Conversación con Rubalcaba a tres metros bajo tierra: crónica de un golpe anunciado

Entre el 14-M de 2004 (fecha de las elecciones tras el atentado de Atocha) y el 14-M de 2020 (fecha del primer decreto del estado de alarma por el Covid19), la olla estuvo puesta a fuego lento. Bastó ese primer decreto de confinamiento por la pandemia para que el puchero arrancara a hervir en la última fase del golpismo institucional diseñado por Sánchez e Iván Redondo.

El 5 de enero de 2014, día de su cumpleaños, el Rey D. Juan Carlos tomó la decisión de abdicar, aunque no lo anunciaría en público hasta el 2 de junio, sobre todo para no enturbiar el resultado de las elecciones europeas previstas para el 25 de mayo, justo una semana antes de la fecha escogida.

Previamente, el 31 de marzo, antes de que se iniciase la campaña electoral, la decisión le fue anunciada en secreto al entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Y tres días después, el 3 de abril, al líder de la oposición y secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Con esa hoja de ruta ya trazada se celebraron los comicios europeos, en los que el PP perdió 8 escaños, siendo la fuerza más votada, pero el PSOE perdió 9 escaños, a medio millón de votos del PP.

Un día después, ante los malos resultados obtenidos, Alfredo Pérez Rubalcaba, con la abdicación del Rey aún pendiente a pocos días, presentaba su dimisión, abriendo así un proceso de primarias en su partido para elegir a un nuevo secretario general en el mes de julio cuando estaba previsto inicialmente para el mes de noviembre de ese mismo año.

Dos años después de aquellos hechos, en diciembre de 2016, en una entrevista con Susana Griso, en Antena 3, Rubalcaba se refería a aquello con las siguientes palabras: “Oiga, le voy a decir otra cosa: yo sabía que el Rey se iba a la semana siguiente, por tanto yo sabía que si aguantaba una semana, ya estaba. Aguantas una semana, se va el rey, se produce la abdicación y en eso lo mío se pasa, que es lo que hizo Mariano: se calló, se escondió detrás de mi dimisión y no aceptó nunca que se había pegado un bofetón mucho más grande que el mío”.

En aquellas primarias de 2014, resultó elegido Pedro Sánchez a duras penas para sustituirle, con la certeza, nadie tuvo dudas, de que había cometido graves irregularidades en la presentación de apoyos y avales detrás de una cortina.

No obstante, en diciembre de 2015 y en junio de 2016, tras el desafío soberanista de Cataluña, se celebraron elecciones generales en España, sin posibilidad de formar gobierno por la escasa mayoría simple del PP, vencedor de los comicios con 137 diputados. El PSOE obtuvo en junio el peor resultado de su historia, con 85 diputados, y aun así presionó para que su partido no permitiera un gobierno de Rajoy por mayoría simple, de modo que en octubre de ese año su partido le forzó a dimitir como secretario general.

Como confirmó muy recientemente Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, actual vicepresidente del Congreso de los Diputados y sanchista de la primera hora, durante una entrevista en Canal Sur TV, la propuesta del nuevo secretario general consistió en aquellos meses en abrirse a pactar con los independentistas, a lo que Rubalcaba y la Ejecutiva Federal del PSOE se opusieron de forma tajante.

Como consecuencia de ello, en octubre de 2016, dos años después de su elección como secretario general, Pedro Sánchez se vio obligado a dimitir de su cargo, forzado por la retirada voluntaria de la mitad más uno (17 miembros) de aquella Ejecutiva y por la oposición frontal a su hoja de ruta de seis de los siete “barones” de las comunidades gobernadas por los socialistas.

En diciembre de aquel mismo año 2016, con el partido en manos de una gestora encargada de organizar un nuevo congreso que no se celebraría hasta el 21 de mayo de 2017, Rubalcaba concede una entrevista en Antena 3 a Susana Griso en la que advirtió y subrayó el fondo de todo lo que estamos viendo ahora después de que Sánchez resultase finalmente reelegido por el PSOE para pilotarlo.

En aquella entrevista en Antena 3, en diciembre de 2016, Rubalcaba explicaba lo que recientemente confirmó Gómez de Celis:

“La pregunta es: imagínese la que tendríamos montada si hubiéramos ido a una investidura con Podemos, que está en el derecho de autodeterminación, y de los independentistas, que ni te cuento. ¿Qué estaríamos diciendo hoy a los españoles? ¿Cómo estaríamos justificando esta medida de nuestro gobierno?”. Pues así lo estamos viendo ahora.

Y añadía: “Es que verá, es que gobernar España es muy complicado y exige apoyos parlamentarios sólidos… si quieres hacer un buen gobierno, claro, porque si quieres chapucear…”

– “¿A usted le consta que en la hoja de ruta de Pedro Sánchez quería chapucear, es decir, que quería llegar a acuerdo con los independentistas?”, le repreguntaba la presentadora

– “Lo que es verdad es que esa posición está en el partido y que en algún momento la ha defendido y, últimamente, en algún acto público, la ha defendido. El argumento lo conozco: vamos a sentarnos con ellos y quizá acaben siendo buenos. Pero, oiga, cabe la posibilidad de sentarnos con ellos y acabar siendo malos. Y que no te hagan caso. Yo le dije esto a él. Debo decir que dejamos de hablar. Bueno, dejó de hablarme él a mí”, dijo Rubalcaba.

– “¿A raíz de eso, a raíz de esa conversación…?”, insistió la Griso.

– “No lo puedo decir, pero yo sostengo y lo estoy diciendo en público, que en esta legislatura, con nuestro grupo parlamentario, jugando inteligentemente, podemos reparar muchas de las cosas que el PP ha hecho mal y de esa forma ganar la credibilidad que perdimos por una crisis que es verdad que no supimos resolver. Yo estoy en política para hacer no para estar”.

El núcleo de la cuestión estaba aclarado, por tanto, desde aquellas fechas, aunque de la posición de fondo de Pedro Sánchez en aquella confrontación con su partido apenas salieron entonces a la luz algunas vaguedades sobre conceptos etéreos e indefiniciones sobre “la Nación de naciones” y “la España plurinacional”, etc. que enmascaraban la táctica y la estrategia que pensaba seguir Sánchez si lograba regresar a la Secretaría General.

Y sucedió que Pedro Sánchez resultó reelegido al frente del PSOE el 21 de mayo de 2017. Y un año después, el 31 de mayo y 1 de junio de 2018, aprovechando una polémica sentencia judicial que redactó el juez José Ricardo de Prada, próximo a Podemos, en la que incluyó argumentos que la Audiencia Nacional consideró después fuera de contexto e innecesarios, el PSOE presentó una moción de censura en la que sería el candidato un Pedro Sánchez que ni siquiera era diputado en el Congreso, el cual esta vez reunió los apoyos de partidos independentistas, comunistas y anti sistema para formar un gobierno que resultaba imposible.

Aunque había prometido que convocaría elecciones de inmediato tras la moción de censura, Sánchez tardó más de un año en hacerlo, en noviembre de 2019, y esta vez, con su exigua mayoría de 122 diputados (15 menos que el último gobierno de Rajoy) construyó una sociedad de intereses con Podemos y el apoyo de fuerzas separatistas que condujo a la situación actual y de la que Rubalcaba había advertido con todas las alarmas encendidas. Para entonces hacía cuatro meses, en mayo de 2019, que Rubalcaba había fallecido y se encontraba a tres metros bajo tierra… al mismo tiempo que el Gobierno de Sánchez exhumaba el cadáver de Francisco Franco de esa misma profundidad como argumento de campaña.




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