Contra las mentiras y por la libertad: Foro de Profesores

Como he venido contando en artículos anteriores publicados en este mismo medio, vivimos en un mundo donde la mentira campa a sus anchas y la barbarie se institucionaliza.

No hay más que asomarse a Twitter para comprobar, igualmente, que la ignorancia y la falta de respeto le hacen a uno plantearse seriamente qué sentido tiene seguir ahí leyendo lo que hay que leer, y sobre todo sintiendo la impotencia del que sabe que es verdad aquello en lo que cree, y se siente señalado y perseguido por ello.

Y no, no me refiero a los resultados electorales. Creo que sería superficial, injusto y profundamente antidemocrático decir aquello de ‘la gente se ha equivocado’. Sé de personas -que a mi juicio están por encima de las siglas- muy honradas en todos los colores del espectro político. Y todos los que perdieron deben hacer autocrítica.

Pero a lo que iba. La mentira y el adoctrinamiento han superado todos los filtros y especialmente preocupante ha sido el caso de la educación en comunidades autónomas como Cataluña. Es obvio que desde las aulas, como desde casa, se llega a sustentar la propia conciencia nacional, pero desde una Historia real y no desde la ficción. El caso es que, como sabemos bien, desde hace ya muchos años -y con el beneplácito de sucesivos gobiernos de La Moncloa por la necesidad de apoyos- el Estado ha desaparecido prácticamente de aquella región por los dichosos traspasos de competencias.

Aquí no vale eso de que ‘lo peor es que los buenos no hagan nada’, porque no es así exactamente. No se trata de buenos y malos, sino de cumplir o no la Ley. Y lo triste es que desde hace un tiempo, con esta ignominia política, la Justicia es el único dique de contención de la democracia.

En este contexto social y político, me parece fundamental no quedarse de brazos cruzados, por lo que, como defensor de la unidad de España y el Estado de Derecho, decidí formar parte del llamado Foro de Profesores, un grupo formado por profesionales de varios países que, simple y llanamente -y cada cual desde su ámbito de actuación-, trata de contrarrestar la mentira impuesta por la propaganda nacionalista, ésa por la que cada uno de los no-adscritos es un ‘fascista’ al que hay que perseguir, amedrentar y, si por ellos fuera, callar de la forma más absoluta.

Sin duda, es un duro trabajo lo que tenemos por delante, pero también muchísima ilusión y la plena conciencia de que la libertad hay que ganársela cada día. No queda otra.



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