Chiquito de la Calzada en el gobierno

Tal vez habrá quien piense que no es hora ni momento de hacer chistes desde el gobierno. Tampoco desde la oposición ni de utilizar un artículo de prensa para eso mismo, pero están equivocados.

Según la portavoz y titular de Hacienda (haciéndose ministra), Marisú Montero, después de la tragedia ha llegado la ocasión de entrar en el club de la comedia y de ahí la simpática intervención y el desmesurado desparpajo del otro día, cuando proclamó que Sánchez está convencido de que “hay muchas cosas que nos unen, pero sobre todo el amor a España”…, justo cuando acababa de reunirse con los portavoces de Esquerra Republicana, PNV y Bildu. ¡Glups!

A ver, ¿cómo era aquello que dijo en la sesión de investidura en el Congreso la diputada de ERC Monserrat Bassa, hermana de la independentista en prisión Dolors Bassa?: “Me importa un comino la gobernabilidad de España”… Pues eso, coincidiendo con el desaparecido cómico catalufo Pepe Rubianes, el que proclamó que “La unidad de España me suda la polla por delante y por detrás. Que se metan a España en el puto culo a ver si les explota dentro y quedan los huevos colgado de un campanario”. No caben palabras más enamoradas…

Así se entiende bastante mejor qué clase de amor o lealtad le guardan Sánchez e Iglesias a nuestro país, tras haber prometido servir a España y guardar y hacer guardar la Constitución. Toca, me parece, acudir al diccionario para explicar a esta cohorte de abnegados que “guardar las leyes” no significa echarlas a un cajón bajo siete llaves ni encerrarlas en un armario cual si fuesen presos de la ETA, sino, antes bien, airearlas y ponerlas en aplicación con escrupuloso cumplimiento de lo establecido; es decir, “observar y cumplir aquello a lo que se está obligado”, “preservar algo del daño que le puede sobrevenir”, “tener cuidado de algo, vigilarlo y defenderlo”, “mantener, observar”… y así sucesivamente.

Pero Marisú Montero, con su pronunciación de “meviájasé un traje de flamenca”, se encuentra a un paso de convertirse en una imitadora más de su medio paisano Gregorio Sánchez, alias Chiquito de la Calzada (o de la Calzá), quien sostenía que había un señor muy listo que tenía lo menos “tres graduado escolar” y en una visita a Japón se pasó los días saludando al mismo individuo en la sospecha de que fuese otro porque todos tenían la misma cara.

Para Marisú, todos los que no sean del PSOE tienen también la misma cara, o sea, que son el enemigo pero a la vez son la misma cosa y tienen el mismo amor a España aunque se defequen en la puerta del Congreso y del Senado y en este arrumbamiento del lenguaje inteligible nos quedemos ciegos y sordos porque el idioma ya no sirve para comunicarse, sino para marear la perdiz y seguir abusando del Falcon y de La Mareta… “¡Tós por iguá, valientes!”

Digo que es difícil comprender cómo se pueden realizar afirmaciones tan absurdas y desacomplejadas sin que se te escape una carcajada o te estalle en los mofletes un rictus de mofa, una guasa, una rechifla, un recochineo. Hace falta estar muy entrenado o ser un profesional del humor para guardar la compostura y no reírte de tus propios chistes.

Todo en este gobierno es un dislate y yo le pediría al ministro de Universidades que mostrara en público un certificado médico de su presunta operación de espalda que acredite su absentismo absoluto en mitad de la catástrofe. Pero si el presidente se niega a explicar los embustes sobre su doctorado fantasma, ya me contarán qué podemos esperar del resto de su macrogabinete.

Al ministro de Ciencia, por ejemplo, yo le valoro mucho que sea uno de los pocos que todavía no ha logrado acostumbrarse a decir una majadería sin que se le escape la sombra de una carcajada y se delata cada vez que miente. Tiene la tendencia infantil de quien no ha aprendido a mentir con la profesionalidad de Ábalos, el cual, más que mentir, es que le importa tres coj… que lo pillen en un renuncio. Se la suda, vaya, como a Isabel Celáa, que se siente tan por encima de vosotros, “la clase más baja que la nuestra”, que nos trata como a idiotas, ella, tan de Neguri y de las buganvillas.

Luego están los que se creen sus chorradas y no le encuentran la gracia a lo que dicen, porque lo suyo es un desvío neuronal que les impide ser conscientes de su propia insustancia y se asombran mucho cuando descubren nuestro estupor o nuestras risotadas cuando se pronuncian. Es el caso de Carmen Calvo, de Irene Montero, de Yolanda Díaz o de Teresa Ribera, capaces de arrojarse a cualquier precipicio con la seriedad del burro sin el menor asomo de estar cayendo en el vacío. Ellas son la yihad del esperpento, la consumación del fanatismo, la soberbia idiotizada en estado puro. Pero cobran lo mismo que cualquier otro.

Nótese que para ser un verdadero especialista en este club de la comedia y sujetar la risa se necesita ser un cínico de cinco estrellas (que proviene del griego, kunos, kunou, que significa “perro) y ahí, en esa tabla, la maestría de Sánchez, Iglesias y de la arrojada Marisú Montero parecen inalcanzables…, aunque llorar de la risa no era esto.

He dicho.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *