos creemos en el Juicio Final. Allí se verá la Justicia con mayúsculas, la que grotescamente los jueces humanos, llamados a una misión más humilde, tienen la pretensión de usurpar.




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