Casado y los axiomas del liberalismo 

A Rajoy le faltó en más de una ocasión dar un puñetazo sobre la mesa. Un político de raza no puede confundir “hacer política” con “enredar y enredar para no llegar a ningún sitio”, y esto es lo que le pasó a Rajoy. Dicho de otro modo, le metían goles por la escuadra -no sé si queriendo o sin querer- pero nada cambiaba sobre el terreno de juego. Dejando a salvo su eficaz gestión económica que sacó a España del cenagal donde la metió Zapatero, la corrupción y el independentismo se lo llevaron por delante y, con él, las expectativas halagüeñas de un país -el nuestro- con extraordinarias posibilidades. 

La cuestión no es que Rajoy no está sino que las consecuencias de su manera de hacer política, se quedaron. Los axiomas del liberalismo están claros: respetar el orden, trabajar con orden y defender la libertad dentro del orden. Rajoy se saltó algunos y sus ministros, también. No he visto nunca en la política de nuestro país un ministro tan patético como el del interior entonces, en lo tocante al intolerable referéndum del 1 de octubre de 2017. 

Pero regresemos al presente. El liberalismo español está en manos de Casado y Casado en manos -otra vez- de la corrupción. No me refiero a la suya sino a la que “permitió” Rajoy. De entrada, sigo echando de menos lo mismo que le faltó al gallego, dar un puñetazo en la mesa. Las declaraciones hechas por Pablo Casado imitan al pie de la letra una forma de hacer política que si a Rajoy lo llevaron fuera de la Moncloa, a él le impedirán entrar en ella. Cuestión ésta, por otro lado, que a muchos, al menos a mí, nos resbala, pero lo que no me da igual es que el traidor Sánchez y el tardo comunista Iglesias, independentistas, herederos de terroristas, “recogedores de nueces” debajo del árbol y uno que pasaba por Teruel y otro por Cantabria y un huido a Bélgica, sigan con la sartén por el mango dando sartenazos a todo lo que ordenadamente se menea. 

Presunción de inocencia, yo no estaba, respeto las decisiones judiciales, campaña orquestada de desestabilización del PP y otras memeces, no son axiomas del liberalismo sino la manera de hacer política de los que no tienen ideas poderosas y valientes para hacer otra cosa que no sea enredar y enredar para no llegar a ningún sitio. 

Pero claro, un líder que quiera hacer valer los fundamentos de la libertad como instrumento del desarrollo y la justicia social de un país como España tiene que tener algo más que tuvo Rajoy, como ya vimos, y algo más de lo que ha demostrado Casado hasta ahora, como estamos viendo. Y de este hipotético plus del que estamos hablando, el líder que sea debe tener ración doble, porque no solo hay hediondas cloacas -usando terminología parroquiana de Iglesias- en el pasado del PP sino, y sobre todo, en el presente del gobierno que nos lleva al abismo. 

Pablo Casado, el hombre, por ahora, de los axiomas políticos en blanco, debe dar ya el puñetazo sobre la mesa, sin entretenerse en cómo de fuerte ha de darlo ni en qué mesa debe hacerlo. Simplemente que lo de, con todas las consecuencias. Para ello -Dios me libre de tentaciones pretenciosas- debe empuñar dos cosas: la Constitución, una pinza de la ropa y una escoba. <<Entonces son tres, no dos>>. Bueno, pues tres. 

Supongo que sabrá para qué. Los axiomas no despiden olor pero los ámbitos donde han de aplicarse, sí. Por eso lo de la pinza en la nariz. 




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