Constelación mutante

Alfa, Beta, Gamma, Delta, Ómicron y como hay que agotar el alfabeto griego la última, según los “expertos” de la cosa, trae debajo del brazo más de treinta mutaciones.

Toda una constelación de mutaciones que podrían hacer pensar que la denominación de la nueva variante del virus chino – por favor, no se olviden de los chinos – se la han puesto los ¨expertos¨ por el aquel de las constelaciones, cuando la realidad es que han bautizado Ómicron a la variante sudafricana del virus que salió de Wuhan, saltándose letras del alfabeto griego para no confundir Ni, la letra decimotercera, al pronunciarla y la letra decimocuarta, la letra Xi se la han saltado para no ofender a los millones de chinos que se apellidan Xi.

Los de la nueva gobernanza mundial y su OMS son muy delicados con los chinos – tienen que cuidar el laboratorio lanzador de virus – no vaya a ser que se enfaden, pero la delicadeza a la hora de tratarnos a los occidentales no solo brilla por su ausencia, sino que tratan como a siervos de la gleba a los dóciles vacunados y directamente a patadas a los rebeldes que nos negamos a vacunarnos con una vacuna que no lo es y que además no saben si sirve o no sirve o si todo lo contrario contra la variante de la constelación de mutaciones, de la que la doctora que la descubre en Sudáfrica dice que sus síntomas son muy leves.

A pesar de la levedad confesada por la doctora sudafricana, los medios de comunicación de toda Europa siguen metiéndole miedo a la población con sus titulares alarmistas y amenazadores y sus contenidos contradictorios. La última novedad es que según dicen los “expertos” la mayoría de los niños de uno a doce años están infectados, sin que hayamos visto colas en las consultas de pediatría.

Mientras escribo esto van llegando las noticias de cómo surten efecto las amenazas víricas y en Sevilla cancelan el 20% de las reservas en restaurantes para  comidas y cenas navideñas. Esto hoy, mañana serán más. Está claro que la intención de cambiar los hábitos de la población se está logrando y pasa por hundir a la hostelería. Dentro de nada para ir a un bar a tomarse unas cañas habrá que sacar un permiso especial en las Delegaciones del Gobierno que a su vez, antes de concederlo, le pedirán el visto bueno a la presidenta de la Comisión Europea, esa variante de Hitler con faldas que nos quiere vacunar a la fuerza. Desde luego, el amigo Adolf estaría feliz viendo como con un virus a la carta se está logrando su malvado sueño de dominar el mundo.

¿Se imaginan ustedes una sociedad donde haya que pedir permiso a las autoridades hasta para salir a la calle y donde todos los años les obliguen a vacunarse, una, dos, tres o cuatro veces contra los virus que vayan saliendo y donde la mascarilla forme parte indisoluble de su vestimenta, vestimenta que por supuesto será obligatoriamente de tejidos hechos con basuras recicladas? ¿No se lo imaginan? Pues créanme que es lo que viene pitando, eso y muchas cosas más del mismo porte dictatorial.

Es lo que tiene estar gobernados por miembros de la secta global. ¿No se han dado cuenta de que todos hablan en el mismo tono y todos lanzan las mismas consignas? Si no se han dado cuenta fíjense bien, analicen sus gestos y discursos y piensen, pensar aún no está penado; como tampoco lo está el apartarse, el tomar distancia para poder ver con claridad lo que sucede. De vez en cuando no está mal recordar que ser es más importante que estar.




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