Carta abierta a Toni Cantó

Querido Toni

No creo que lo recuerdes Toni, o puede sí. Pero hoy me siento en la obligación -y el derecho- moral de recordarlo. Yo estuve aquel fatídico día 25 de febrero de 2013 en el Congreso de los Diputados, formando parte del pequeño grupo de personas que fuimos a verte con la esperanza de que al menos un diputado nos escuchara. Lo hicimos porque el programa de UPyD era el único que proponía la derogación de la Ley de Violencia de Género de 2004, una ley que ya había mostrado el nivel de perversión que llevaba implícita su puesta en vigor. Ese programa instaba a la derogación de dicha ley porque “atenta contra el principio de igualdad al basarse en la asimetría penal y la desigualdad de trato en el ámbito judicial, dando lugar a una aplicación desmedida e injusta para miles de hombres.” Yo fui al Congreso ese día en nombre de la Plataforma Ciudadana por la Igualdad Real, y de la mano de mi querida Inmaculada Ocaña, que entonces presidía FEDERGEN; una asociación que daba voz en el desierto a muchos damnificados por las normas de género, gestadas durante el mandato de Zapatero, y sostenidas de forma unánime por el resto de partidos políticos. Hasta que llegó UPyD al Congreso, con su promesa de regeneración.

Fue un rayo de esperanza aquella reunión. Coincidíamos contigo en lo esencial, y nos explicaste tu soledad como único varón no feminista portavoz en la Comisión de Igualdad del Congreso, tomada por el feminismo radical de los demás partidos. Incluso nos contaste un desagradable episodio personal que habías sufrido justo el día anterior, en relación a tus hijos, y que te había indignado, pude leer aquella indignación -indignación ante la injusticia- en tus ojos aquella mañana en el Congreso. Cuando regresábamos a Sevilla en el AVE ya había saltado la polémica por tus tweets.  Escribiste obviedades como que “la mayor parte de las denuncias de violencia de género son falsas y los fiscales no las persiguen” o que “las estadísticas -oficiales- están sesgadas”, o que “un tercio de las muertes por violencia doméstica en España son varones”; o que la mayoría de los suicidios son masculinos, y mayoritariamente de varones en procesos de separación. Suficiente número de desafíos contra el relato oficial como para que todos y cada uno de los partidos del arco parlamentario pidieran ese mismo día 25 de febrero tu dimisión. ¿Puede concebirse mayor éxito para un partido incipiente que viene a regenerar la política? Tuviste además un apoyo masivo de los internautas, basta repasar los comentarios a los artículos de prensa de aquellos días. Pero ay, Toni, tardaste solo cinco horas en pedir perdón públicamente por decir la verdad. “Pido disculpas. Me he equivocado al dar por contrastados unos datos de FEDERGEN sobre un tema tan grave como la violencia de género.” Lo hiciste sabiendo que ni siquiera se contabilizan todos los varones muertos en pareja y ex pareja; sabiendo que el INE había suprimido intencionadamente el criterio “estado civil” de las estadísticas de suicidios; sabiendo que más del 80% de estas denuncias se archivan o son sobreseídas, y ello a pesar de la inversión de la carga de la prueba que rige en materia de violencia de género. Sabiendo que solo defendías el programa de tu partido. Que solo defendías la Constitución. Pero creo que ni un millón de razones te hubieran bastado entonces para defender la verdad, porque era una verdad poco conveniente, debiste pensar cuando se te echaron encima. Eso debió ser todo. El espejismo Toni Cantó se había disipado.

Luego, cuando aquel barco de UPyD ya se hundía, te pasaste al flamante navío naranja de Albert Rivera, que también llevaba en su bandera la “derogación de la asimetría penal por cuestión de sexo”. Fíjate que habíamos sido Inmaculada Ocaña y yo mismo quienes, en interminables reuniones en la sede de Ciudadanos del Parlamento Catalán, y con el apoyo del parlamentario responsable de programas, Antonio Espinosa, forzamos la inclusión de aquella frase contra la asimetría penal en el primer programa electoral de Ciudadanos a unas generales. Quién sabe si aquellos polémicos tweets tuyos de 2013, negados tres y más veces, fueron los que te abrieron la puerta del nuevo proyecto regenerador de España que parecía encarnar Albert Rivera. Pero, ay, antes de la repetición de las elecciones generales de 2015 Rivera también sucumbió a la presión mediática del feminismo, y borró de un plumazo de su programa electoral la idea de eliminar la asimetría penal por cuestión de sexo, que tanto esfuerzo personal nos había costado a algunos. Una cosa tienes en común con Rivera, Toni, y es que, aunque os atrevisteis a decir la verdad, fuisteis incapaces de defenderla. Lo que demuestra que no era la verdad lo que os importaba. Y esto, en mi opinión, os define como políticos. E incluso más allá. Y así, por el camino se fueron cayendo todas las demás ideas regeneracionistas que propiciaron en nacimiento del partido naranja. Y Ciudadanos pasó a formar parte del “consenso progre”, que no es más que el establishment político, hasta su actual y lógica desintegración.

Ahora que el barco, de nuevo, se hunde, en vez de volver al teatro, vas a seguir en política, dices. Yo lo único que no acierto a comprender de todo esto es qué le puede aportar un perfil como el tuyo a Isabel Díaz Ayuso en la épica batalla por Madrid. Porque es posible que muchos votantes defraudados del partido naranja, que ahora votarían encantados a Ayuso, dejen de hacerlo por la sencilla razón de no tener que votarte a ti de nuevo. Ni Roma ni Madrid deberían pagar traidores, y no me refiero a los que traicionan a los partidos políticos, sino a aquellos que traicionan, sin despeinarse, los principios que ellos mismos esgrimieron para auparse al poder. En este caso, Toni, principios básicos de nuestra querida, y ajada, Constitución española de 1978. Como quiero pensar que tu precipitado fichaje ha sido una imposición a Díaz Ayuso, espero que ella asegure -a pesar de todo- un gobierno decente en Madrid. Y que corrija el error dejando que vuelvas, cuanto antes, a los escenarios de teatro, cuanto más lejos de la política española, mejor.




 

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