Criar… ¿pollos?

Habíamos tratado mucho el tema (palabras españolas que pierden su significado por efecto de las pésimas traducciones literales de otros idiomas), pero por desgracia cada día nos sorprende con ejemplos nuevos.

Ahora leemos cosas como: “¿Cuánto cuesta criar a un hijo en España?”. ¿Criar a un hijo? En español, “criar” se refiere al tiempo de lactancia. Un bebé está “ya criado” cuando ha pasado esa época de dependencia extrema de la madre (o de la nodriza que, a falta de ella, había que buscarle en otros tiempos). El invento de los biberones diluyó un poco el significado contundente de ese verbo; pero ahí está. De hecho, cuando decimos por ejemplo: “Me he criado con esos libros” o “con ese grupo musical o programa de tele”, estamos hablando en sentido figurado, pero no es nada incorrecto; con expresiva exageración -como al decir “esto lo he mamado”- nunca dejamos de dar por hecho que lo de “criarse” se refiere a eso, al tiempo de lactancia.

En inglés se dice “to raise children” refiriéndose, no al tiempo de crianza, sino en general, a mantener y educar a los hijos hasta que sean mayores. Y como en un traductor automático, por “raise” dirá criar, pues para qué queremos más: el listo de turno lo emplea sin molestarse en recordar si ha oído esa palabra, con ese uso, alguna vez. Y ya leemos frases como “He disfrutado criando a mis hijos”. Seguramente querría decir: “He disfrutado viendo crecer a mis hijos”. Podemos criar pollos, pero no a los hijos (salvo en ese sentido de lactancia, ya poco usado).

Lo más parecido a “to raise” sería educar. Pero claro…aquí chocamos con el otro entuerto de la pérdida de sentido de esta palabra, educación, ahora confundida con “estudios, formación”. 

De la mal traducida Wikipedia se ha pasado ya a todas las esferas. Se presenta a alguien diciendo “Educado en la Universidad Autónoma”. ¿Cómo “educado”? Lo educarían, mal o bien, en su casa. En la Universidad estudió o se formó. En los CVs se debe poner, en el apartado de estudios, pues eso: “Estudios” o “Formación académica” o “Grados” (otra barbarie, que acabó con nuestro bello término, “Licenciatura”, pero en fin…).

De una palabra contaminada se llega a otra. Ya no podemos decir “educar” porque el término, en brevísimos años, ha perdido su connotación de siglos, entonces para “raise” nos inventamos “criar” que en español era otra cosa.

También la malhadada Wikipedia (tan útil, sí, pero tan funesta) describe una ciudad importante bajo los capítulos: “Historia, Geografía, Monumentos…” y, ¡ay! uno de ellos es, fatalmente, “Educación”. ¿Cómo “educación”? ¿Se refiere al nivel de civismo de sus habitantes, si respetan las señales, veneran a los ancianos, utilizan las papeleras…? Porque a cosas de ese tipo alude, en castellano, esa palabra. Pero resulta que el artículo wikipédico habla de las Universidades de dicha ciudad, ¿por qué no describirlas -a los traductores apelo- bajo el epígrafe de “Universidades”?

“Enseñanza, estudios, carreras”, son vocablos que no debemos olvidarnos de emplear constantemente. Se debe decir “Trabaja en la enseñanza”. En la “educación” no trabaja a sueldo nadie, es algo mucho más sutil e inconcreto, y también mucho más relevante. Justamente es frecuente comentar: “Fulanito muchos estudios, pero luego no tiene educación”. Si nos dejamos manipular las palabras, pronto esa frase perderá significado. Esa y la otra y la de más allá…

Repetimos: malo es verse invadido de anglicismos (decir por ejemplo “Coffee-break” sin venir a cuento), pero mucho, mucho peor es emplear las palabras de nuestro idioma alterando su semántica.

Cada idioma tiene su belleza y sus sutiles connotaciones. La traducción de “wonderful” será “maravilloso”, sí. Pero esa palabra en español la empleamos tanto que ha pasado a ser casi sinónimo de “bueno o bonito”, mientras que en inglés y en otros idiomas (wunderbar, merveilleux..) mantiene algo como de sobrenatural. Así pues, “Alicia en el país de las maravillas” debía haberse traducido como “En el país de los encantamientos, o de los embrujos”, que es la intención del título original. Otro ejemplo: nosotros decimos “estupendo” tan a menudo que eso ha pasado a significar casi un “Ok”. En cambio, en italiano “stupendo” es palabra mucho más expresiva, vendría a ser como “magnífico, majestuoso” (“le stupende montagne…”). Y otro más: el “incredible” en inglés, a fuerza de emplearse tanto, ha venido a ser como nuestro “estupendo” o “maravilloso” – de tanto uso su semántica se desinfla y viene a equivaler a “bueno, bonito” sin más. Traducido literalmente, pues en un texto en español resulta cargante tanto “increíble”; aunque por desgracia cada vez lo vemos más.

No llamo aquí a la erudición ni a la pedantería. Más bien al contrario. Antes de emplear una expresión, ¿por qué no detenerse a recordar cómo expresaba esa idea la menos estudiada de nuestras tías, o el abuelo del pueblo? Seguramente la semántica será la más acertada.




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