Castro y Sánchez unidos por la propaganda televisada

Puede que a esta hora Pedro Sánchez haya superado ya en nueve meses el número de horas de las alocuciones televisadas de Fidel Castro en sus casi 60 años de revolusssión.

Y ello, a pesar de que algunas de las apariciones públicas del “caballo” conllevaban discursos inagotables, amazónicos, un caudal insufrible de palabrería, de cinco, seis o más horas detrás de un atril contando sandeces, anécdotas, embustes y percutiendo como un martillo neumático los cerebros anonadados de su auditorio, llevados allí a punta de amenazas de la tropa del Minint y los CDR o con el señuelo de premio irrenunciable de un bocadillo de mortadela y una lata de refresco tropical.

No le sumen, si no quieren, la otra catarata de palabras que nos descargan por añadidura cada día los Illas, Simones y otros miembros del cuartel, como un torrencial bíblico e indesmayable que habría dejado perplejo al mismísimo Noé y empequeñecido el caudal del Congo y del Orinoco.

El tirano caribeño padecía de insomnio y tenía por costumbre dormir de día, a salto de mata, como si estuviera en un comando agreste de Sierra Maestra, así que sus diatribas fenomenales podían alargarse hasta muy allá en la madrugada, tanto si eran televisadas como si no, porque a menudo citaba a su despacho de improviso y en mitad de la noche, después de varios días de espera para ser recibidos, a diplomáticos, a jefes de gobierno o de Estado, a su antojo y capricho.

En ocasiones, de repente, ordenaba despertar a todos los miembros de la selección nacional de baloncesto en medio de la madrugada sólo porque a esa hora se le habían encorajinado las ganas de echar unas canastas en la cancha privada de su residencia oficial. Y se daba el gusto.

Sánchez, quizá, aún no ha descubierto tamaña faceta de su caprichosería egotista descomunal. O no la ha redirigido hacia la canasta, porque actúa de forma parecida con el Falcon y con las residencias de Patrimonio Nacional, que son sus debilidades más conocidas, pero cualquier día interrumpe una sesión en el Congreso y convoca de urgencia a Ricky Rubio, a Epi y a Corbalán para marcarse unos bloqueos y unos triples a mayor gloria de su arbitrariedad.

En este manoseo de la propaganda atroz, a Sánchez le acompañan los tiempos que vivimos, porque lo que ocurre en FB y en ‘er Tuite’ es ya fantasmagórico…

Ambas compañías han articulado todo un sistema de condicionamiento de la red, de modo que si consultas un tuit ya sea de Donald Trump o de cualquier desconocido y quieres marcar un like o compartir, la red te abre una pestaña que te oferta primero revisar otras fuentes y entonces te descarga un cubo de noticias en el sentido inverso de lo que allí se dice, incluso con informaciones que no tienen nada que ver pero que van en contra de lo que mirabas.

Asimismo, una vez hecho eso y si deseas seguir marcando el like o compartir, se te abre otra pestaña donde te dan las gracias por consultar esas otras presuntas ‘fuentes’ y a continuación te despliega otra serie de advertencias y recomendaciones insufribles, lo que equivale al modelo de la hipertrofia de la burocracia comunista que termina por dejarte exhausto en el intento de darle visibilidad a una simple información que en la mayoría de los casos sólo contiene datos y hechos y no un texto de propaganda lleno de vejaciones y desconsideraciones valorativas hacia el candidato republicano, si es el caso, que es lo que ocurre en casi todas las publicaciones al respecto en medios como NYT, CNN, Lo País y tantos más de los medios nacionales o internacionales… Una verdadera atrocidad.

La neutralidad tecnológica, de la red y de los sistemas, fue una vieja aspiración desde los años 90 que preocupaba a los expertos al comienzo, pero ya ha desaparecido por completo de Internet a pesar de la batalla de activistas (‘piratas’ se les llamaba entonces) y de las autoridades de casi todos los países civilizados, que trataron de exigir durante un tiempo a base de multas inmensas anti-trust y anti-monopolio pero que apenas ni rozaban la epidermis de gigantes como Google y ahora de FB o Twitter, encantados de pagar una condena pecuniaria minúscula en comparación con sus ganancias a cambio de convertirse en la Santa Inquisición del mundo ‘libre’. Un asco.

Y eso sin mencionar las jugarretas que nos hace la herramienta Analytics de Google a los pequeños y medianos medios que estamos inscritos y acreditados como tales en la red para que nos sumerjan en sus motores de búsqueda.

A cada subida mensual que acreditamos en número de seguidores y de consultas, la herramienta se descuelga con una traba nueva o un castigo de invisibilización que te obliga a recorrer una selva de tropiezos y dificultades y que frena tus impulsos de crecimiento antes de reemprender el camino evidente de incrementar tu presencia e interés entre los lectores.

No me hablen del azar ni de casualidades, porque en este mundo nuevo del paradigma chino y de los ordenadores, hasta los ganadores de las elecciones se programan en una máquina de Indra, de Dominion, de Smartmatic o de Scytl, que son, como el Dios de de Bergoglio, Uno y Trino, pero con uno más…, la Tetradivinidad que dirige nuestros destinos de súbditos mortales, sometidos a la propaganda de los nuevos dioses de una democracia disfrazada tras las mascarillas de la auténtica pandemia que nos azota.

He dicho.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *