Comunismo con alas

De cómo la inflación informativa ha generado ya un mundo paralelo (o paralelos) en el que cada cual que controla un ‘grifo’ hace que la realidad se adapte a una visión preconcebida que abomina del proceso que permitiría extraer conclusiones y argumentos de los sucesos y los hechos, considerados “sagrados” durante mucho tiempo.

Esa era la esencia del periodismo: ofrecer los hechos de la manera más ajustada y respetuosa (objetiva) posible y, al lado o a continuación, la interpretación que al arúspice o al analista le merecía todo ello.

Sin embargo, los medios de comunicación en general (y los controladores de las redes sociales de manera espectacular y burda) ya no esperan a extraer sus conclusiones en la fase de “opinión”, sino que ahora se adelantan y nos ofrecen el sesgo en la manera misma de narrar, de ocultar o de multar los hechos, de tal manera que la realidad desaparece.

Nada de esto es el resultado de un proceso de argumentación más o menos sesgado o elaborado, sino que responde a un catecismo previo adaptado a la necesidad o al interés de cada agente (periodistas y medios) dentro de un sistema de trincheras que de forma soez, inescrupulosa y hasta obscena construye realidades alternativas con toda su complicidad.

Pongo un ejemplo, aunque sucede a diario, ya sea con una comparecencia de un político cualquiera (lo que hacen con los políticos de Vox o con las comparecencias de Rufián es bochornoso) o con la presencia en pantalla del volcán de La Palma en erupción pero que evita, o no, según los intereses del momento y del medio en cuestión, acompañar las imágenes de los afectados a los que no llegan las ayudas del Gobierno prometidas y falsarias.

Hace ahora dos años, por ejemplo, se celebró en Madrid la llamada “Cumbre del Clima”, una suerte de reunión de, presuntamente, varios miles de personas para dar relevancia a uno de los asuntos esenciales de la llamada Agenda 2030, esa misma que, según la UE y la ONU, te permitirá “no tener nada” pero que promete que nos enviará a casa todo lo que necesitemos. Y sugería que te lo hará llegar mediante un dron. O sea, comunismo con alas. En fin, algo acojonante, por estúpido.

Todos los medios (absolutamente todos) repitieron de manera rutinaria y hasta el empacho que a Madrid habían llegado 25.000 personas, procedentes de 196 países (200 redondearon algunos medios menos puntillosos). Ocurre, sin embargo que la ONU reconoce la existencia de 193 países, más Ciudad del Vaticano y Palestina y, si ustedes lo desean, pueden añadirle el territorio saharaui o cualquier otra zona innominada del planeta, como esa fantasmal Transnistria, en Moldavia, cuyo equipo de fútbol, el Sheriff, juega la Champions contra el Real Madrid.

A nadie, por supuesto, se le ocurrió localizar a los representantes en esa cumbre, por ejemplo, de Malawi. Y no porque fuese alguien de interés, habida cuenta que en su muy inmensa mayoría los asistentes no representaban a sus países, sino que, en todo caso, tenían pasaporte de dicho país o de cualquier otro.

Claro que si alguien se hubiese tomado la molestia de localizar al tipo con pasaporte de Malawi, a renglón seguido habría podido preguntar por los representantes de Bután, Timor Oriental, Micronesia, Polinesia, Gabón, Eritrea, Sierra Leona, Liberia, Togo, Somalia (¡a éste me habría encantado localizarlo personalmente para reírme un rato!), Djibuti, Burkina Fasso, Rep. Centroafricana, Madagascar, Nepal, Seychelles, Dominica, Granada, St Kitts&Nevis, Aruba, Maldivas, Cabo Verde, El Salvador, Birmania (o como coño se llame ahora), Laos, Sri Lanka, Afganistán, Irak… y, en fin, podríamos seguir la lista y con ello demostrar que a los medios de comunicación la verdad o la realidad se la repampinflaba con un descaro masivo y pavoroso.

Y mejor hubiera sido preguntar a la organización de tanto embuste quiénes habían financiado, los pasajes y estancias de los presuntos representantes en la llamada “Cumbre del Clima” de Madrid de países como Costa de Marfil, Malí, Gambia, Vanuatu, Camboya, Mozambique, Bangla Desh, Burundi, Uzbekistán, Rep. Dem. del Congo, Turkmenistán, Eritrea, Armenia, Kazajstán, Corea del Norte… o de la misma Moldavia.

Por tanto, no, ni de lejos había gente de 196 países, pero si mienten o adaptan a su realidad preconcebida en algo tan elemental, ya me contarán el desparpajo que gastaron todos, asistentes y medios de comunicación, en las conclusiones y en los asuntos abordados durante aquella suerte de aquelarre climahistérico. Y parecida orgía depravada cabe aplicar, o aún peor, si la cuestión va de enfermedades infecto-contagiosas y planes de inyectar a la población…

Presten atención a los alardes que realizo para no incluir las palabras claves que el delirante algoritmo de la policía digital emplea para someter este artículo a sospecha. Y si de Vox o de Rufián se trata, comprueben ustedes mismos en los medios que ni los inmigrantes irregulares han hecho aumentar las violaciones y los delitos, ni los tenderetes del partido de Abascal son agredidos.

He dicho.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *