Cambio climático en el paso de “Despeñapedros”

El cambio climático era esto…, un tsunami de votantes del PP que los deja tiesos y pegados contra la pared.

Sin ánimo de herir lo digo…, pero C’s es ahora un ectoplasma que sólo le divide un puñado de votos al PP igual que en tiempos de Rivera les metió un zarpazo. C’s era una anomalía de aquellos tiempos convulsos contra el bipartidismo, producto de una gran confusión que durante un tiempo hizo creer a la mayoría de sus votantes, procedentes del PP, que era una especie de PP por estrenar y a los menos, procedentes del PSOE, que era un socialismo con bajada de impuestos y sin corruptos ni régimen.

Dije, y lo repito desde entonces, que la dirigencia de C’s estaba disgustada con sus votantes porque enseguida percibieron que no coincidía con ellos. Pero fue peor aún cuando enseguida los votantes detectaron que eran ellos los que no estaban de acuerdo con los dirigentes. Y se largaron con su voto a otro lugar. La batalla cultural la abandonaron.

La lectura que hicieron Arrimadas (y Marín) tras la debacle de Rivera reincidía en el error de virar hacia el pasteleo con el PSOE con la excusa de un equidistante bisagrismo, pero se hicieron el harakiri cuando quisieron derribar por la espalda a dos gobiernos regionales en los que gobernaban con el PP.

Juan Marín es el soldado Ryan de esta historia, porque se mantuvo firme y no entró en el disparate de desestabilizar al Gobierno andaluz, pero cae víctima de la disparatada torrija que anida en su partido desde que Rivera facilitó la llegada de Sánchez al poder pensando que el PNV no ejecutaría la traición final que permitió el arribo de la tropelía sanchista. En el ánimo de Moreno Bonilla está devolverle de algún modo a Marín la lealtad prestada. No me extraña.

El PP ha apabullado de manera histórica y ahora le pueden cambiar el nombre al desfiladero entre Jaén y La Mancha por el de “Despeñapedros” (leído en TT). La intensa e inmensa victoria del PP en Andalucía está construida, en primer lugar, sobre el hartazgo y la depravación de un Sánchez absolutamente delirante, como un rey omnímodo y loco o como el patriarca otoñal de García Márquez que ordenaba desecar océanos para encontrar galeones hundidos, en este caso todo financiado por las masas de tesoros que envía la UE. Por ahora.

Pero permítanme también que diga que el talante sereno, prudente y “extremadamente moderado” (perdón por la paradoja) que ha querido trasladar Moreno Bonilla no habría sido posible sin la contraparte de una tarea ingente, mucho menos apaciguadora, de alcaldes y concejales por toda Andalucía que tienen que lidiar cada día contra las huestes de una izquierda cada vez más sectaria, soberbia y caprichosa: la superioridad moral del progre.

Sin todos ellos, la propuesta de Moreno Bonilla quizás habría resultado a los de a pie demasiado blanda o descafeínada. Basta mirar los vuelcos producidos en numerosos pueblos, incluidos Dos Hermanas o Cumbres Mayores, para comprobar que “no sólo de serenidad vive el hombre” y que al votante le sirve la serenidad si le llega con el aditamento de la firmeza que han puesto esos concejales y gente del partido para engrandecer la victoria de Moreno Bonilla. Mejor que no lo olviden.

Dicho de otro modo, Moreno Bonilla no puede creer de verdad que esa masa enorme de votantes desea olvidar o dejar sin correctivo a quienes siguen aupados en sus sillas gracias al régimen perverso de estómagos agradecidos que durante casi 40 años implantó el PSOE. No pretenden terremotos ni venganzas colosales, pero los votantes no se conformarán con encogerse de hombros y hacer como que aquí no pasa nada. En plata: “Lady Guorlperfe”, aunque no la nombren (y mucha gente lo sabe) sigue cobrando mes a mes su nómina… mientras los demás se levantan cada mañana buscando un trabajo o para pagar su cuota de autónomo.

Macarena Olona no ha triunfado, pero no hay fracaso suyo, sino de su partido, que se ha desprendido de un espléndido ariete de combate en el Congreso y se sentirá francamente incómoda si su único propósito es espolear durante cuatro años a un Gobierno con mayoría absoluta con el que coincide en tantas cosas y con el que pactó la investidura anterior.

