Cementerio total

Hace un año refería desde este mismo portal las impresiones sentidas tras la Misa de Difuntos en el cementerio de Sevilla, en la mañana del 2 de noviembre. Por un lado, la sensación de agradecimiento ante una ceremonia tan hermosa y tan adecuada como asequible, abierta y rápida (duraba poco más de media hora- no daba tiempo ni a enfriarse y sí a apreciar, al aire libre, el despertar de la mañana…). Por otro, cierta tristeza al comprobar la escasa asistencia de fieles, la cantidad de sillas sobrantes, de las que se habían esmeradamente dispuesto a lo largo de la avenida principal y en los laterales del Cristo de las Mieles… “Ellos se lo pierden”, sí. Pero invitaba a reflexionar sobre el vaciamiento de sentido de todo; y que es muy fácil y muy socorrido el “criticar Halloween” y no hacer, ni haber hecho nunca nada, para mantener un rito propio…

Ahora estamos en el año de la pandemia. Los peores presentimientos se cumplen, y con creces. (“No te pongas en lo peor”, dice la corriente psicologizante que nos rodea. ¿Y cómo no, si la realidad luego supera a lo peor de lo temido?). Noticia reciente: decisión (no queda claro si es por autoridad civil o eclesiástica, ni indagarlo quiero) de… suspender este año la Misa de Difuntos del cementerio. La que era al aire libre, a las nueve de la mañana, sin elemento social, sólo devoto, sin entradas por invitación, y que duraba como máximo cuarenta minutos. Eso se suspende.

En la enorme, vacía y gélida explanada del cementerio, el grupito reunido en las cercanías del Cristo de las Mieles podía considerarse una reunión íntima. Si se trata de poner dos metros, o tres, o siete, entre silla y silla, podía hacerse perfectamente, sólo quitando las que otros años quedaban sobrantes; hasta menos trabajo sería. Si lo que escasea es el público, que cada año es menor y este seguro que hubiera dado un bajón… 

Pero se trata de suspender cosas. Sobre todo las que más sentido profundo tienen. La pandemia, o la que se ha montado con la excusa de la pandemia, ha generado, con celeridad asombrosa, una nueva mentalidad, un nuevo sentido de las palabras. La palabra “responsabilidad” ya podría definirse, en un diccionario actualizado, como sinónimo de “llevar mascarilla, salir lo mínimo y no acercarse a nadie”. No se emplea con ninguna otra acepción. La honradez, el estudio, el esfuerzo, la puntualidad, la sinceridad, nada tienen ya que ver con esa palabra.

En el ámbito eclesial- ¡y qué triste es decirlo, y qué doloroso el verlo!- “responsabilidad” significa una cosa y sólo una: es el suspender el mayor número de actos posible.

Que la misa del cementerio no supone riesgo alguno es de una obviedad tan palpable que ni me detendré a exponerlo. Creo que ni siquiera se pretende que su suspensión se deba a peligrosidad alguna. Es que el nuevo dogma es que “hay que ser responsable”. ¿Cómo se mide la “responsabilidad”? Suspendiendo actos. A mayor número de actos suspendidos, mejor se “queda”, más méritos se hacen. Incluso la propia y remodelada conciencia  (buena conciencia es haber sido responsable, ser responsable es suspender eventos) se queda satisfecha.

Puestos a prohibir la exigua asistencia de fieles de otros años, se podía haber celebrado la misa de todas maneras, allí bajo el Cristo de la Mieles, el Día de los Difuntos, ese día que hasta en novelas y tradiciones en el mundo occidental era todo un hito, y retransmitirla. Al menos, saber que se celebraba. Pero tampoco. Porque se ha interiorizado hasta el fondo del alma el espíritu de los tiempos, en que el primer mandamiento es “ser responsable” y “ser responsable” significa “suprimir”.

Recuerdo a una señora mayor, víctima de una depresión, a quien, por preguntarle algo, sabiendo que era persona devota, le pregunté al comienzo de la Cuaresma si “había ido a ponerse la ceniza”, y respondió: “¿Para qué me la voy a a poner si yo misma ya soy ceniza?”. En efecto, una persona tan hundida no necesitaba ese recordatorio. La pobre se expresó con involuntario gracejo.

Parodiándola, pues, pensemos en Sevilla, España, Occidente, año 2020. ¿Para qué vamos a ir al cementerio el día 2 a rezar por nuestros muertos, si ya estamos todos muertos, si esta vida, en la que todo se elimina, es ya un cementerio?




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