Una vez me compré un Vucci, con V, tamaño “tote”. Metí dentro el Mac y me lo colgué, y se rajó el Vucci. Y se rajó el Mac. Me salió el fusilaje a precio de triple original.

La semana pasada acudí de consorte de Kuki (a ella le gusta que me llame así a mí misma), a una presentación de una colección de bolsos en el hotel con nombre de rey, de rey Alfonso; que no puede ser más bonito y más elegante pero un desastre con las pastas de té que te ponen en el ídem, ¡que se las dejan poner “manías”!

Bueno, pues como es de aristócratas el ser madrinas y padrinos de marcas de moda, sobre todo si es por una buena causa, pues allí había una presentación. En este caso la causa era aprovechar retales sobrantes de otros tapizados, bordados, cortinajes, de una calidad exquisita, para elaborar bolsos con esos parches. Pero como son españoles, de las islas pitiusas que tan de moda siguen, de pedacitos de tela de casas de aristócratas en los que ellos mismos apoyan sus lindas posaderas o se cubren de los rayos de sol en sus salones, pues que, con todo eso son muy, muy, muy, poco baratos.


Hay otra causa, y es la de embolsarse el porcentaje correspondiente de las ventas por muy linajudo que seas. Y si de paso y coloco algo de lo mío aprovechando la coyuntura, pues mejor que mejor, ¡pero que conste que eso es absolutamente secundario! porque la alta sociedad es así.

Son bolsos de lujo, pero de lujo moderno, que viene a ser el que además de lo anterior, está hecho con materiales “sostenibles” y que por eso son más que el ordinario. Porque además tienen arreos de equitación usados (y por ende sudados) para completar los bolsos. Ahí es ná.

Había gente de todo tipo, de buen tipo, de tipazo. Las señoras haciéndose fotos con los modelos para la prensa social, los señores posando con sus americanas almidonadas… muy amable todo. Aunque hecho el retrato, casi todas coincidían en tener uno muy parecido a ese, o parecidísimo o casi igual pero que no lo usan, que se habrían comprado en algún viaje lejano o que alguien les habría regalado en acontecimientos importantes. Los bolsos, de vuelta a los estantes maravillosamente decorados donde reposaban.

Pero lo mejor es que ella llegó. La reina, la que siempre lo ilumina todo. Es especial, sencillísima, casi pasa desapercibida si no te fijas, pero suele darles sopas con hondas al resto si se lo propone, que es casi nunca. Acompañada del brazo derecho de alguien y del izquierdo de un bolso. Un bolso un poco…atípico, excesivo, desacostumbrado, algo casi en aquel lugar demodé. Un colorido, cuadro impresionista. Que por equivocación no era de la colección que se presentaba, ni siquiera de la misma casa y que además tenía un nombre en letras muy brillantes y muy grandes en un lado: MANET.

Los invitados se inquietaban. “¡Cómo es posible!, ¡Qué atrevimiento!”

Una de las embajadoras del evento entabló conversación con ella y se notaba que sabía bien de lo que hablaba haciendo alusiones al cuero que colgaba de su brazo.

Pero ¡OH! Se acercó la rubia, la que siempre lo sabe todo, la sal del huevo frito, la casada, recasada, malcasada, divorciada una y otra vez, pero que de todo saca tajada. Llegó haciendo aspavientos con las manos y dejando que la silicona de sus mejillas casi cerrara los ojos de tanto sonreir: “Holaaaaaaaaaa, qué taaaaaaaaal. ¡Estás fantástica! ¡Qué ideal es tu bolso! es una superpasada de bonito. Bueno, a decir verdad, en cuestión de bolsos, todo lo que hace MANET me encanta”

¡ZAS!

A Kuki le salió el gimlet por la nariz de sopetón, se puso a toser, dejó la copa en una mesa, me cogió del brazo y salimos apresuradamente. Kuki mientras se limpiaba con una servilleta de lino increpaba: “¡Si la escuchara Jeff (Koons), le sacaba el amoniaco de las mechas con la mirada!”

PD. Si no saben ustedes quienes son Jeff Koons o Manet, lo siento, pero no es que no sepan de moda, es que no saben de nada.