Cómo sostenerle la mirada de matón a Echenique

“Yo a los matones les sostengo la mirada…”, dice quien a su antiguo asistente no le sostenía ni las cuotas de la Seguridad Social, pero a continuación no acompaña la bravuconada de Chuck Norris con un parpadeo de luces inquietantes en la silla de ruedas que hiciera pensar que han entrado en ignición un par de misiles debajo de su asiento.

Así no hay manera de que gane cuerpo la fanfarronería barata de Echenique, claro.

Y es que, la verdad, no sé su mirada, pero las mentiras no las puede sostener ni diez minutos, porque se le derrumban en cada envite de impostura y todos sus asertos de forraje trotsko en el Twitter se le desploman a diario como un castillo de naipes.

Echenique no se sostiene ni a sí mismo, pero aspira a convertirse en “el hombre-máquina”, que es el apelativo con el que bautizaron en su día a Hu Jintao, antecesor de Xi Jinping al mando de la aplastante maquinaria china.

Claro que el “hombre-máquina” era también el sueño al que aspiraba el nada risueño estajanovismo de la URSS, que convertía al ser humano en una prolongación de tuercas y tornillos de la industria de picar carne, a la vez que impregnaba toda la inspiración poética de Marinetti, musa alumbradora del fascismo de Mussolini, con su futurismo de avionetas supersónicas y locomotoras encendidas surcando los cielos y las llanuras de la patria.

Sánchez no es un visionario, sino un cínico y un indecente sin pudor de ninguna clase, y allá donde el comunismo situaba una hoz y un martillo como símbolos del internacionalismo obrero, y donde el fascismo soñaba con la mundialización de un patriotismo robotizado, él sólo ve un truco de prestidigitación ante las masas entontecidas con su verborrea de folletos.

Hay un video de Begoña, catedrática de nada con un lazo, prevaricación Premium, en el que palabrea inmisericordes banalidades sobre el marketing como herramienta de nuestro tiempo para vender colchones.

Y a eso es a lo que se dedica Sánchez, al juego del escondite, que aparece y desaparece del Congreso de los Diputados cuando se le antoja o detrás de una cortina en las primarias del partido y luego asoma de repente y le dice a la concurrencia: “¡Cu-cú…!”

Un día está en La Mareta con las niñas y horas después aparece en el Palacio de las Marismillas con una cohorte de invitados de su cole para regalarles un flamenquito adornado de mariscos.

Sánchez se limpia en las cortinas de la democracia y se salta los continentes igual que las provincias, a bordo de un Falcon del que hace uso como si fuera un Cabify que te lleva al KFC a comprar alitas de pollo recién hechas.

Para Sánchez, la Constitución no es más que eso, un folleto publicitario de buenas intenciones del que puedes escoger lo que te apetezca, como en el menú de un take-away, y luego depositas los restos de basura en el contenedor azul o verde de la oposición, donde pone “Fachas”. El depósito naranja han tenido que quitarlo, por falta de uso e inservible, y Arrimadas se ha colocado de limpiadora del retrete del establecimiento.

Cualquier día de éstos, Sánchez aparecerá en el plasma en un mensaje a la Nación devorando un pollo o unas costillas de ternera con las manos mientras expone todo eso de la transición digital, la transición ecoclimática y el feminismo del futuro 4.0, y se dirigirá a la España vaciada para alumbrar a los conejos con unas ráfagas paralizantes de su vacua y estéril inoperancia.

Todos permaneceremos atónitos ante un espectáculo que parecerá concebido como un remake de los hermanos Coen y luego nos hará un Tik-Tok rodeado de chicas de rubio platino en el que bailará sobre las tumbas de los 60.000 muertos y zigzagueará por las colas del hambre como Gene Kelly entre paraguas: “Cantando bajo las rubias”, llevará por título la gracia.

El caso es que Echenique dice que el día que se escape una hostia cualquiera, incluso de falsa bandera, habrá quedado claro que el causante fue Vox, pero mientras sean los “menas” o las brigadas de tíos con mascarillas del Ché y botas firmadas en los talones con el acrónimo de CCCP asaltando “Decathlones, aquí todo está en orden y sólo es amor y ardor de las masas de la nueva normalidad por el deporte.

A mí me resulta una fantasía casi divertida que Ana Pastor (la chunga, no la del PP), no le corrija los tuits de la mentira a Echenique, que es un embusterillo de andar por casa y de mesa camilla, ni le advierta cada mañana de sus fake news de garrafón, porque ahí tiene un filón con el que demostrarle a Zurckerberg la eficacia de sus niutrales y malditosbulos. Ganaría millones. Bueno, esto ya lo tiene, que así está el zampabollos: al rojo vivo…

Tiene gracia ese tal Risto Mejide tratando de demostrar al mundo que no trabaja para el gulag que se avecina detrás de unas gafas oscuras que le alivian de tener que sostenerle la mirada de lagartija a Echenique. Y se aguanta mejor la risa.

Todo es mentira, pero el gran mentiroso no es Echenique, sino Pedro Sánchez.

He dicho.




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