Parte de la expectación generada tras las elecciones andaluzas se debe a la aparente confusa estrategia que está utilizando Ciudadanos (Cs) y que manifiesta su cambiante naturaleza política, pese a que muchos lo sitúen en la Derecha o el Centroderecha. Pero su deriva cuestiona lo anterior, porque se ha ido acercando conscientemente hacia la Izquierda, e incluso si atendemos a los principios que dicen defender, su actual ubicación lo situaría muy cerca de aquel PSOE socialdemócrata de Felipe González, aunque con medidas económicas más liberales.

Esta ubicación quedaría además corroborada con la elección del socialista francés, Manuel Valls, como nuevo referente de Cs y candidato a la alcaldía de Barcelona; confirmando que Cs estaría optando por ocupar el importante espacio electoral que habría dejado un PSOE que, a su vez, se ha ido desplazando más hacia la izquierda, para recuperar votantes de Podemos.


Ambos desplazamientos (de Cs y PSOE) y sus luchas por ocupar el mismo espacio explicarían sus respectivos discursos demonizando a VOX, al que en realidad estarían utilizando para justificar su «pureza de sangre» y no contaminación, ante el electorado de izquierdas.

Un arriesgado juego de las sillas donde Cs se juega demasiado. Quien mucho abarca, poco aprieta.