Carmen Calvo y su guerra de las galaxias

Carmen Calvo y placa conmemorativa de homenaje a los caídos en una calle de Nápoles.

 

Lo hizo, otra vez lo ha hecho… Cuando Carmen Calvo entra en Carmen Calvo no lo mejora nadie. Una vez pidió a la Unesco que se convirtiera en Darth Vader y legislara para todos los planetas. Ahora es ella, disfrazada de Princesa Leia, la que anuncia que “Vamos a prohibir todos los espacios donde se produzca el enaltecimiento de las dictaduras”.

Hemos de suponer que esta vez se refiere a todos los espacios del planeta Tierra y no ha querido incluir las extensiones tórridas de Mercurio y Venus, ni los mares congelados de Marte, ni los anillos de Saturno, ni las galaxias que bordean la Vía Láctea. Pero, aun así, ¿acaso se prohíben los espacios?

No, lo que Carmen Calvo puede pretender prohibir es el enaltecimiento de las dictaduras, así como está prohibido el enaltecimiento del terrorismo, pero los espacios seguirán existiendo, muy a su pesar, porque Belchite, Toledo (con su Alcázar), Bilbao o el frente de Guadalajara o el del Ebro seguirán estando allí después de siete vidas, por más que ordenes un zafarrancho de limpiadoras a limpiar los signos del recuerdo o a quitar las placas conmemorativas de los caídos por la patria de todos los bandos.

Pero es que, además, no es cierto que vaya a prohibir los lugares donde se enaltece a las dictaduras, porque es fácil adivinar que la vicepresidenta no está pensando cuando dice eso, cerrar los Consulados de Cuba o de Marruecos ni la Embajada de Venezuela.

Si nos acogemos con benevolencia a la interpretación más suave de sus palabras, lo que la Calvo podría prohibir entonces es la T-4 y su sala VIP, donde se le rindieron honores a la narcodelincuente caribeña Delcy Rodríguez, acompañada de su séquito de maletas, con la intervención de varios ministros del Reino de España y un plantel de policías y guardias civiles prestándole escolta. Tal vez así logremos que algún día el aeropuerto de Barajas/Adolfo Suárez no sea el coladero de contagiados por el covid19 que tanto le gusta al gobierno de Pedro Sánchez mientras el marrón se lo coma la presidenta Isabel Díaz Ayuso.

Claro que, tratándose de Carmen Calvo, lo mismo su pretensión prohibicionista alcanza más allá de nuestras fronteras y tiene como objetivo prohibir el mausoleo de Lenin de la Plaza Roja, la de Tiananmén en China, o el monumento al Ché Guevara en Santiago de Cuba y hasta la granjita Siboney. Puestos a pensar, lo mismo le da por retirar las subvenciones a la reconstrucción de los castillos feudales de España o piensa prohibir el Monasterio del Escorial desde donde se gobernaba medio mundo.

En Italia también tiene para prohibir un rato largo, desde el Coliseo de Roma al Palacio de Victor Manuel II, así como todas las placas que lucen en plena calle en Nápoles en honor de los caídos, y luego se puede dirigir a las autoridades egipcias para que prohíban las pirámides de Egipto y la prohibición alcance hasta los templos y palacios de Mesopotamia.

No sé si su demenciada forma de tratar la Historia abarcará a Corea del Norte, pero es casi seguro que incluirá La Meca, donde la vicepresidenta pensará enviar todas las retroexcavadoras de Florentino Pérez para que dejen el lugar como un solar en el que promoverá que se erija un obelisco fenomenal, símbolo fálico desde la Antigüedad, que recuerde el opresor sistema heteropatriarcal que durante catorce siglos promovió el Islam.

Y ya puestos a limpiar de escombros dictatoriales el suelo español, estoy convencido de que la vicepresidenta arrasará todas las mezquitas, dado que el Islam, como tengo dicho hasta el hartazgo, es, antes que una religión y además de una religión, un modelo de organización social que rige la vida social y hasta privada de sus individuos, un sistema político invasivo e insoportable que regula todos los rincones de la acción y el pensamiento de sus miembros y donde se venera lo mismo a Dios que al califa o al emir de turno. Si quiere ver el enaltecimiento de una dictadura, puede pasarse cuando quiera por la mezquita de Ramala. Seguro que sus gritos de protesta alcanzarían muy pronto, por mediación de los santos arcángeles, al cielo.

Tampoco sé si en el majín de la vicepresidenta entra la intención de prohibir todo signo de enaltecimiento de la horda roja republicana, pero me temo que no, porque su sectarismo le impide comprender que la II República fue en su mayor parte un ensayo para implantar una dictadura bolchevique, cuyo único desacuerdo entre las izquierdas era averiguar si la dirigiría alguien del Partido Comunista o alguien del PSOE y sus asimilados.

Puestos a prohibir “espacios” donde se enaltecen las dictaduras, Carmen Calvo debería estar atenta a los próximos mítines de Unidas Podemos y sus satélites, y no perder de vista los lugares donde Adriana Lastra y sus mesnadas levantan el puño y cierran con sus himnos a favor de la dictadura del proletariado. Aunque sobre Adriana Lastra bastaría con prohibirle las botitas de ante con pelos y la chaqueta vaquera, por atentado contra el buen gusto.

He dicho.




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