Sonará impostada, como le ha sucedido en toda la campaña, a pesar de que reúne un atractivo personal y una preparación difíciles de mejorar en una candidata. No la encontrarán mejor, me temo, o será difícil. Pero Vox tenía que pagar errores cometidos desde que laminó a Serrano y luego a Alejandro Hernández para luego dejar correr el tiempo en exceso hasta nominar de última hora a una candidata que no ha logrado quitarse de encima cierto sello de “paracaidista advenediza”, redentora de la Andalucía de la que se apropiaron los sociatas.

Imagino que algo parecido ocurriría cada vez que, nombrado desde El Escorial, llegaba un nuevo gobernador a la provincia del Perú o de Nueva España. Una elección ilustrada (“para el pueblo pero sin el pueblo”) enviada al virreinato andaluz, que ni siquiera se molestaron en arropar con el disimulo de que la reclamaba el electorado. El Marqués de Esquilache, uno de los más señeros gobernantes que haya tenido España, se sintió defraudado cuando la plebe no entendía que sus decisiones estaban guiadas para procurar el bien de los ciudadanos. Acabó sus días en Venecia.

Y la izquierda…

No hay ningún propósito de enmienda. La autocrítica brilla por su ausencia y sostengo que hasta que el PSOE no renuncie a ZP (y ahora a Sánchez), a sus pompas y a sus obras, no levantarán cabeza. No lo harán. Viven en el espejismo cierto del Falcon y en su manera despótica de ejercer el poder, aunque se trate de un poder arrinconado, capitidisminuido y obsecuente, sometido a los caprichos y delirios de sus pactos vergonzantes con agentes del golpismo, del comunismo más rancio y del filoterrorismo. A gente como Simancas o el propio Sánchez les vale con ejercer el poder… hasta que se les acabe.

Espadas culpa a los votantes, que no se movilizaron en la cuantía que deseaba, pero no dedica una sola palabra a explicar por qué no fueron a votar (otros muchos de los suyos sí lo hicieron, pero no a él, sino a Moreno Bonilla), a sabiendas de que ha tenido que esconder todo lo que ha podido al mismo Pedro Sánchez y rezaba cada noche para que ningún ministro viniera a ‘ayudarle’ en la campaña. Y añado que fuera de Sevilla su mejor activo era que resultaba poco conocido, porque si en Málaga, en Huelva, en Jaén o en Almería lo hubieran padecido como alcalde, tal vez habría sido aún peor.

El batacazo resulta colosal y una candidata tan “quidam” como Susana Díaz obtuvo tres diputados más…, bien es cierto que por entonces Pedro Sánchez aún no había emprendido su deriva de asesinar a la democracia. No se obstinen en comprenderlo, pero a mí me alarma que en esta situación todavía saquen 30 diputados y sólo pierdan casi 600.000 votos (casi 1,5 millones si se compara con los resultados del PSOE en las últimas generales).

Lo de la ultra izquierda resulta ya un desquicie, onanismo puro que explicaría lo del adoctrinamiento masturbatorio en las aulas, porque para Teresa “Salvochea” su objetivo era, dice ahora, que Vox no entrase en el Gobierno…, cosa de la que se han encargado sin ayuda Moreno Bonilla y su electorado. Son un chiste jugando a construir un delirio presuntamente andalucista con los recortables de Pepi Mayo en la mesa de la salita del Kichi y su señora… Y encima, el cambio climático les traiciona la jornada electoral con 27 grados Celsius. No somos nadie.

La candidata comunista de Podemos, Inma Nieto, se queja al mismo tiempo de que si las dos hubieran ido juntas habrían… ¡empeorado los resultados de las anteriores elecciones!. Pero les da igual el argumento, porque llega al dislate de que a Teresa Salvochea la expulsó ella misma del Grupo Parlamentario y entonces la autocrítica se les convierte en el ensimismamiento de la superioridad moral del progre que les permite hablar de “mayoría social” cuando entre el PP y Vox suman 72 diputados, algo que supera incluso las mayorías cualificadas más exigentes de tres quintos y dos tercios. O sea, no son nada, pero hablan como si ocuparan el triángulo divino en el pantócrator .

He dicho.




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