Crónica de aquella estafa: primer aniversario de la instauración del régimen socialcomunista

Aquel día, 13 de Noviembre de 2019, se validaron los resultados electorales en Sevilla por parte de la JEP con un simulacro de escrutinio general que incumplió los requisitos que exige la LOREG. Y aquella jornada lo conté así:

“Sé que no lo vais a creer, pero es como os digo: la Junta Electoral Provincial de Sevilla (imagino que ocurre igual en todas partes) se logra superar a sí misma en el disparate que celebran bajo la denominación engañosa de escrutinio general. Lo de hoy rompe todos los moldes: una auténtica farsa sólo apta para ignorantes de esos que dicen que en España no se puede cometer fraude porque la Junta Electoral, por Ley, garantiza los resultados.

Si esos tipos atendieran alguna vez a lo que allí se hace dejarían de repetir sandeces y aprenderían que no sólo es posible, sino que parece que se esfuerzan por dejar el campo abierto a que se hagan todas las trampas que se quieran.

El mecanismo que la Ley prevé se incumple de manera tan burda y alarmante que ya resulta extraño si alguien no ha metido un pucherazo alguna vez en todas y cada oportunidad electoral de los últimos 19 años.

He contado ya mil veces que algo pareció cambiar a raíz de un recurso que hice (y que asumió y presentó Vox) tras las elecciones autonómicas de 2015. En aquella ocasión, la Junta Electoral Central falló a nuestro favor y ordenó la repetición del escrutinio (que no se había hecho o se había hecho en flagrante incumplimiento de la Ley), lo que supuso que cambiaran a casi todos los miembros de aquella JEP.

Desde entonces, hasta el pasado mes de mayo, las Juntas Electorales Provinciales se apañaron en montar una forma bastante burda y torpe para aparentar que cumplían con los requisitos legales exigibles. Pero, ay, también les suponía demasiado esfuerzo sólo por aparentar y hoy han cambiado el modelo…

Lo de hoy ha vuelto a ser una estafa, una farsa, un teatrillo para imberbes y flipados…, con la anuencia, el concurso y el silencio inexplicable de los representantes de todos los partidos allí presentes incluido Vox. Nadie reclama, nadie protesta, nadie dice ni pío y todo sigue a peor…

Hoy, por ejemplo, el presidente me ha conminado a pedir permiso si quiero hacer fotos o grabar imágenes con el móvil. Le he dicho que hacía fotos sólo por entretenerme y que si quería las borro, aunque se trata de uh acto público y no entiendo el motivo de su suspicacia, pero en fin.

Minutos después, un miembro de la Junta Electoral ha llamado a la policía (¡había por primera vez una dotación completa de 4 policías permanentemente en la puerta de la sala de escrutinio, algo insólito!) para indicarle en mis narices que me ordenara situarme un banco más atrás, en la zona destinada a público, aunque en la sala no estábamos presentes más de cuatro personas y otros cinco o seis apoderados de distintos partidos). Le he dicho a la funcionaria de policía que lo que no entendía es por qué razón la había llamado a ella para algo tan simple que podría haberme indicado él personalmente.

Otro ciudadano, conocido allí por su reclamación permanente, como yo, en la exigencia de que se cumpla la Ley, ha llegado a media tarde, bien avanzada la jornada de escrutinio y, nada más entrar, el presidente ha vuelto a llamar a la policía para que lo expulsen del lugar. Sin mediar palabra, sin haber dicho ni mú… ¡Muy alucinante! Entonces, el dicho ciudadano, abogado por más señas, se ha puesto a gritar que allí se estaba cometiendo un delito electoral y ha anunciado a voces que se iba a ver al fiscal.

Pero en fin, todo esto es lo de menos, apenas unas incidencias que reflejan el ambiente. Lo verdaderamente grave es lo que allí estaba sucediendo delante de todos: es decir… ¡Han montado una farsa, un teatro insoportable sólo para revestir de legalidad lo que no era otra cosa que una chapuza! Una decena de funcionarios de un lado para otro trasladando cajas con los sobres que contienen las actas y abriendo con abrecartas todos los sobres (como manda la ley) pero que una vez abiertos eran introducidos otra vez en las cajas de inmediato sin ni siquiera detenerse a ver el contenido de las actas. Los votos nulos que se acompañan obligatoriamente dentro de los sobres no los han mirado siquiera ni han comprobado nada. Las cajas corrían de un lado a otro sin orden ni control, mientras los miembros de la Junta Electoral hacían una especie de paripé y cogían un acta como al azar de aquí o acullá, en un frenesí que recordaba a los moros de Queipo pegando vueltas en una camioneta para que parecieran legión…

Al paso que vamos, pronto un juez ordenará que me cierren las cuentas de FB y de otras redes sociales o puede que vengan a detenerme por contar esto que allí sucede.

Lo crean o no, repito, y sé lo que me digo porque son ya muchos años acudiendo a cada escrutinio general, lo de hoy ha sido un teatro para niños en claro incumplimiento de la letra y el espíritu de la Ley.

Estoy cansado. Estoy abochornado.

He dicho”




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