Caperucita somos todos

El zurdismo patrio, tan inescrupuloso y falto de rigor con la verdad como lo necesita para su constante demagogia, reclama el apoyo de todo el arco político pero sin escuchar a nadie.

Es decir, lo que busca son corresponsables de su fracaso, no corresponsales de la realidad que vive cada comunidad autónoma para afrontar la desescalada y ni siquiera de la aportación de ideas que pudieran ser útiles al propósito de la salud y de la economía de los ciudadanos.

Por eso apela desde el primer día a que la oposición le preste su respaldo a cualquier cosa que se les ocurra y deje las críticas y las exigencias de culpables para luego. Aunque luego es nunca, claro, porque el futuro jamás llega y esto va en el nombre de las cosas: el día que el futuro se haga presente sólo será en el fin del mundo.

Y el fin del mundo está cerca… para los cientos de miles de empresas abocadas al cierre definitivo y para millones de desempleados irrevocables a los que la ministra repollo oculta bajo la alfombra de un ERTE. Es decir, la nueva normalidad.

No se conoce un sólo caso en la Historia de un país que haya logrado la prosperidad desde el aislamiento. Ni siquiera Franco, con su autarquía y pleno mando en plaza, consiguió sacar a España de su larga enfermedad de la posguerra hasta que Eisenhower paseó su sonrisa descapotable por la Castellana.

La autarquía que pretenden Sánchez e Iglesias conlleva necesariamente que el 95% de los españoles no puedan dormir tranquilos, único pronóstico certero que se le conoce al Lebron James de la Moncloa. Y luego se desdijo. Pero al paso que va esto, los españoles no sólo no dormirán tranquilos, sino ni siquiera cenados.

Al sanchicomunismo no lo tragan en Europa y cualquier aportación que venga de la UE llegará con cepos para que el conejo no se les escape, cosa que sabemos con total certeza desde los experimentos gaseosos de Tsipras y Varoufakis.

El señor Trump, por su parte, nos tiene (hasta con pruebas de la DEA de por medio) por una terminal chavista a este lado del Atlántico, que es la prolongación castrista de la ruina y la miseria, así que cuando se trata de construir fragatas y corbetas, el pedido acaba en manos de los italianos desde que ZP se quedó sentado al paso de la bandera de las barras y las estrellas.

De China sólo nos llegan virus y ‘rollitos’ de primavera, que son los diferentes modos de mentir al pueblo. Pero en esto Sánchez e Iglesias son masters del Universo y potencia mundial cum laude, o sea, que no necesitan asesoramiento. Les basta con un plasma y los guiones de Iván Redondo y la voz de Miguel Ángel Oliver dando paso a las preguntas de La Tribuna de Alcaudete.

La economía española es en estos momentos una entelequia, no existe ni en los trazos imaginarios de la ministra Calviño, que ha llevado a Bruselas el cuento de Caperucita (“roja”, por supuesto), a ver si cuela.

Y es que este Gobierno de la ideología extrema y del embuste quiso repartir en cuatro ministerios, cuando ya la epidemia nos roía los talones, lo único que importa, que es la economía.

Hay un Ministerio de Economía (la normal) para Calviño; otro de Hacienda, separado, el de la chiquiministra, como si la marcha de la economía real y la recaudación fuesen cada una por su lado; uno más, de Empleo y Economía Social (sic), el de la ministra repollo, pensado para las dadivosas ocurrencias peronistas de Iglesias y los suyos; además de un Ministerio llamado de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, el de Escrivá, que sólo en pensiones y subsidios agujerea como un queso de Gruyère el presupuesto de cualquier Estado.

Con ese troceado, más el espolvoreo de los Ministerios de Ciencia, de Cultura, de Educación y de Universidades, cada uno a su bola, esto no tiene arreglo. Añádanle a la sopa un Ministerio de Igualdad que pronto no tendrá ningún sentido, cuando nos igualen, a todos los demás que no sean ellas, en la ruina y en las cartillas con los cupones del desabastecimiento.

El estado de alarma no es ya por el virus, que se recoge constitucionalmente y para el cual se reclama el concurso de la oposición, sino el que genera este Gobierno con su incompetencia. Y este estado de alarma no nos lo levanta nadie.

En este cuento, el Gobierno, que es el lobo, se ha comido a los abuelos que se ha llevado el virus. Ahora va a por la Caperucita, que somos todos.

He dicho.




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