Como vacas al gulag

La izquierda, al fin, ha encontrado la fórmula perfecta para la desescalada y para proclamar la victoria definitiva sobre el virus: derribar el Valle de los Caídos, asunto que los chavales de Izquierda Federal han metido ya en el Senado como Proposición de Ley.

Si es que estáis como memos, leñe, y perdéis la verdadera perspectiva de las cosas. Al menos habrá que intentarlo, ¿no?
De acuerdo que no hay ningún indicio científico que permita asegurar que ocurra de ese modo, pero no me negaréis que en el esfuerzo, como ya os anuncié, tendremos que hacer “lo que haga falta, donde haga falta y cuando haga falta”.

Y también os dije que “no dejaremos a nadie atrás”. Y cuando dije a nadie es a nadie, coño. A los muertos de la Guerra Civil, tampoco.

Bueno, sin monsergas, lo repito de nuevo: “Lo que haga falta”, es decir, que llegaremos, si es preciso, hasta el Congreso de los Diputados y laminaremos a la oposición, porque por encima de todo, esto es claro, está el derecho a la salud (pública) de las personas y los personos, sobre todo si son votantes de izquierdas. ¿No os parece?

Porque digo yo que al menos en eso estaremos de acuerdo, que el virus no tiene ideología, pero lo que vienen siendo los personos y las personas ya lo creo que la tienen.

Y no me diréis que son lo mismo los votantes de cualquier signo, porque con unos votos nos quedamos el subcomandante y yo en la Moncloa para los restos y con los otros nos mandan a freír espárragos con sólo permitirles que voten como les dé la gana. Y eso sí que no, ya lo he dicho, porque haremos lo que haga falta. ¿No os parece?

Así pues, que no se os escape el detalle que os menciono, que luego vienen las protestas y las alharacas y decís que miento, cosa que no entra en la cabeza de ningún persono digno como yo. Hablo del derecho a la salud pública, porque lo que viene siendo vuestra salud privada, esa que os lleva a vosotros o al abuelo al cementerio sin pasar por el Registro Civil ni se contabilizan en el papel de estraza donde Simón hace las cuentas, me importan un guano, ya que la salud privada es cosa de fachas insufribles que no merecen ni mención. Queda claro…, ¿no?

Pues lo siguiente, ya lo dije, es “donde haga falta”. O sea, da igual si tenemos que intervenir en la Catedral de Burgos, en el Alcázar de Sevilla, en el Castillo de Oropesa o… en el Valle de los Caídos. ¿No os parece?

Yo lo llamo “intervención transversal del núcleo irradiador para la desescalada”, esto último por integrar aportaciones de Errejón, que ya sabéis que lo mío es integrar a cualquier precio, incluso si catalanes y vascos nos piden el precio de la independencia.

Y aprovecho para haceros un matiz, tan sólo uno, que seguro que se entiende: lo único que excluyo del “donde haga falta”, como es lógico, es Cataluña y País Vasco, porque ahí no merece la pena que Marlaska interrumpa con multazos los festivales de banderas ilegales, ni las orgías de lanzamiento de piedras y quema de contenedores. No como en la Castellana o Núñez de Balboa, donde los muy provocadores se atreven a lucir sus banderas constitucionales como si no hubiesen entendido que España es una nación de naciones…, ¿verdad que sí, Patxi López?

Y “cuando haga falta”, como es obvio, porque las cosas no se pueden hacer al buen tuntún, cuando a cada uno le salga de la breva. Si uno quiere salir a pasearse con el niño o con el perro, que escriba por triplicado al Ministerio de Interior y, con mucho gusto, el comité de expertos desconocidos elaborará un informe para decidir si puede usted salir a la calle.

Lo mismo si lo que se pretende es opinar sobre el Gobierno, no sea que se desmanden y se pongan todos a opinar con el mismo sesgo a la misma hora y conviertan en Trending Topic otra cosa que no sea #MataraAbascal y cosas así de razonables.

De verdad os digo que no lo entiendo, a pesar de los bondadosos esfuerzos de mi persona. El otro día pude comprobar que algo vamos consiguiendo, porque mi muchachada de Ferraz y nuestras teleamigas de rojos y maricones sugirieron amablemente descacharrar de manera hiriente las fotos de la Ayuso (¡mira que estaba guapa la jodía!) y, oye, hasta los fachas aprendieron y se tiraron en plancha detrás de nuestro banderín de enganche. ¡Así sí, joder!

Por fin parecieron entender que como mejor les irá a ellos, y también a nosotros, es haciéndose los dignos contra los suyos y poniéndose a despotricar con el fuego amigo sobre asuntos de calado.

Por ejemplo, no me entra en la cabeza, con la de trabajo que tenemos en el gobierno, que los columnistas no la hayan emprendido con temas trascendentales, como si los gemelos que usa Pablo Casado deben ser de esmalte o de acero, sobre los rapados laterales de Abascal o sobre las mechas de Cayetana Álvarez de Toledo… En fin, mira que hay asuntos importantes que tratar.

Pues menos mal, por esta vez nos hicieron caso y despellejaron a la guapa del Ifema. ¡Qué unanimidad, oigan, y qué felicidad en ese contubernio de libérrimos opinadores! ¡Qué abrumadora mayoría tan aplastante de complejines que ellos mismos luego le atribuyen a los del PP! Fue maravilloso el espectáculo. Nos salimos. Gracias, súbditos.

Y es que me encanta cuando la gente es dócil como una vaca que se deja guiar sin rechistar al matadero, o al gulag, mientras discuten alegres sobre las diferentes recetas del salmorejo. Le diré a Iván Redondo que sustituya el pago de los ERTE por un ejemplar de las 1.080 recetas de Simone Ortega, que debe de ser abuela o tía de nuestro Simón el Cananeo y prima del otro Simón, el de Hugo Chávez.

¡Hasta la victoria, siempre!

He dicho.




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